Dejar pasar oportunidades
«Mejor me quedo donde estoy, no arriesgo y seguro que las cosas cambian», «no sé si aceptar el ascenso, el puesto que me han ofrecido me viene grande», «no estoy a gusto en mi trabajo, pero no me atrevo a mandar mi currículum a otras empresas porque seguro que no me seleccionan, se darán cuenta de que no valgo», «lo tengo todo planeado, pero no me atrevo a dar el paso adelante y abrir mi propio negocio. Ser empresario es muy difícil y creo que no estaría a la altura», «me encantaría salir con Elisa, pero en cuanto abra la boca va a pensar que soy tonto. Mejor no lo intento», «no me gusta salir con gente ni conocer a nadie nuevo porque me siento muy inseguro. Todos saben más de todo que yo y en las conversaciones apenas participo, me quedo a un lado callado. Cuando vuelvo a casa me siento como un idiota», «voy a dejar la carrera. Aunque voy aprobando y en algunas asignaturas saco buenas notas, no valgo para esto», «soy el tonto de la familia. Todos mis hermanos tienen estudios superiores y yo no tengo ni el bachillerato».
Estos son algunos ejemplos que me he encontrado en sesiones de coaching con personas con una baja autoestima. En la mayoría de los casos la percepción que tenían de ellos mismos era equivocada, muy equivocada. Tenían la capacidad de superar las situaciones que he descrito, pero ni siquiera trataban de conseguirlo. El miedo y la inseguridad les paralizaban, lo que hacía que se hundieran más. A algunos de ellos les recomendé comenzar una terapia con un psicólogo, yo como coach no podía atenderles. Nuestro código ético nos impide tratar patologías que quedan fuera de nuestro alcance.
¿Qué tenían en común? Dejaron escapar oportunidades que se les ofrecían, renunciaron a la posibilidad de una vida mejor por miedo al fracaso, a no estar a la altura, por la vergüenza ante el «qué dirán» si no lo conseguían, se resignaron a una vida gris y sin ilusiones, sin un proyecto por el que luchar. ¿Solo eso? No. Además padecieron las otras consecuencias de las que vamos a hablar a continuación.

Deterioro en las relaciones personales y con uno mismo
Como las personas con baja autoestima constantemente se comparan con los demás, y debido a esta baja autopercepción de sí mismos creen que son inferiores y poco importantes, suelen surgir sentimientos negativos, como los celos y la envidia; dependencia emocional; aislamiento social, y conductas agresivas.
Celos
Normalmente los celos, que provienen de pensamientos irracionales, es lo que sientes cuando te sientes amenazado por la posibilidad de la pérdida de algo que consideras tuyo, especialmente una relación de pareja. Su origen es el miedo al abandono o a que te sean infiel. El blanco de tus dardos no suele ser tu pareja, sino la persona que percibes como amenaza, ya que tu baja autoestima te hace ver a esa persona cómo alguien mejor que tú, más guapa, más inteligente y no paras de darle vueltas en tu cabeza a que va a dejarte por dicha persona. Cada vez que te hablan de ella, se eleva tu nivel de estrés, sientes angustia y ansiedad. Si tus reacciones son desmedidas, con continuos comentarios despectivos y salidas de tono, la situación se descontrola, acabas agobiando a tu pareja y abriendo una brecha en la relación. Una alta autoestima evita los celos: si te sientes seguro de ti mismo, aceptas que otras personas puedan ser más guapas, más listas, con una posición económica más alta y no ves amenazada tu relación aunque tu pareja se cruce con ellos. Y si tu relación se rompe, pues son cosas que pasan, no es algo que tenga que durar toda la vida. Por supuesto que duele, pero tu autoestima se recupera tras pasar por el periodo de duelo.
Envidia
La envidia es la consecuencia de creer que otra persona tiene cualidades, posesiones o que ha conseguido éxito o ha alcanzado logros de los que tú careces o no te ves capaz de obtener. Por ejemplo, cuando suben el sueldo o ascienden a tu compañero de trabajo, si tu pareja comenta que el vecino es guapo e inteligente, si tu amigo aprueba un examen que tú has suspendido…
Te comparas con otros, sales perdiendo, te sientes enfadado porque «el otro sí y tú no», dejas de valorar lo que eres y tienes, y aumenta tu infelicidad. No solo te castigas a ti mismo, además alimentas el deseo de hacer el mal a los demás y te alegras de sus males. Curiosamente, en alemán existe un término para esto: Schadenfreude, el sentimiento de alegría por el sufrimiento, infelicidad o humillación de otra persona. Al final, como no es posible disimular eternamente comportamientos asociados a la envidia, como hablar mal del envidiado, negarle cosas de forma reiterada, marginarle, difamarle, ofenderle, tus relaciones personales se deterioran.
