«No hay nada que no se pueda perdonar y no hay nadie que no merezca perdón».
Desmon Tutu
«Perdonar es liberar un prisionero y descubrir que el prisionero eras tú».
Lewis b. Smedes
«Perdonarnos a nosotros mismos nos proporcionará el equilibrio que tanto necesitamos, y perdonar a los demás nos liberará de la tensión y el desgaste que provoca el resentimiento».
María Jesús Álava Reyes
Perdonar
¿Quiénes de nosotros no nos hemos sentido alguna vez ofendidos, agraviados, heridos, maltratados, calumniados, avergonzados, ultrajados, humillados, insultados, despreciados, dañados de alguna manera por el comportamiento o las palabras de otra persona? Espero que tu lista no contenga muchos de estos adjetivos que acabo de utilizar para describir cómo se siente nuestro ego magullado.
Estas sensaciones con frecuencia originan heridas emocionales en tu interior con un daño más o menos intenso en función de cómo gestiones la situación. Algunas de ellas dejan tal huella en ti que perviven por largo tiempo en tu memoria, incluso décadas, y causan dolor cada vez que las recuerdas, ya que la vehemencia de la energía que suscitan desencadena sentimientos muy virulentos, como odio, rencor, ira, resentimiento, amargura, enfado y tristeza; sentimientos con los que parece que restauras tu dignidad perdida.
Como voluntario del Teléfono de la Esperanza con frecuencia atiendo llamadas de personas que se han quedado ancladas en el pasado como resultado de alguna experiencia que han vivido de manera traumática, cuestiones que casi siempre tienen que ver con el trato recibido de otras personas y que les imposibilita seguir adelante con sus vidas. A menudo, la rabia es el sentimiento dominante que les impide perdonar y pasar página. Años después siguen reviviendo esa situación que les paraliza e incapacita para una existencia «normal».
¿Te pasa algo así a ti también? ¿Sigues atrapado en alguna situación del pasado que viviste como una afrenta y no has sido capaz de resolverla y paliar sus consecuencias tóxicas en tu mente y tus emociones?
Como muchos de vosotros, yo también me sentía así. Hasta que me di cuenta de que esa rabia acumulada no me hacía ningún bien y que se estaba cronificando, estaba afectando a mi carácter y limitando mi vida. Seguro que habría alguna otra opción ante el dolor y el deseo de pagar con la misma moneda las afrentas. En la búsqueda de una solución llegué a las siguientes conclusiones:
- ¿Quién está libre de cometer errores? Nadie es perfecto y seguro que yo también he perjudicado a alguien en alguna ocasión. A lo mejor yo hubiera hecho lo mismo en su situación.
- Lo pasado, pasado está y no puedo hacer nada para cambiar lo ocurrido, pero sí puedo cambiar algo en mi interior y soltar para dejar de sufrir.
- Estoy poniendo mi felicidad en manos de las personas hacia las que siento rencor, y decidí recuperar el control de mis sentimientos; yo soy el único responsable de cómo me siento. Yo elijo.
- ¿Cómo cambiaría mi vida si me viera libre de esos sentimientos tóxicos hacia otras personas? Sin esa rabia y rencor que acumulaba podría dejar de sentir enfado, impotencia, desilusión, inseguridad, tristeza o miedo y una cierta actitud de victimismo. Pues no está nada mal soltar ese lastre.
- Empecé a revisar y a hacer balance de las situaciones por las que me sentía mal debido a «supuestas» ofensas de otras personas: despidos laborales, rupturas sentimentales, rechazo o desavenencias con amigos, desencuentros con mis padres, expectativas no cumplidas por las que me sentí decepcionado…Para ello me ayudó el distanciarme emocionalmente e interpretarlas como oportunidades de mejora y crecimiento en las que esas personas, que pensaba que me habían atacado, rechazado, perjudicado, no eran más que los actores necesarios para que la escena tuviera lugar. Me centré en ver cómo había reaccionado yo ante esas situaciones en vez de culpar de ellas a los actores que intervinieron. Además, me sirvió para darme cuenta de que las lecciones que no había aprendido se volvían a repetir en mi vida, al igual que en la universidad tenía que examinarme en la convocatoria de septiembre de las asignaturas que no había aprobado en junio.
- Prefiero ser feliz a tener la razón. Me trago mi orgullo y sigo adelante. Merece la pena pagar ese precio para estar en paz conmigo.
Y decidí perdonar.
Fue una gran liberación, un alivio emocional y mental que me permitió continuar avanzando al haberme librado del peso de una pelea interna que me desgastaba y drenaba mis energías. En algunos casos supuso un enorme desafío, no fue fácil y me llevó algún tiempo conseguirlo, y eso que eran «temas menores» comparados con situaciones verdaderamente dramáticas que leí en los libros de Desmon Tutu y del Dalai Lama que tratan del perdón (El Libro del perdón y El arte de saber perdonar, respectivamente), como por ejemplo violaciones y asesinatos de familiares. Aún en mi estado actual de crecimiento no sé si sería capaz de perdonar si sufriera algo tan extremo.
