En general, por nuestros sesgos y prejuicios evitamos o nos oponemos a lo que nos resulta diferente, a lo que no hemos experimentado personalmente y la incertidumbre de lo que nos es desconocido o nuevo y admitimos como algo propio lo que percibimos como afín a nuestras creencias y pensamientos o lo hemos vivido personalmente, negamos experiencias o hechos porque no podemos explicarlos. Por otro lado, incluimos en nuestro mapa mental lo que consideramos como similar a lo que ya tenemos archivado en nuestra mente. Las emociones generadas por estas pautas de rechazo y aceptación influyen poderosamente en nuestro proceso de aprendizaje, estimulándolo o reprimiéndolo.
Por no alargarnos demasiado, en el post de hoy nos vamos a centrar en esos factores que impulsan el proceso de aprendizaje y la semana que viene pondremos el foco en aquellos que suponen un obstáculo.
Vayamos a ello: ¿qué nos facilita avanzar en ese proceso?

Actitud positiva
Cuando te encuentras con obstáculos tienes dos maneras de hacerles frente: como un problema, algo inconveniente y amenazante, o como un reto desafiante en el que aprovechas tus habilidades para resolverlo y crecer. La vida es un continuo proceso de aprendizaje en el que permanentemente surgen situaciones cuyo propósito consiste en servirte como lecciones para tu adiestramiento y mejora. Una y otra vez te ves inmerso en circunstancias que requieren de tu atención y acción, por lo que progresivamente las vas dominando por la experiencia que vas adquiriendo en su resolución. O no, depende de si estás dispuesto a progresar por el camino del aprendizaje o decides seguir con la estrategia de negar los hechos o evadir una respuesta por tu parte. Es como en el colegio: estudias y vas avanzando de curso o suspendes y repites. Presta un poco de atención a las situaciones a las que te enfrentas actualmente. ¿Cuántas de ellas se reproducen una y otra vez en tu vida por no haberlas afrontado? Todo aquello a lo que te resistes, persiste. Mantener una disposición emocional y mental favorecedora del aprendizaje, focalizándote en alcanzar tus objetivos en vez de hacerlo en lo que percibes como problema y sus causas, y vivir la situación como una oportunidad de crecimiento y enriquecimiento, es una de las principales palancas en las que apoyarte para cimentar tu camino hacia el éxito.
Curiosidad
Es el deseo de saber y conocer más de lo que ya conoces, la motivación que te lleva a buscar respuestas, la chispa que estimula e impulsa tu proceso de aprendizaje.
Es algo inherente a ti, estás diseñado para ser curioso. De bebé, en cuanto desarrollaste tu capacidad de ver, de oír, de experimentar con tus manos, comenzó tu curiosidad por todo lo que te rodeaba. Tu asombro por los nuevos descubrimientos la estimulaba. En cuanto empezaste a hablar ya no paraste de preguntar incesantemente «¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?», famosa etapa que llegó a su culmen aproximadamente cuando cumpliste cinco o seis años. Este deseo de saber más te inspiró para plantearte preguntas más y más complejas, como por ejemplo de dónde venimos y por qué morimos. Dependiendo de los estímulos que recibieras de tu entorno, que potenciaban o reprimían tu anhelo por explorar e investigar el mundo que te rodea y tu mundo interior, tu proceso de aprendizaje adquirió la tendencia a expandirse o ralentizarse.
Daniel Willingham, psicólogo de la Universidad de Virginia, cuya investigación se centra en la aplicación de la psicología cognitiva y la neurociencia en la educación, recomienda que aceptemos el desafío de resolver incógnitas y solventar retos. Al conseguirlo liberamos dopamina, un neurotransmisor relacionado con la recompensa en el cerebro. Eso sí, su dificultad debe ser asumible teniendo en cuenta nuestras capacidades. Si el reto es demasiado fácil de conseguir o nos vemos incapacitados para lograrlo no obtendremos ese premio. De esta manera se retroalimenta el proceso de aprendizaje: si obtienes recompensa por tu curiosidad por descubrir, experimentar y solventar nuevas situaciones, esta se estimula y consigues entrar en un círculo virtuoso ya que adquirir nuevos conocimientos despierta tu curiosidad, lo que aumenta tu deseo de conocimiento, algo que fomenta tu creatividad y trae consigo un nuevo estímulo para saciar tu curiosidad.
Cuando algo despierta tu curiosidad promueve tus emociones positivas, te permite que tu atención se focalice y sea más intensa, aumenta tu concentración anclándote en «el aquí y el ahora», facilita la toma de decisiones complejas y provoca que seas más perseverante para alcanzar tus metas.
¿Necesitas algún otro argumento para potenciar tu curiosidad? Recupera esa capacidad innata en ti. Para ello te resultará útil:
- Preguntarte e interesarte por el porqué de las cosas, fomentar tu pensamiento crítico, no dar nada por sentado, contrastar la información que te llega. Para ello encuentra evidencias que contrasten tus conclusiones, pregúntate por la fiabilidad de la fuente y analiza diferentes perspectivas. Francis Bacon, padre del empirismo filosófico y científico, definía el pensamiento crítico como «tener el deseo de buscar, la paciencia para dudar, la afición de meditar, la lentitud para afirmar, la disposición para considerar, el cuidado para poner en orden y el odio por todo tipo de impostura». Te ayudará a ser capaz de distinguir una argumentación inconsistente y mediocre de una rigurosa y valiosa, a replantearte tus pensamientos y creencias; en definitiva, a generar alternativas y llegar a conclusiones provechosas para tu toma de decisiones.
