El proceso de aprendizaje: Del no sé qué no sé al no sé qué sé. La curva de aprendizaje

Del no sé qué no sé al no sé qué sé

La esencia de la evolución de tu crecimiento personal consiste en estar dispuesto a vivir en una permanente transformación de quién eres, lo que te proporciona una mayor consciencia de tu Ser e ir progresivamente liberándote de las limitaciones impuestas por el inconsciente. Esto supone un proceso de aprendizaje continuo, que conlleva estar dispuesto a desaprender y aprender constantemente. Nada es permanente, lo que es válido para ti hoy, mañana posiblemente deje de serlo, puesto que tú y tu contexto, tus circunstancias, han cambiado.  

En el siguiente gráfico vamos a describir de una manera muy resumida el proceso de aprendizaje, apenas un esquema básico para que comprendas su trascendencia en el procedimiento que vamos a seguir en la exposición. La toma de conciencia es el primer paso en tu transformación personal.

En el eje de abscisas, el horizontal, situamos el nivel de consciencia. Para simplificar lo dividimos en dos partes: tu parte inconsciente, lo que no conoces y tu parte consciente, lo que conoces. En el eje de ordenadas, el vertical, colocamos tu competencia: sabes, o no sabes, para resumir. De esta manera se forman cuatro cuadrantes en el gráfico.

Te ayudará a entender mejor el proceso si acompañamos la explicación con un ejemplo. Para ello, vamos a recorrer las etapas que seguimos hasta que somos capaces de conducir un coche. Al principio del proceso de aprendizaje estás en el cuadrante inferior izquierdo: no sabes que no sabes. Actúas de acuerdo a tus costumbres sin darte cuenta de que hay cosas que puedes hacerlas de distintas formas. Cuando eres pequeño, ni siquiera sabes que los coches se conducen. Tus padres te sientan en tu asiento de seguridad para niños y simplemente vas disfrutando del paisaje.

Pasan los años, y como todo buen adolescente quieres impresionar a las chicas del instituto, o al menos esto era así unas décadas atrás, en mis años de juventud. Por aquel entonces, llevarlas en tu coche era un buen comienzo. Vamos a suponer que esto sigue siendo así, aunque tengo mis dudas. Así que como has sacado buenas notas en tu último año de bachiller, tus padres te ofrecen como regalo matricularte en una autoescuela y conseguir el carnet de conducir. Desconozco la motivación que tenían las chicas de último año de bachiller en mis tiempos para conseguirlo, preguntaré a mis amigas. De momento, conducir, conduces más bien poco, aunque ya estás en la segunda fase del proceso de aprendizaje, el del cuadrante inferior derecho: sabes que no sabes, eres consciente de tu incapacidad para llevar a esa chica al cine conduciendo tú. En esta segunda etapa descubres las limitaciones causadas por tu antigua manera de proceder, tomas consciencia de la necesidad de hacer las cosas de otro modo, sientes las primeras resistencias al cambio y dudas.

Primer día de autoescuela. Te sientas al volante y sientes que algo va mal: tres pedales y dos pies para manejarlos, unos cuantos espejos a los que prestar atención todo el tiempo, una palanca de cambios que no puedes parar de mover de un lado a otro si no quieres que el motor gruña, coches a un lado y al otro del tuyo que parece que han salido de sus garajes con el fin de impedir que llegues a tu destino, cientos de señales de tráfico a cada cuál más enigmática, semáforos que te obligan a parar poniendo a prueba tu pericia para ponerte de nuevo en movimiento utilizando el embrague, gente cruzando pasos de cebra en modo suicida… y todo eso a la vez. Empiezas a plantearte ir al cine con tu chica en transporte público. Como tu motivación es fuerte, decides no tirar la toalla y darle alguna oportunidad más al profesor. Tras unas clases y toneladas de su paciencia empleadas en que lo consigas, apruebas el examen y disfrutas de tu nueva condición de conductor legal. ¡Bienvenido al tercer cuadrante!: ya sabes que sabes. Al principio te cuesta un poco, todavía tus amigos te tienen que avisar con algunas manzanas de anticipación del giro que tienes que hacer, los intermitentes a veces duermen un largo sueño. Aún piensas lo que tienes que hacer, de momento no tienes automatizadas las rutinas. Has adquirido nuevas habilidades y comprendes las reglas de lo que has aprendido, pero todavía no las dominas del todo.

