El viaje: etapas y paradas en el camino
Al comprar el billete para este viaje te embarcas en una aventura en la que la recompensa consiste en transformarte en una nueva persona que asume el control de su vida y la responsabilidad de las consecuencias de sus actos, que participa plena y activamente en cómo la vive, y deja de ser un mero observador para pasar a ser alguien capaz de superar sus limitaciones y confiar en sí mismo.
El medio de transporte en el que vas a realizar el viaje requiere como combustible tu curiosidad y una actitud de apertura mental. A lo largo del camino muchos de tus paradigmas van a tambalearse, lo que probablemente te provoque inseguridad y sientas la tentación de volver a lo que te es conocido. Si sucumbes a esa tentación, no lograrás abandonar la casilla de salida. No te aferres a lo que te resulta cómodo y fácil, atrévete a dar el paso. Algunos argumentos que he compartido contigo en anteriores post te habrán resultado sorprendentes, insólitos, en ocasiones turbadores. Espero que no los hayas rechazado de principio, que no hayas ido con el «no» por delante. ¡Se curioso!, prueba, y a ver qué pasa. No te diré que lo que te propongo aquí sea de validez universal. Si no es válido para ti, déjalo a un lado y quédate con lo que te sirve. En el peor de los casos, la reflexión te habrá llevado a la consciencia de que existen otras alternativas y tendrás nuevos criteriosa tener en cuenta en tu elección.
Comencemos el viaje: ¿cuáles son sus etapas y qué lugares vamos a visitar?

¿Quién soy? ¿Dónde estoy?
El objetivo de la primera etapa consiste en conseguir una foto de tu situación de partida, un diagnóstico de dónde te encuentras ahora mismo. Para ello te sugiero que respondas desde diversas perspectivas a preguntas tales como ¿quién soy?, ¿dónde estoy? Si deseas cambiar las cosas, es fundamental entender cómo eres en realidad, tu «yo real», y no cómo crees que eres, tu «yo ideal»; así como la situación desde la que partes.
El método que vamos a emplear es la toma de conciencia: solo puedes cambiar lo que conoces, y aproximadamente un 95 % de tu mente está constituida por tu inconsciente y tan solo un 5 % por tu parte consciente. La clave es transferir a tu consciente lo que desconoces, lo que está en tu inconsciente. Y el objetivo no es otro que mejorar lo que no te gusta. ¿Cómo?, con la principal herramienta que utilizamos en coaching: la pregunta. Una herramienta que te permitirá tomar conciencia de tu realidad y tus posibilidades de cambio mediante un ejercicio de escucha interior y reflexión. Tómate tu tiempo para hacerlo, el ritmo lo marcas tú, y para ello escucha a tu voz interior, es la que sabe cuándo correr y cuándo reposar.
Como ya habrás podido comprobar, la mayoría de los post están llenos de esas preguntas que invitan a la reflexión. El resultado de introspección te conducirá, entre otros fascinantes descubrimientos, a una mejor comprensión de quién eres y por qué piensas como piensas, haces lo que haces y te relacionas con tu entorno de esa precisa manera.
Este diagnóstico de tu situación de partida abarca, sin ánimo de ser exhaustivo, diversas facetas de tu naturaleza; lograr una comprensión completa de tu Ser es inalcanzable e imposible en mi opinión. Al menos no soy tan soberbio y arrogante como para pretenderlo. Por ellos nos centramos en algunos aspectos básicos: tu actitud ante la vida, las creencias y valores que sustentan tus acciones y comportamientos, la trascendencia de tus hábitos como base de tus conductas, los miedos que te impiden lograr tus objetivos, tu nivel de autoestima, cómo gestionas tus emociones, entender por qué juegas de una determinada manera los diferentes roles que adoptas en cada ámbito de tu vida, identificar tus dones y talentos para que descubras en lo que eres bueno, incluso excelente… Desde luego, no te vas a aburrir.
¿Quién quiero ser? ¿Dónde quiero estar?
