Aprendizaje: factores que lo obstaculizan

La certeza unida a una carencia de apertura de mente para aprender

Si crees que lo que sabes ya es suficiente, si sobreestimas tus habilidades y no reconoces los ámbitos en los que eres incompetente y piensas que no merece la pena ir más allá, te cierras a adquirir nuevos conocimientos y experiencias que te permitan progresar. Aprender supone cuestionarte tus conocimientos y creencias con los que has vivido hasta ahora, ser abierto de mente y asumir la posibilidad de que no todo lo que sabes es correcto o adecuado en tus circunstancias actuales y que puedes sustituirlo por algo nuevo y diferente observándolo y evaluándolo desde otros puntos de vista y perspectivas. Para ello es necesario que estés dispuesto a dejar de aferrarte a tu «verdad» y desaprender, a dejar atrás y desprenderte de una manera determinada de pensar y hacer para acceder a nuevas posibilidades. Abandona el «hasta ahora lo he hecho así y no veo por qué cambiar». 

No confundas el saber con estar informado, que tengas información acerca de algo no supone que seas capaz de hacerlo o tener el conocimiento: podría describirte con todo lujo de detalle qué es una naranja, pero hasta que no la pruebes por ti mismo no sabrás a qué sabe, o leer las instrucciones de cómo funciona una bicicleta, pero si no te subes encima de una y pedaleas no podrás decir que sabes montar en bici.

Posiblemente son tus miedos que actúan para evitarte momentos de confusión e incertidumbre al pasar de la oscuridad del desconocimiento a la luz del saber, de la seguridad de lo que te resulta cómodo, el «sé» y «las cosas son de esta manera», a atravesar un periodo en que deja de ser sólido el suelo que pisas.

Se humilde y reconoce que hay cosas que no sabes creyendo que tendrías que saberlas. Si te preguntan por algo de lo que no estás al corriente, o en una conversación se trata un tema que no conoces, al pensar o decir «eso ya lo sé» sin ser cierto, no escuchas de manera activa lo que te están diciendo, construyes en tu cabeza argumentos para no verte descubierto, y pierdes oportunidades para aprender. El no saber no impide el aprendizaje, nadie nace sabiendo, pero no reconocer que no sabes sí que lo dificulta al impedir el cambio que lo promueve. Como dijo Confucio, «Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber».

Dos investigadores de la Universidad de Cornell en Nueva York, David Dunning y Justing Kruger, pusieron de manifiesto lo que se denomina Efecto Dunning-Kruger: «La ignorancia genera más confianza que el conocimiento». En sus investigaciones pusieron de manifiesto que cuanto más incompetentes somos en una materia, menos conscientes somos de ello y más sesgada es nuestra autoevaluación al respecto creyendo que sabemos mucho más de lo que realmente conocemos, y no solo eso. A las personas más incompetentes les cuesta reconocer la competencia de los demás. ¿Te resulta familiar? ¿Hay alguien en tu entorno que presume de cocinar la mejor paella y solo su receta es la auténtica, el que sabe más que su médico, el que conoce el motor de su coche mejor que el mecánico? En sentido contrario, cuanto mayor es tu habilidad y más competencias tienes desarrolladas en un determinado campo, más tiendes a infravalorarlas. Suele ocurrir que un experto en un tema considera que los demás sabemos más de lo que realmente conocemos, dan por sentado que muchas de las cosas que saben son algo obvio, que es algo que todos conocemos y subestima entonces su sabiduría. Es probable que al hablar con algún amigo sobre algún tema relacionado con tu profesión dabas por hecho, sin darte cuenta, que tu interlocutor sabía de lo que estabas hablando. Seguramente su cara de sorpresa o sus preguntas te obligaron a poner en contexto la situación y ofrecer explicaciones adicionales para que entendiera lo que tratabas de exponerle.

Resistencia al cambio

Tendemos a pensar que si algo ha funcionado hasta ahora continuará haciéndolo. ¿Para qué cambiarlo? Esta situación la he vivido continuamente en empresas al poner en marcha proyectos de coaching de equipos o coaching ejecutivo y en coaching personal en la que se disfraza un sentimiento de resignación y oposición a cambiar con un falso realismo vistiéndolo con pensamientos como: «Esto funciona bien, no lo toques», «siempre se ha hecho así y no nos ha ido mal», «mejor me quedo así, en realidad no estoy tan mal», «yo soy así y no puedo cambiar»… Esta actitud de inmovilismo no permite iniciar un proceso de aprendizaje. Cuestiónate lo que haces porque la realidad es muy tozuda y cambiante y si no te adaptas a las nuevas circunstancias el fracaso está a la vuelta de la esquina, y más con los tiempos que corren actualmente. Nos toca llevar a cabo un aprendizaje continuo para hacer frente a la rapidez con que todo se mueve. 