El perdón no significa que justifique o apruebe lo que se hizo, o que no tome medidas para cambiar las cosas, para proteger mis derechos en la actualidad o en el futuro. No se trata de dejar que me pisoteen ni de fingir que todo va bien ni de negar y reprimir mis sentimientos. Para perdonar tampoco tengo por qué mantener la relación con esa persona, no es necesario reconciliarme, sale de mi vida y ya está.
El psicólogo Fred Luskin, profesor en el Instituto de Psicología Transpersonal en la Universidad de Stanford y fundador del Stanford Forgiveness Project, programa de investigación y enseñanza enfocado en el perdón interpersonal, expone que «el perdón reduce la depresión, aumenta el optimismo, disminuye la cólera, mejora la conexión espiritual e incrementa la seguridad emocional en uno mismo. Las personas más indulgentes reportan menos problemas mentales y de salud y menos síntomas físicos de estrés. El cúmulo de emociones negativas puede afectar el sistema nervioso, el cardiovascular y el inmune de personas poco tolerantes. No perdonar puede ser un factor de riesgo de afecciones cardiacas, presión alta y muchas otras enfermedades crónicas relacionadas con el estrés. Quienes se aferran al rencor y la ira presentan mayor riesgo de ansiedad, depresión e insomnio y tienen más probabilidades de sufrir presión alta, úlceras, migrañas, dolor de espalda, infartos y hasta cáncer».

Me gustaría compartir con vosotros algunas propuestas de reputadas autoridades para lograr perdonar.
Desmond Tutu, arzobispo anglicano en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), famoso por su lucha contra el apartheid y por ser galardonado en 1984 con el Premio Nobel de la Paz, planteó lo que denominó el Camino cuádruple para el perdón. Consta de cuatro pasos:
- Contar la historia. Contar tu historia te ayuda a integrar tus recuerdos y comenzar a recuperarte de tus traumas. Cuando das sentido a lo que te pasó, conectas con su significado. Mientras que, si guardas tus secretos e historias por vergüenza, temor o silencio, continúas atado a tu actitud de víctima y a tu trauma.
- Nombrar la pena. Dar nombre a tus emociones es la forma en que puedes comprender cómo te afectó lo ocurrido. Así puedes hacer frente a tus sentimientos y comenzar a disipar el dolor. Si ignoras el dolor, no haces sino permitirle crecer y al final acaba reventando por algún sitio. Permítete experimentar las diferentes fases del duelo (negación, enfado, negociación, depresión y aceptación) por las que pasas al sufrir algún trauma, como una traición por parte de un amigo o una agresión. Vivir el duelo es algo esencial para superar tu dolor. Cuando pones nombre a tu pena y la objetivas, pones fin a la etapa de negación.
- Conceder perdón. La elección del perdón evita que te estanques en un bucle sin fin de contar tu historia y nombrar tu pena. Escucha a tu corazón y confirma que al perdonar realmente has dejado atrás el pasado.
- Renueva o da por terminada la relación. En la mayor parte de los casos es preferible reconciliarte o renovar la relación, puesto que finalizarla significa que esa persona no solo deja de ocupar un espacio en tu vida, sino que también das por acabada la historia común que habéis compartido. Renovar la relación no significa retroceder hasta el punto en el que os hallabais antes de que ocurriera el agravio ni pretender que nunca sucedió lo que pasó entre vosotros. Consiste en crear una relación nueva a partir de vuestro sufrimiento. En ocasiones una relación más fuerte gracias a lo que habéis experimentado juntos.
Everett L. Worthington Jr., psicólogo clínico y profesor de psicología en la Universidad Virginia Commonwealth, autor de más de treinta libros acerca del perdón a los demás y a uno mismo, desarrolló el famoso método REACH para promover el perdón
- R. Recordar el daño que te han causado de una forma más generosa, de manera que te sirva de ayuda. ¿Qué significa «de una forma más generosa»? Pues que dejes de revolcarte en el fango reviviendo constantemente la afrenta sufrida y el sufrimiento, que olvides la revancha y la venganza, no devolver una herida con otra herida, que abandones el victimismo. A esto se refiere Everett como perdón emocional, que consiste en reemplazar las emociones negativas con emociones más positivas hacia el infractor. También supone recordar alguna oportunidad en la que tú necesitaste el perdón de otra persona y se te fue otorgado. ¿Cómo te sentiste al ser perdonado?
- E. Empatía. Trata de comprender por qué han hecho lo que han hecho, qué circunstancias se dieron para que sucediera, la motivación que subyacía para que se diera ese comportamiento, y cuál es tu responsabilidad. Todos hemos experimentado lastimar a alguien aun con las mejores intenciones, por razones que pensamos que eran buenas en ese momento, por lo que puedes comprender que quien te lastimó podría haber creído que sus razones eran buenas. Trata de entender el punto de vista de la otra persona.
- A. Altruismo. Otorga el perdón como un regalo, de manera desinteresada, sin pedir algo a cambio (como la reparación del daño causado o una disculpa), sin pararte a pensar si quien te ofendió merece el perdón.
- C. Compromiso con el perdón. Para ello es necesario que tu decisión de perdonar sea rotunda y valiente. Decidir perdonar también significa comprometerse a hacer algo con lo que posiblemente no te sientas cómodo, incluso puedes sentir una gran tensión ante el desafío.
- H. (del inglés hold). Podríamos traducirlo como aferrarte. Una vez dado el paso, mantente firme en tu decisión.