La etapa siguiente es elegir el puerto hacia el que poner rumbo: determinar los objetivos y metas que quieres alcanzar. El viaje está personalizado, así que el destino lo estableces tú, no es un paquete cerrado de una agencia de viajes. No vale el café para todos; tú eres único: por tu físico, por tu genética, por tu familia, por la educación recibida, por las experiencias vividas, por lo aprendido, por tus éxitos y fracasos; por todos los elementos que influyen en lo que anhelas, en tus sueños, en lo que quieres conseguir en la vida y en los recursos con los que cuentas para lograrlo. Vive la vida que tú quieres, no la que quieren los demás para ti.
¿Cómo averiguar cuáles son tus verdaderas necesidades (no confundir con deseos)? ¿Cuál es el propósito que le quieres dar a tu vida? ¿En qué tipo de persona quieres transformarte cambiando lo que no te ha gustado ver en la foto? ¿Qué metas quieres alcanzar en tu vida profesional, de pareja, en tus relaciones, en tu manera de ver y vivir la vida? ¿Qué hábitos tienes que desechar y cuáles incorporar para la transformación?
Para responder a estas cuestiones adaptaré a la esfera personal los pasos que en consultoría aplicamos al diseño de la estrategia de una organización: redactar el enunciado de tu Misión, definir tu propósito en la vida —¿para qué estoy aquí?— y tu Visión; una visualización de dónde y cómo quieres estar para considerar tu misión cumplida, que incluirá los elementos y las acciones necesarias para mantenerte enfocado en ella.
Esa nueva vida elegida, con sus objetivos y metas, te exigirá abandonar hábitos en tu manera de pensar y actuar, e incorporar pautas que hagan efectivo el cambio pretendido. El mundo no cambiará, serás tú quien lo haga. En esta parte del viaje te toca decidir a qué renuncias y qué va a formar parte del nuevo «tú».
El camino al éxito
Ya tienes el origen y el destino, quién eres y quién quieres ser, cuáles son tus objetivos a largo, medio y corto plazo y qué nuevos hábitos te apoyarán para lograrlo. ¿Cuál es el siguiente paso?
La última etapa del viaje, el camino al éxito, revela cómo llegar a tu destino sano y salvo. El objetivo no es solo alcanzar la meta, sino que también te sientas satisfecho, orgulloso y feliz por los resultados logrados a lo largo del proceso de transformación: los avances en tu crecimiento personal, en tu capacidad para tomar las riendas de tu vida, por lo aprendido acerca de ti…
¿Por dónde comenzamos? Los diversos objetivos que te llevarán a cumplir la Misión se concretan descendiendo de lo general a lo particular. Un plan estratégico en el que establecemos los objetivos a largo plazo alineados con tu Misión y Visión, desplegados en otros intermedios que se enmarcan, a su vez, en un plan táctico. Por último, cada objetivo táctico se asocia en el plan operativo con tareas y acciones a llevar a cabo día a día.
Toda esta planificación responde a las preguntas ¿qué hacer?, ¿cómo hacerlo?, ¿cuándo hacerlo?, ¿con qué recursos y tiempo cuento? Adicionalmente, con el fin de conocer en todo momento si vas por el buen camino y estás cumpliendo con tus objetivos o si te estás desviando de lo que planeaste para lograrlos, construiremos un sistema de control y seguimiento asociando indicadores a metas.
Un elemento fundamental para conseguir tus objetivos es la manera en que administras tu tiempo: cómo te organizas; cómo distingues lo urgente, de lo importante y de lo irrelevante; cómo te enfrentas a los «ladrones del tiempo»; cómo llevas a cabo tus tareas. En realidad, más que tu tiempo, gestionas tus prioridades.
En paralelo, para transitar tu camino al éxito, deberás gestionar lo que averiguaste en la primera etapa: eliminar las creencias limitantes, los pensamientos que obstaculizan tu éxito, los miedos que te paralizan y bloquean, los hábitos perjudiciales; y controlar alta tu autoestima. Pero de esto, y de las herramientas que te pueden ayudar, ya te hablé en anteriores post y solo tienes que consultarlos aquí mismo.
¿Cuánto dura el viaje?
