El viaje del cambio y la transformación (Parte 1 de 2)

Quiero salir de aquí

¿Sientes la necesidad de emprender cambios en tu vida pero no sabes exactamente qué rumbo seguir, qué hacer para recuperar el control, tomar el mando y conseguir una existencia plena que te satisfaga?

¿Tienes claro qué cambios introducir, pero no sabes cómo llevarlos a cabo?

¿No terminas de dar el paso adelante para pasar a la acción? ¿Indeciso? ¿Inseguro? ¿Atrapado por tus miedos? ¿Bloqueado?¿Te encuentras desorientado? ¿Estás pasando por algún tipo de crisis personal? ¿Sientes un vacío existencial?

Posiblemente, como muchos de nosotros, con frecuencia te sientes desorientado al vivir tu día a día tratando de esquivar dificultades, navegando en un turbulento mar de incertidumbre que te complica el conseguir lo que buscas. Peleas por tener controlada la situación en vez de verte arrastrado por la corriente desbocada de los acontecimientos, pero todo va muy deprisa y a menudo no sabes qué hacer ni cómo hacerle frente. Ante un entorno tan cambiante en el que vivimos, percibes que los recursos que solías utilizar ya no te sirven.

Llega la noche y por fin te metes en la cama tras un día «juguetón»; «otra vez que me acuesto a las mil, no tenía que haberme quedado a ver otro episodio sabiendo que mañana tengo que madrugar», piensas. Intentas dormir, pero sigues inquieto, no dejas de dar vueltas y tu mente no para. ¿Te resulta familiar alguna de estas situaciones?:

  • Tendría que haberle dicho que no a Carlos. No para de enmarronarme con más informes, llamadas a clientes, enseñar al becario. Y todo lo quiere para ayer. Cada vez tengo más trabajo y gano lo mismo que hace unos años. Con la excusa de que las cosas van mal no me sube el sueldo. Ya estoy harto, no puedo más. Un día voy a reventar. ¿Qué podría hacer para encontrar un trabajo
  • Después del día que he tenido en la oficina, llego a casa y no hay nada hecho. Siempre me toca a mí hacer la compra, cocinar, planchar, todo. Para una cosa que hace él, me lo echa en cara continuamente. Y encima me dice que viene su madre a pasar el mes que viene en casa. Adivina quién se va a ocupar de todo.
  • Será verdad que Hugo está consumiendo drogas? La verdad es que últimamente va con gente muy rara, sus notas cada vez son peores y apenas hablamos. Se pasa la vida encerrado en su habitación. Tendría que dedicarle más tiempo y hablar con él.
  • No sé qué va a pasar con la hipoteca del piso si no encuentro trabajo pronto. Por tener cincuenta años ya no me quieren por viejo, no es justo. Puedo seguir aportando mucho.
  • ¿Fibromialgia? ¿Por qué yo? ¿Y qué hago ahora?
  • No tenía que haber gritado a María, no era para tanto. No sé por qué últimamente estoy de tan mal humor. Me estoy descontrolando.
  • No me da la vida: trabajo, niños, gimnasio, obligaciones sociales, no paro y parece que no hago nada. Estoy agotada y no tengo tiempo para mí. Todo va demasiado deprisa, no llego.

Esos primeros momentos de dudas

En ocasiones, esa gota que colma el vaso tiene el mismo efecto que un tsunami en tu interior, origina un momento de lucidez que te hace despertar. En la pantalla de tu mente se van proyectando otras situaciones de tu vida con las que ya no quieres convivir, escenas que hasta ahora permanecían escondidas en tu inconsciente. En ese momento de «iluminación», de mayor conciencia, te preguntas cómo has sido capaz de vivir de esa manera. Lo que Fermín Trujillo, ese gran sabio popular, personaje de la serie La que se avecina, llama «tener un darse cuenta». Sientes la necesidad de replantearte todo y el suelo se abre a tus pies, tu sistema de creencias se tambalea. En este momento ves las cosas de una manera totalmente diferente, has dado el primer paso en el proceso de aprendizaje al pasar del «no sé qué no sé» al «sé que no sé».

De momento te has quedado atrapado en lo que no quieres, tienes claro lo que no estás dispuesto a soportar más, pero ¿te has preguntado qué es lo que realmente quieres?, ¿te has parado a pensar qué dirección quieres que tome tu vida?, ¿cuáles son tus metas?, ¿qué te hace feliz y qué podrías hacer para conseguirlo?

Empiezas a plantearte cómo podrías salir de ahí y te das cuenta de que tendrás que tomar decisiones difíciles, hacer cosas que no habías hecho hasta ahora y no sabes si tendrás el valor de dar el paso y asumir las consecuencias. Todo tiene un precio y te preguntas si estás dispuesta a pagarlo. No estamos hablando solo de dinero o de algo material. Tendrás que abandonar hábitos muy arraigados y sustituirlos por otros más saludables física, mental y emocionalmente. Además, tus decisiones causarán un impacto en tu entorno y habrá quien no lo acepte; a lo mejor ciertas personas desaparecerán de tu vida. Incluso el cambio se puede ver dificultado por cuestiones financieras que no sabes cómo resolver. Caes en la cuenta de que mover ficha te resulta complicado. Solo cambias cuando el coste de lo que tienes que hacer es menor que las incomodidades que padeces y muchas veces da miedo o pereza hacerlo. Te justificas diciendo cosas como: «Bah, si no estoy tan mal», «me quejo de vicio, todos tenemos problemas», «comparado con x, mi situación es mucho mejor», «esto es una racha de mala suerte, ya pasará», «no puedo hacer nada para cambiarlo», «yo soy así»…

