Algunas pautas para mejorar tu autoestima (Parte 1 de 3)

«Te has criticado a ti mismo durante años, y no ha funcionado. Prueba de halagarte y observa qué ocurre».

Louise L. Hay

«Puedes tener cualquier cosa que quieras si estás dispuesto a renunciar a la creencia de que no lo puedes tener».

Dr. Robert Anthony

«¿Por qué preocuparse por lo que otros piensan de nosotros, tenemos más confianza en sus opiniones que en lo que hacemos nosotros mismos?».

Brigham Young

Como comentamos anteriormente, si quieres poner en marcha cambios en tu vida que te conduzcan a las metas que te has propuesto alcanzar es condición necesaria que creas que puedes lograrlo, que eres capaz de afrontar los obstáculos e imprevistos que surjan, y que confíes en tus capacidades. Es decir, que tu autoestima se sitúe en un alto nivel.

Lo que piensas y crees acerca de ti mismo, la base de tu autoestima, está moldeado por los mensajes que te dices a ti mismo sobre cómo has vivido las experiencias que has ido atravesando y cómo te has sentido al respecto. Lo que piensas, los mensajes son algo subjetivo, no son realidades absolutas, son percepciones mentales que, como tales, puedes sustituirlas por otras más beneficiosas mediante un cambio de creencias, de actitudes y llevando a cabo acciones que refuercen el proceso.

Si con las respuestas a las cuestiones que planteábamos en el primer post dedicado a la autoestima llegaste a la conclusión de que esta es un área de mejora, a continuación te ofrezco algunas pautas para aumentarla.

Acéptate

Aceptarte no significa que te tenga que gustar lo que ves o que te resignes a permanecer siempre de esa manera y renunciar a mejorar las cosas. De hecho, la aceptación es el estado que precede al cambio. La clave de la aceptación consiste en situarte más allá de la aprobación o la reprobación, en trascender aquella realidad que niegas. Resulta más fácil cambiar aquello que aceptas, puesto que al admitir esa realidad se desvanecen sentimientos como el dolor, el enfado y los miedos que te dificultan o bloquean a la hora de dar un paso adelante hacia una nueva vida más satisfactoria. Por ejemplo, si te niegas a aceptar que vives la vida que otros quieren que vivas en vez de tomar tus propias decisiones, ¿cómo vas a conseguir ser tú quien esté al mando?

Coge otra vez papel y bolígrafo y reflexiona acerca de qué es aquello que no acabas de aceptar de ti:

  • ¿Qué me resulta difícil admitir de mí?
  • ¿Qué emociones, pensamientos y sentimientos no acepto de mí?
  • ¿Qué partes de mi cuerpo no me gustan?
  • ¿En qué tipo de situaciones no me acepto?
  • ¿Cuáles de mis acciones desapruebo?
  • ¿Qué pasaría si aceptara aquello que más me cuesta admitir de mí?
  • ¿Qué pasaría si aceptara mis emociones, pensamientos y sentimientos?
  • ¿Qué pasaría si aceptara las partes de mi cuerpo que no me gustan?
  • ¿Qué beneficios obtengo por no aceptarme?
  • ¿Qué es lo que me asusta de aceptarme?
  • ¿Cómo cambiaría mi vida si consiguiera aceptarme?

Elige tus pensamientos

Emoción + Pensamiento = Sentimiento. Es decir, que el cómo te sientes proviene de lo que piensas al surgir una emoción. Y salvo que haya alguien más en tu cabeza por alguna patología psíquica como la personalidad múltiple, que seguro que no es tu caso, depende solo de ti pensar de una manera positiva que te ayude a sentirte mejor o llenar tu cabeza de pensamientos que te conduzcan al malestar. No me extenderé más sobre ello aquí, puesto que trataremos el tema de los pensamientos con más profundidad en futuros post. Tan solo pretendo hacer hincapié en la importancia del curso de tus pensamientos en tu nivel de autoestima: si piensas que puedes, las posibilidades de lograrlo se incrementan, y si te hablas con pensamientos limitantes, lo más probable es que tu mente te bloquee, te paralice y no consigas tu meta.

Si tu autoestima es baja, pensar de una manera más positiva te estimulará a adoptar una actitud constructiva y abierta para encontrar soluciones y enfrentarte a la realidad.