- Sustituir tus rutinas diarias por otras nuevas, cambiar de hábitos. La rutina es uno de los mayores enemigos de la curiosidad y la creatividad. Tampoco hace falte ser drástico, basta con pequeñas variaciones, como seguir un nuevo trayecto en el camino a tu trabajo, o experimentar con nuevas recetas de cocina. Con la práctica te irás aficionando a descubrir distintas formas de hacer las cosas y replantearte cómo hacerlas para mejorar cada aspecto de tu vida.
- Observar tu entorno con otros ojos, sorprenderte por todo lo que descubres con esa nueva mirada. Cómo cambió Madrid, la ciudad en la que vivo, cuando en vez de caminar abstraído en mis pensamientos me dediqué a descubrirla paseando con la ayuda de una guía para turistas. Maravillosos detalles en las fachadas de edificios, incluso los propios edificios, tiendas con encanto y parques habían pasado desapercibidos para mí a pesar de haber pasado por delante de ellos en innumerables ocasiones. Esta manera de ver la ciudad fomentó que aumentara mi curiosidad por su historia, su arquitectura, urbanismo…
- Cultivar y ejercitar actividades creativas: escribe, pinta, haz fotos, esculpe, aprende a cantar o tocar un instrumento musical. Pierde el miedo a no hacerlo bien y sacúdete de encima esa vocecita interior que te dice que tú no vales para eso. Acude a talleres y centros de formación para adquirir y desarrollar esas habilidades, la oferta es infinita. Simplemente disfruta, no te presiones con los resultados. A mí me ha venido muy bien aprender a tocar el bajo y sobre todo tocar en un grupo con otros alumnos de la academia. Cada tres o cuatro meses damos un concierto junto a otros grupos, lo que me exige ensayar constantemente para mejorar mi técnica y aprender nuevas canciones para renovar nuestro repertorio. ¡Es todo jun reto! Una vez en el escenario toca disfrutar, el tiempo pasa volando. Cuando me quiero dar cuenta el cantante está anunciando que la próxima será nuestra última canción.
- Agregar unas gotas de asombro a tu curiosidad, lo que te permitirá ver lo nuevo como algo realizable en tu futuro con una actitud de «lo nuevo me atrae, me gusta, es una gran oportunidad»
Práctica constante
Una vez que has aprendido algo, ejercítalo. De esta manera lograrás mejorar tus destrezas y serás capaz de descubrir nuevas maneras de ejecutar tareas. Por un lado, favoreces el proceso de neurogénesis, por el cual las células madre (la materia prima a partir de la que se genera el resto de las células con funciones especializadas) se desplazan desde los ventrículos cerebrales y se transforman en neuronas. Este proceso tiene lugar durante toda tu vida, por eso nunca es tarde para aprender algo nuevo. Por otro lado, al construirse una red neuronal que proporciona soporte a una nueva conducta o pensamiento recurrente, esta debe recibir un estímulo continuo para que las neuronas que la componen sigan absorbiendo estímulos químicos y eléctricos, si no las neuronas dejarán de seguir vinculadas a la red. Cuanto más practicas algo, la red neuronal que lo sustenta se ve reforzada y mejora su eficiencia.
En el proceso de aprendizaje la repetición es esencial para consolidar conocimientos y habilidades adquiridas, así como para arraigar nuevos hábitos.
Este concepto de aprender practicando es una de las bases del éxito de la compañía japonesa Toyota, incluido en su método de control de calidad conocido como «Kaizen», que se sustenta en la ejecución de acciones concretas y simples. Toda la plantilla, desde los directivos hasta los operarios están implicados en esta manera de aprendizaje continuo.
Salud física
Es evidente que una buena salud repercute positivamente en el proceso de aprendizaje. No me extenderé en este punto, tan solo te recordaré los factores que la favorecen: principalmente una buena condición física, una alimentación adecuada y descanso.
La práctica habitual de una actividad física proporciona una mejor memoria y mayor flexibilidad y velocidad de procesamiento de la información, además de repercutir positivamente en tu estado de ánimo por la liberación de endorfinas, serotonina, dopamina y oxitocina, hormonas que te proporcionan sensación de bienestar y una actitud positiva
Una alimentación equilibrada te proporciona energía para todo el día para un rendimiento óptimo. Numerosos estudios avalan el impacto directo de la alimentación en la memoria, concentración y rendimiento cognitivo.
Está más que demostrado que las secuelas de un descanso insuficiente causado por la falta de sueño aumenta los niveles de cortisol, hormona causante del estrés; produce pérdida de neuronas, dificultad para concentrarse y mantener la atención, problemas de aprendizaje, falta de memoria, e incapacidad para tomar decisiones. El tiempo dedicado al sueño varía con la edad, para un adulto el rango recomendado se sitúa entre siete y algo más de ocho horas con un umbral mínimo de seis horas. No dormir lo necesario también tiene consecuencias en tu físico: obesidad, diabetes y riesgo cardiovascular.