Baja autoestima y autoconfianza

La autoestima, la percepción que tienes de ti mismo de tu capacidad para enfrentarte a los retos que la vida te pone en tu camino, es uno de los factores fundamentales para impulsar y emprender un proceso de aprendizaje. Contar con una imagen positiva de tus capacidades y sentirte valioso juega a tu favor a la hora de adquirir nuevos conocimientos y habilidades al aumentar la seguridad en ti mismo y la creatividad para solventar los obstáculos que se presenten.  

En el estudio «Cómo influye la autoestima en el rendimiento académico de estudiantes de tercer año de educación básica de la Escuela Cuenca en el área de matemáticas» publicado en 2017 por Alexandro Darío Lojano Alvarado, de la Universidad Politécnica Salesiana de Ecuador, se identificaron como factores de autoestima que intervienen en el buen desempeño del aprendizaje la seguridad en sí mismos, la facilidad para socializar, inspirar confianza, el respeto de los demás, estar conformes consigo mismos, ser alegres y amables. Así mismo, una autoestima baja repercute en un deficiente desempeño académico, puesto que estos alumnos muestran poca motivación, no son organizados, ni dedican el tiempo necesario para estudiar. El estudio corroboró la hipótesis de trabajo de que la autoestima del alumno está significativamente relacionada con su rendimiento académico.

¿Cuáles son algunos de los principales frenos de una baja autoestima en el aprendizaje?

  • Una visión negativa, y en la mayoría de los casos distorsionada, sobre las capacidades para aprender y la valía personal. En muchas ocasiones su origen proviene de compararte con los demás y valorarlos como superiores a ti, al resaltar sus virtudes y capacidades, mientras que desestimas las propias.
  • Asumir los nuevos retos con pesimismo, con una actitud derrotista, de no poder conseguirlo.
  • Frustración y desánimo por no obtener resultados en un corto periodo de tiempo. Recuerda lo que has leído anteriormente sobre la curva de aprendizaje.
  • Tensión y estrés durante el proceso al estar constantemente juzgando la capacidad para controlar la situación y lograr el éxito. En ocasiones hay factores que escapan a tu alcance, no puedes tener todo controlado.
  • No tomar decisiones por miedo a cometer errores. Pierde el miedo a equivocarte. El aprendizaje despliega delante de ti numerosas opciones y caminos a seguir, por lo que en ocasiones puedes elegir una alternativa inadecuada, lo que no significa que no lo puedas subsanar o sea algo imperdonable. En el peor de los casos, has ganado experiencia para la próxima vez en la que tengas que resolver una situación similar.
  • Una actitud en exceso autocrítica. Quizá te pones el listón muy alto. Elige metas que puedas alcanzar, pero que te supongan un reto asumible. Si te lo pones demasiado fácil, dada tu baja autoestima, seguirás pensando que eres inferior, que cualquiera lo hubiera conseguido, sin valorar tu trabajo para lograrlo. Si el objetivo que te habías propuesto alcanzar es demasiado elevado al no haber tenido en cuenta tus recursos para lograrlo, y no lo consigues, reafirmarás tu creencia de que no vales, no puedes y solo lograrás frustrarte aún más abandonando cualquier intento posterior para alcanzarlo. Lo sensato consiste en plantearte metas asequibles con un ligero desafío.
  • El sentimiento de culpa. No te castigues por lo que crees que hiciste mal en el pasado, ya no puedes cambiarlo. Piensa que no salió bien porque en ese momento no eras consciente del impacto de tus actos, todavía no habías completado el proceso de aprendizaje. Mira hacia adelante y continúa aprendiendo y avanzando.

Pereza

Cualquier excusa es buena para no empezar: «hoy estoy cansado, mañana me pongo», «tengo que hacer otras cosas más importantes», «qué poco me apetece estudiar hoy, por un día no pasa nada». Al final, van pasando los días y no te has puesto en marcha. Si quieres aprender, olvida el corto plazo, vence la resistencia a la comodidad y se coherente con los objetivos que te has marcado, dale un sentido a tus actividades diarias orientándolas a ese logro. ¿La receta? Organización, disciplina, paciencia y perseverancia. 

Como decía un jefe que tuve, el que quiere encuentra un camino, el que no, una excusa.

No tengo tiempo

Tiempo tienes, pero no te organizas bien. Confundes lo urgente con lo importante, vas apagando fuegos, quieres hacerlo todo a la vez, obtener resultados inmediatos y el resultado es la frustración y el abandono.

Si no estás dedicando tiempo al aprendizaje en lo que te habías propuesto formarte o mejorar, es que en estos momentos no es una prioridad para ti. Si lo fuera, dejarías de lado otras actividades para dedicarte a aquello que estimas importante en tu crecimiento.

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