Establece metas a tu alcance

Si dudas de tus capacidades y no confías en ti, no tiene sentido que definas unos objetivos ambiciosos. Comienza con una meta a la cual te resulte relativamente fácil llegar, con acciones que puedas cumplir y un plazo realista para llevarlas a cabo. Desglosar la tarea en pequeños hitos te ayudará a convertir la meta final en algo asequible y pondrás a tu alcance pequeños logros que te estimularán a continuar. De esta manera, al conseguir lo que te propones, irá aumentando tu confianza y poco a poco podrás ir estableciendo objetivos más complejos y evitarás la sensación de fracaso, frustración y sentimiento de culpa por no haberlo logrado, lo que disminuiría aún más tu autoestima. Si por el motivo que sea no has alcanzado esa meta inicial, analiza los motivos y replanifica bajando un poco el listón en vez de focalizarte en el supuesto fracaso. Ten en cuenta que todos cometemos errores, la perfección no existe, y que factores externos pueden dificultar e incluso impedir que vayas a conseguir todo lo que te propongas. Lo importante es superar la adversidad y levantarse de nuevo. Las personas con un alto nivel de autoconfianza no siempre logran sus metas, pero nunca se rinden porque confían en sí mismos y en sus habilidades.

Esto no significa que no seas ambicioso, sino que consideres y ajustes tus expectativas de acuerdo con los medios y capacidades con los que cuentas y con los que puedes adquirir ―por ejemplo, formándote en el tema en cuestión―, y en concordancia con las dificultades reales que tienes que vencer.

Ser realista implica no caer en una falsa autoconfianza sostenida en unas expectativas poco objetivas resultantes de valoraciones en exceso optimistas y manifestadas a través de declaraciones triunfalistas sin fundamento. Si atribuyes las aptitudes y actitudes de tu «yo ideal» a un «yo real», si no evalúas la dificultad real de conseguir los recursos externos que necesitas, estás viviendo en un mundo de fantasía. No te engañes a ti mismo.

Valora tus cualidades

Tienes numerosas cualidades, aunque no seas consciente de muchas de ellas. Tu autoestima mejorará si haces uso de ellas. ¿Cuáles son y cómo sacarles el máximo rendimiento? A veces nos resulta difícil identificar nuestros dones y talentos, ser objetivos con nosotros mismos.

Como mi pretensión es echarte una mano con todo esto, cuando terminemos de hablar de la autoestima dedicamos un par de artículos al tema de la valoración de las cualidades.  

No te compares con otros

Desde pequeños nos vemos impulsados a querer ser mejor que los demás, vivimos en un mundo en el que el sistema educativo y el mundo laboral nos presionan fomentando la competencia. SI tienes hermanos, probablemente te comparaban con ellos; en el colegio te hacían sentir bien si tus notas superaban a las de los vecinos o los hijos de los amigos de tus padres; te comparas con otro con miedo de que tu pareja lo encuentre más atractivo y te abandone; te comparas con tus compañeros de trabajo esperando ser mejor que ellos y lograr el ascenso; te comparas con tus amigos envidiando esas cualidades que tú no tienes… 

¿Por qué? Por esa creencia errónea tan extendida de que necesitas ser reconocido para ser amado y, si eres el mejor en algo, lo conseguirás. Por un sentimiento de carencia, de enfocarte en lo que te falta en vez de agradecer lo que eres.

El problema es que cuando te comparas con otros lo haces en desventaja, sueles confrontar sus fortalezas con tus debilidades y fijándote en lo que ellos tienen que a ti te falta. De esta manera siempre sales perdiendo en la comparación, crees que no eres lo suficientemente bueno y te sientes menos valioso y frustrado. ¿Resultado? Punto en contra para tu autoestima.

Cada uno de nosotros somos únicos y diferentes, ni mejores ni peores, cada uno con nuestras propias necesidades, circunstancias, capacidades y aspiraciones en la vida. Lo que es válido para otros puede que no lo sea para ti, concéntrate en tu vida, disfruta de tus logros, de lo que tienes y eres en vez de desear ser y tener lo de otras personas. Cada uno de nosotros nos encontramos en un estadio distinto de evolución, con un nivel de consciencia heterogéneo, por lo que vivimos nuestras vidas de manera diferente, con prioridades personales acordes con nuestros objetivos. Lo que la otra persona está aplicando en la definición de sus metas y la manera de conseguirlo no tiene nada que ver con tu plan de vida, por lo que no tiene sentido que te compares con él. No trates de ser una mala copia, sé el original: tú mismo.

Si te comparas con otros, que sea como fuente de inspiración, como un modelo a seguir para aprender de esa persona, como ejemplo a emular para mejorar como persona y alcanzar tus objetivos. Si esa comparación te alienta, te hace sentir mejor, te enriquece, adelante. En caso contrario, déjalo.

La única persona con la que puedes ―y debes― compárate es contigo mismo, con tu «yo» del pasado, con lo que eras hace un tiempo, ayer. Esa es una actitud de mejora continua que impulsará tu crecimiento personal y mejorará tu autoestima al constatar tus avances y logros.

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