No esperes que los cambios sucedan de la noche a la mañana. Llevas años, incluso décadas, siendo de una determinada manera: no cambiarás de forma significativa enseguida; te llevará tiempo; ¿cuánto?, depende de tu implicación y constancia en el proceso. Ten paciencia y persevera; como el bambú japonés que durante sus primeros siete años de vida no parece sucederle nada en el séptimo, en tan solo seis semanas, la planta crece más de treinta metros. Esos primeros siete años el bambú los dedica a desarrollar un sistema de raíces que le permite sostener el rápido crecimiento que vendrá después. Hay momentos en los que parece que no ocurre nada y esto puede resultar frustrante. No desesperes ni abandones por no ver los resultados, ya que, al igual que al bambú japonés, a tu interior le está sucediendo algo, aunque no seas consciente de ello.
Los resultados llegarán, incluso algunos de manera inmediata: impactos intensos en tu mente, revelaciones, los llamados «Insights», pueden producir secuelas profundas con inminentes resultados en tu vida.
Si tu voz interior te repite «yo soy así», «es imposible cambiar», respóndele con determinación: «claro que puedo, y lo voy a hacer». Poco a poco te irás sintiendo más cómodo con el proceso de cambio, más dueño de ti mismo. Esa vocecita irá atosigándote cada vez menos y estarás en disposición de hacerle frente con mayor resolución. Si realmente quieres mejorar la situación, trabaja en lo único sobre lo que tienes control: tú mismo.
Antonio Blay Fontcuberta, psicólogo precursor de la Psicología Transpersonal en España, nos apunta que no hay posibilidad de cambio en el exterior hasta que la persona no cambie interiormente. Como expone en su libro Creatividad y plenitud de vida, «si interiormente tienes conflictos, desajustes, contradicciones, esto te lleva a vivir estas contradicciones en el exterior. No puedes hacer las cosas de un modo distinto a cómo eres realmente. Tus problemas interiores los estarás recreando constantemente en el exterior. Si observas con atención, descubrirás que en tu vida se están repitiendo constantemente el mismo tipo de problemas, de lo que puedes deducir que el problema está en tu interior y que seguirás viviendo siempre el mismo tipo de situaciones. Digamos que las escoges o las creas, si es necesario, porque necesitas vivirlas, porque tu objetivo inconsciente es reproducir en el mundo externo tu problemática interna».
No existen los atajos. Cosechas lo que siembras y cada semilla tiene su tiempo de maduración. El cambio es un proceso secuencial, no puedes saltarte pasos. Primero aprendiste a sentarte, a continuación comenzaste a gatear, tras un alarde de confianza en ti mismo te pusiste de pie agarrándote a lo primero que tuviste a mano, te decidiste a explorar el mundo que te rodeaba dando tus primeros pasos y finalmente echaste a correr y saltar. Cada uno de estos estadios te llevó tu tiempo, dependiendo de las habilidades que ibas adquiriendo y el grado de madurez que ibas alcanzando. Uno llevaba al otro sin ser posible que ignoraras alguno. En el ámbito del crecimiento personal el proceso es similar y, aunque a veces te cueste asimilarlo, no puedes quemar etapas buscando soluciones rápidas, alivio inmediato y centrarte en el corto plazo.
En mi experiencia como coach he constatado que procesos de transformación profundos se prolongan al menos por un año para conseguir resultados reseñables. No es que el proceso de coaching dure un año, normalmente no suele llevar más de siete u ocho sesiones (excepcionalmente, alguna más), para no crear dependencia y que el coachee aprenda a volar solo. Habitualmente suelo hacer un seguimiento regular de los resultados obtenidos a los seis meses y al año de concluir el proceso, y he observado que tras un año de incesante trabajo con frecuencia han arraigado nuevos hábitos y maneras de pensar, lo suficiente para experimentar cambios con un significativo impacto positivo en la vida del coachee. Con algunos de mis clientes he seguido manteniendo una relación personal más allá de la consulta, por lo que he sido testigo de su evolución; y en base a ello me atrevería a decir que, para obtener «un grado avanzado», como mínimo son necesarios de dos a tres años de perseverancia y, para «la licenciatura», un mínimo de cinco. Ser constante es la clave. Como dijo el actor y director de cine Woody Allen, «el 90 % del éxito simplemente se basa en insistir». De hecho, este es un viaje que dura toda tu vida.