Pasan los años y ya eres un conductor veterano. ¿Te has dado cuenta de que ya puedes llevar a cabo todas las maniobras sin apenas pensar en ellas? Eres capaz de conducir manteniendo una conversación con el resto de los pasajeros, sin que la música te distraiga, pensando en las tareas del día siguiente; aunque a veces puedas resultar un peligro para ti y los demás conductores al tratar de consultar el móvil con un ojo y mientras mantienes el otro puesto en la carretera. ¿Cuántas veces te has preguntado al llegar a tu destino qué camino has seguido hasta llegar allí? Hasta eso has automatizado. Eso es porque estás en el cuarto cuadrante, ya no sabes que sabes, has creado hábitos que te permiten conducir con órdenes recibidas desde tu inconsciente. Como cuando te atas los cordones de los zapatos. Lo has hecho tantas veces que ya no reparas en ello. Poco a poco, con la práctica, consolidas tus habilidades. Tu parte consciente determina el objetivo y permite que el inconsciente lo ejecute, liberando su atención para otras cosas.

La curva de aprendizaje

El concepto proviene del sociólogo alemán Hermann Ebbinghaus, quien introdujo el término en 1885 en el informe que tituló Sobre la memoria. En dicho informe midió el progreso del aprendizaje relacionando el número de éxitos logrados con el tiempo empleado en conseguirlos, es decir, la velocidad a la que se adquiere el conocimiento. Dicho de otra manera, cuánto tardas en dominar una materia.

Plantea que la eficiencia del aprendizaje mejora con el tiempo cuanto más se practica la tarea, estudio o ejercicio. El concepto de tiempo podemos ampliarlo más allá de su medición en horas, semanas meses y años; también comprende «unidades» de aprendizaje, como número de clases, sesiones de entrenamiento, e intentos realizados. El éxito en el desempeño y la adquisición de habilidades lo establecemos de acuerdo al objetivo a conseguir, entendido como número de aciertos logrados, respuestas acertadas en un examen, repeticiones conseguidas al practicar un ejercicio físico, días seguidos sin fumar, semanas sin accidentes en una fábrica o cualquier otro parámetro que definamos y sea susceptible de cuantificación.

Como habrás deducido, cada aprendizaje sigue un patrón de curva diferente. Por ejemplo, aprender un idioma o programar requiere mucho trabajo al principio y pasado un tiempo los progresos son más acelerados. En general, el aprendizaje de cualquier tarea compleja sigue este patrón, el que puedes ver en la siguiente curva. La moraleja es que no te desanimes y pierdas la motivación cuando emprendas la práctica de una nueva disciplina o trates de instaurar un nuevo hábito si al principio su dificultad se te hace algo cuesta arriba. No tires la toalla y sigue insistiendo.  

Por el contrario, el proceso de aprendizaje de tareas sencillas crece de manera rápida al principio, aumenta más lentamente a medida que adquieres experiencia y finalmente la curva se aplana y se mantiene estable ante el dominio de las habilidades y competencias requeridas por la materia o actividad en cuestión. Sigue la progresión que muestra la curva del siguiente gráfico. ¿La moraleja? No te confíes y creas que ya controlas el tema por haber adquirido destrezas en poco tiempo. Continúa practicando hasta convertir ese nuevo aprendizaje en un hábito.

La curva del proceso de aprendizaje más frecuente de alguien que comienza a aprender algo nuevo adopta la forma que puedes ver en el siguiente gráfico. Nace con un inicio lento que adquiere velocidad a medida que con la práctica logras mejorar tus habilidades y consigues hacer lo mismo en menos tiempo. En ese momento la curva se nivela como resultado del dominio de la tarea. Con el tiempo, bien desarrollas nuevas capacidades que te hacen más competente con las que perfeccionas tu grado de maestría y aprendes nuevos aspectos del tema, bien se producen avances técnicos y tecnológicos en el ámbito de la materia y la curva vuelve a tomar una forma creciente al continuar aprendiendo. Esta parte corresponde a la línea de puntos en el gráfico. Cuando ya eres un verdadero experto en la materia, la curva se aplana de nuevo. En este caso, la moraleja consiste en que respetes los distintos ritmos del proceso, no quieras apresurarlos ni forzarlos. En contra de lo que nos venden ahora, que todo debe ser inmediato, la paciencia y la perseverancia (uno de los «mantras» de este libro) son fundamentales para lograr la maestría.

Espero que la comprensión de cómo funciona la curva de aprendizaje te resulte útil para entender el proceso. No obstante, ten en cuenta que el proceso de aprendizaje es diferente en función de la tarea, habilidad y hábito que pretendes mejorar e incorporar en tu vida, y que es necesario respetar sus tiempos de progreso y consolidación.

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