¿Por qué este proceso de cambio te resulta tan complicado? Existen unos cuantos factores que actúan como resistencia y entorpecen, incluso paralizan, tus progresos:

  • Al igual que el yonqui que necesita su dosis de droga, tú eres adicto a los estados emocionales que vives diariamente.
  • Tus creencias y valores te empujan a pensar y actuar de una manera determinada, que en muchas ocasiones no es la que más te beneficia, e implantar cambios en niveles tan profundos no es sencillo ni rápido. Nos defendemos como gato panza arriba de todo lo que trata de interferir con lo que creemos que es nuestra identidad.
  • Tu inconsciente, la parte de ti que no controlas porque está oculta a tu consciencia, está al mando de tus hábitos, todas aquellas acciones que llevas a cabo sin pensar. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Duke, alrededor del 40 % de tus acciones diarias no provienen de decisiones tomadas en el momento de realizarlas, sino de tus hábitos.

Las gafas con las que interpretas la realidad te llevan a una visión sesgada y a menudo errónea del entorno.

¿Qué hago entonces?

Finalmente decides dar el paso adelante, pero no sabes por dónde empezar. ¡Son tantas las cosas que quieres cambiar! ¿Tienes una estrategia para el camino que vas a emprender? El camino está lleno de baches, altibajos y en ocasiones conseguir lo que deseas te lleva más tiempo del que inicialmente habías previsto. Por ello también es necesaria una actitud positiva y activa para que no abandones tus buenos propósitos cuando te encuentres contratiempos o no se cumplan tus expectativas. ¿Te conoces lo suficiente, sin engañarte, como para saber con qué recursos internos cuentas para llevar a cabo esos cambios? ¿Eres consciente de tus fortalezas y debilidades? ¿Eres capaz de mirar dentro de ti y enfrentarte a tu «lado oscuro»: miedos, carencias, defectos, mentiras, vergüenzas e inseguridades, que cuando afloran te hacen derramar unas lagrimitas y algún que otro desgarro emocional?

Bueno, no sigo. Tan solo pretendía proponerte algunas reflexiones para que caigas en la cuenta del trabajo que se te presenta por delante. No te estoy desanimando, solo te digo que no resulta tan sencillo introducir y mantener en el tiempo cambios drásticos en tu vida. Si alguien te intenta vender la moto de que es fácil, miente como un bellaco. En la aventura que vas a emprender no todo son risas y fiesta, por mucho que se esmere el marketing del «optimismo irracional» en que parezca que vives en el mundo de Pin y Pon y todo se soluciona como por arte de magia con tan solo desearlo. Ya te anticipo que un deseo sin acción es mera fantasía. O te lo curras y haces cosas o nada va a cambiar. Bueno, sí, todo es susceptible de empeorar. La clave, además de la toma de conciencia, es hacer. En este sentido, me encanta la frase «lo importante del primer paso que das no es tanto donde te lleva, sino que te saca de donde estás».

No pierdas la fe. La buena noticia es que con actitud, compromiso, trabajo (que no esfuerzo), perseverancia y paciencia sin duda conseguirás avances. Como decía Gustavo Bertolotto, mi profesor de Programación Neurolingüística, si «sí», quizá; si «no», nunca. El éxito no está garantizado aunque lo intentes, pero el fracaso sí lo está si no lo haces. Y si le añades sentido del humor, el viaje será mucho más llevadero e incluso divertido. En numerosas ocasiones este último ingrediente te resultará fundamental.

Puedes seguir instalado en la queja, en el victimismo y no hacer nada por transformar tu vida pensando que los demás son los causantes de tus desgracias y sufrimientos, que eres así y no puedes cambiar, que es tu destino… En definitiva, continuar sin asumir la responsabilidad de lo que te ocurre, seguir fingiendo tras una máscara que todo va bien, refugiarte en tu trabajo u otros parches extremos como el alcohol y las drogas para huir de tu realidad y llenar ese vacío que sientes. Escapar de ti es el problema, no la solución. ¿De verdad quieres seguir viviendo así?, ¿no te has dicho que ya tienes suficiente?, ¿qué hace falta entonces para cambiar? Si has decidido continuar con tu vida como hasta ahora, deja de leer y sigue con lo que estás acostumbrado a hacer en espera de que decidas dar el paso. A lo mejor consideras demasiado elevado el precio a pagar, pero más caro resulta quedarte donde estás. Solo tú puedes decidir avanzar.

Te animo a que emprendas un viaje de turismo interior, de introspección y autoconocimiento con el fin de que explores el rumbo que le estás dando a tu vida y confirmes o reevalúes la dirección hacia la que te mueves.

También te invito a unirte al viaje a ti, que ya estabas convencido de dar el salto hacia una vida más plena y satisfactoria, pero aún no sabes cómo conseguirlo.

En definitiva, emprende el viaje si no te encuentras en el lugar exacto donde te gustaría estar, si quieres cambiar algo en tu vida y estás dispuesto a hacer algo al respecto.

En los 62 post anteriores y algunos más que seguirán a este he ido compartiendo contigo herramientas y estrategias que creo pueden ayudarte a conseguirlo, puesto que este es el objetivo del blog: contribuir a la construcción de una sociedad mejor inspirando y siendo catalizador del cambio y crecimiento personal desde un enfoque humanista, poniendo el Ser en el centro, buscando el equilibrio entre nuestras dimensiones física, mental, emocional y espiritual.

¿Te apuntas? ¿Qué puedes perder?

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