Dependencia emocional
La dependencia emocional manifiesta todos los rasgos que define una baja autoestima: entre otros, la necesidad de que otras personas asuman la responsabilidad en la toma de decisiones importantes por tu inseguridad y miedo al fracaso, el temor a la separación y el abandono por tener que hacerte cargo de tu vida y cuidar de ti mismo, apoyarte en las decisiones y criterios de otro para no sentir la desaprobación y el rechazo de los demás. Por estos motivos, las personas con dependencia emocional no son capaces de romper una relación, se sienten incómodos y desvalidos sin su pareja o sin la persona en quien han «delegado» su vida. Creen que no son importantes y valiosos por lo que se ven superados por el miedo a no encontrar a nadie más que quiera estar con ellos y a quedarse solos. Como resultado, permanecen «cautivos» y sometidos a otra persona antes que enfrentarse a la que imagina dura realidad, sus relaciones son poco sanas y repletas de comportamientos y actitudes tóxicas por temor a que la relación llegue a su fin. No es el amor o el afecto lo que vincula a ambas personas, sino el miedo al abandono.
En sesiones de coaching, a menudo los coachees no reconocen esta dependencia emocional de otras personas, habitualmente de padres y pareja, porque la confunden con el amor; la lealtad; el «lógico» acatamiento a lo que los padres disponen; cuando en muchos casos no deja de ser un burdo chantaje emocional, la idealización de la otra persona, o con el autoengaño. Suelo invitarles a que me hablen de su vida cotidiana con su pareja o con la persona de la que parecen tener una dependencia emocional y, cuando surge la ocasión, planteo preguntas para que tomen conciencia de su dependencia:
- ¿Con qué frecuencia renuncias a tus deseos en favor de lo que quiere la otra persona?
- ¿Es lo habitual?
- En los dos o tres últimos meses, recuerda situaciones en lo que propusiste algo. ¿Quién cedió en cada una de ellas?
- ¿Necesitas la opinión de la otra persona cuando tienes que decidir algo, aunque sea poco importante?
- ¿Terminas haciendo lo que la otra persona ha dicho, aunque tu criterio no coincida con el suyo?
- ¿Te cuesta exponer tu punto de vista y defender tus opiniones?
- ¿Te sientes culpable cuando vuestras opiniones no coinciden por lo que evitas la confrontación y acatas su postura?
- ¿Qué pasaría si esa persona no estuviera en tu vida?
Analiza ahora cuáles han sido tus respuestas a estas mismas preguntas y te ayudará a entender de qué estamos hablando.
Aislamiento social
Es una de las consecuencias de la inseguridad, de creer que haces el ridículo, de no estar a la altura, de sentir vergüenza. Ante estas posibilidades renuncias a abrirte a los demás, a hacer nuevas amistades, a ser espontáneo; todo por si no caes bien o te rechazan. Los clientes con los que he tratado este asunto suelen referirse a haber sufrido acoso en el colegio, a unos padres excesivamente sobreprotectores o agresivos, a una adolescencia con rechazos por parte de miembros de su grupo de amigos o de personas con las que querían iniciar una relación de pareja como el origen de su aislamiento. A menudo las relaciones sociales les generan estrés y malestar por lo que las evitan, mantienen la distancia con los demás para protegerse y no sentirse dañados. Prefieren quedarse solos en casa navegando en internet, viendo la tele, interactuando en redes sociales con perfiles anónimos y falsos que les hacen vivir una falsa realidad y, en algún caso que he conocido, entregándose al alcohol o alguna droga. Esto provoca que baje aún más su autoestima.
Maltrato psicológico
Una autoestima alta no conlleva necesariamente que maltrates psicológicamente a otras personas. Al contrario, lo llevan a cabo aquellas personas con un intenso sentimiento de culpa por ser conscientes de las consecuencias y el precio que pagan por no hacer frente a su baja autoestima, por las heridas internas no resueltas por no haber hecho las paces con esa parte de su personalidad que componen su niño y adolescente. Esa frustración y rabia la pagan con los demás. Tratan de fortalecer su autoestima manipulándote, haciéndote sentir pequeño y poco valioso.
Por otra parte, en ocasiones, las personas agredidas también cuentan con una baja autoestima, pues la imagen que tienen de sí mismos es muy pobre, creen que son débiles, y poco merecedoras de algo mejor.
Trastornos mentales
Uno de los motivos más frecuentes de la demanda de asistencia psicológica radica en el tratamiento de las secuelas mentales y emocionales cuyo origen proviene de una baja autoestima.
Como hemos visto antes, una persona con baja autoestima se siente incapaz, indeciso para tomar decisiones, sin valor, se compara constantemente con los demás factores que explican la aparición de diversos malestares como desánimo, desesperanza, vergüenza, angustia y ansiedad.
Si no se pone remedio y estos estados anímicos se cronifican, puede dar lugar a depresión, trastornos alimenticios, drogadicción, alcoholismo y, en casos extremos, suicidio.
El estudio Autoestima y Trastornos de Personalidad de lo Lineal a lo Complejo, dirigido por Juan Manuel Ramos Martín, del Hospital Dr. R. Lafora de Madrid, demuestra que, a mayor autoestima, mayor salud; a menor autoestima, mayor patología. Una alta autoestima se correlaciona con sociabilidad, motivación, ajuste personal y bienestar, mientras que una baja autoestima se asocia a problemas psicosomáticos, retraimiento social y fracaso.
En los siguientes post detallaremos algunas estrategias para desarrollar tu autoestima, de momento reflexiona acerca de su estado. ¿Consideras que tienes una alta o baja autoestima? ¿En qué pensamientos, sentimientos y acciones se manifiesta? ¿Qué impacto tiene en tu vida?