Resumen libro El juego de la atención, de Marly Kuenerz (Parte 1 de 2)

Uno de los hechos que más me ha llamado la atención acerca de la «naturaleza» humana es el impacto que tienen las vivencias de los primeros años de nuestra vida durante el resto de la misma. Sobre todo porque es un periodo en el que no tenemos filtros, lo que nos introyectan padres, demás familiares, educadores y, en general, el entorno en el que nos movemos constituye la base de nuestras creencias y comportamientos. ¡Nos lo creemos todo! Por modelaje y refuerzo adquirimos una manera de ver la vida, herramientas que nos sirven para resolver situaciones que quedan grabadas en nuestro inconsciente y acudimos a ellas una y otra vez, aunque con el paso del tiempo ya han dejado de ser eficaces e incluso se han transformado en limitadoras de nuestras posibilidades al crear una disposición emocional negativa.

Por eso quería compartir con vosotros el punto de vista de Marly Kuernez, psicóloga brasileña autora del libro El Juego de la atención y del método del mismo nombre incluido en él. El libro nos ofrece en primer lugar una explicación de por qué ocurre lo que os he comentado y, a continuación, plantea cómo podemos superarlo.

Si como espero estas líneas os despiertan apetito de más, en su web tenéis información del taller que imparte.

En este resumen voy a poner el foco en los fundamentos básicos de su teoría para que te sirvan como toma de conciencia. Dejo fuera del alcance de este post los capítulos dedicados a las relaciones con otras personas, con la pareja, la culpa y nuestra parte trascendente. No porque sean menos interesantes o importantes, sino porque tan solo pretendo ofrecerte en este resumen las pinceladas esenciales del libro y despertar tu curiosidad para que te lances a la librería o a la biblioteca a por un ejemplar.

¿Qué es el juego de la atención?

Desde que nacemos, todos queremos que se nos preste atención, que se nos atienda, que se nos muestre cariño y respeto y, como norma general, nos sentimos bien cuando lo conseguimos y angustiados cuando fracasamos. Nos nutrimos de los demás y para ello utilizamos todos los medios de los que disponemos, probamos todos los comportamientos, actitudes y formas de ser.

Cuando eras niño, ibas probando hasta encontrar el «juego» con el que lograbas esa sensación de reconocimiento y ser querido. Desde ese momento ya no estabas a merced de las circunstancias, ya tenías el poder en tus manos, ya podías ser el centro de las atenciones; aunque fuera recibiendo golpes o regañinas. El niño se agarra con uñas y dientes a esa actitud, a ese comportamiento o forma de ser que le hace poderoso.

El problema comienza cuando el «juego» se fija, pasa a formar parte nuclear de tu personalidad y todo lo demás se va construyendo alrededor de aquello con lo que conseguiste el objetivo de ser visto y oído. Poco a poco, este «juego» se va haciendo cada vez más habitual y, con el tiempo, ya sale solo. Lo que comenzó como una forma de hacerse notar se convierte en una forma compulsiva de ser. Esas actitudes y comportamientos comienzan a dominar al adolescente y posteriormente al adulto. De una forma tan potente que la personas —‍yo, tú, todos— ya no tienen control sobre la situación. Así que olvidas que la situación ha cambiado, que ya no eres un niño sin recursos, que el tiempo pasó y no eres consciente de que, como adulto, dispones de un abanico de posibilidades que no tenías antes.

Al final te identificas con el papel que te has autoasignado: yo soy agresivo, depresivo, dependiente, rebelde, víctima, enfermo, loco, incapaz, distraído, vencedor, perdedor… el personaje que sea. Ya tienes una máscara que difícilmente te puedes quitar y unas creencias firmemente arraigadas que hacen que todo lo que pienses acerca de la vida y tus circunstancias este condicionado por este juicio sobre ti mismo. Y al creerlo, cada vez lo estarás fijando más, creando sin parar situaciones en las que te convences de que verdaderamente «eres así».

En esto consiste el juego de la atención, en olvidar quién eres realmente al identificarte con esa máscara y el papel que juegas de acuerdo a ella. Esa imagen ya tiene vida propia, te domina y crees que te protege y que sin ella estás perdido.

¿Cuál es tu juego de la atención?, ¿cómo consigues que se fijen en ti y conseguir la atención de los demás? Te copio, para tu reflexión, unos cuantos ejemplos que menciona Marly Kuenerz en el libro. ¿Cómo lo haces?:

  • ¿Siendo una víctima, lamentándote y quejándote de injusticias que has tenido que sufrir, todas las enfermedades, abandonos, esfuerzos, ingratitudes, irracionalidades y maldades de los demás, cargando la melancolía y el punzante dolor del que ha sido maltratado?
  • ¿O siendo aquel que siempre tiene las soluciones, sabe las salidas, sabe lo que deben hacer todos, cómo resolverlo todo, sabe las respuestas a todas las dudas?
  • ¿O bien eres el gracioso, el que divierte, distrae, cuenta los chistes, anima y eleva los ánimos de todos, distribuyendo energía y buen humor a los cuatro vientos?
  • ¿O eres aquel que siempre encuentra el punto débil, el fallo, la parte incompleta siempre en e inadecuada de todo, siempre en busca de una perfección inalcanzable?
  • ¿O eres el que siempre busca pelea, fricción, lucha, confrontación, indignado con el mundo y con la vida, exigiendo y avasallando a pesar tuyo?
  • ¿O eres el incompetente, el tonto, el que no consigue hacer las cosas ni obtener resultados, el que no es lo suficientemente inteligente, informado, culto o capaz, habilidoso, el eterno derrotado?
  • ¿O eres el eficiente, el práctico, el que se preocupa por todos, piensa por todos, provee a todos, cuida de todos?
  • ¿O el distraído, siempre en las nubes, viviendo tu propio mundo, ausente en tus devaneos y sueños?
  • ¿O eres el altruista, siempre preocupado y tratando de ayudar a los demás, sintiendo en tu carne las injusticias, las guerras, los dolores del mundo?
  • ¿O el responsable, que carga un peso en la espalda, que carga con todos los problemas y crees que si tú no te ocupas el mudo se viene abajo?
  • ¿O eres el eterno huidizo, que te escabulles de las situaciones que representen compromiso, enfrentar problemas o personas, responsabilidad o disciplina?

Tu pasado está presente hoy, influyendo en todo lo que piensas, sientes y decides. Produce «percepciones fantasma» de ayer que se te cuelan en tu realidad de hoy alterando tu forma de ver y vivir el mundo. Si lo que «impresionó tu retina» es un mundo pacífico, así ves la vida. Si fue un mundo peligroso y violento, así lo percibes ahora. Nada es bueno ni malo por anticipado, pues si percibes el mundo como un lugar sin peligros ni engaños, te comerá el león a la vuelta de la esquina. En cambio, si ves un mundo donde solamente hay leones, andarás por ahí lleno de escudos y defensas aun cuando estés rodeado de inofensivos corderos. Escudos imaginarios para peligros imaginarios…

¿Cómo tomaron forma tus juegos?

Lo que viviste en tu infancia tuvo una influencia decisiva en la configuración de tus circuitos neuronales y un gran impacto en tu vida afectiva y emocional. Todo lo que se grabó en esta etapa, está incrustado en lo más profundo de tu sistema nervioso y en tus células. En este periodo pasaste por varias tentativas de independencia. A los dos o tres años tuvo lugar la famosa «etapa de la negación», en la que querías hacerlo todo solo y tomar decisiones propias; te negabas a comer, a dormir, a bañarte, a obedecer… Querías ayudar a mamá en la cocina, seguir a papá como si fueras mayor, aventurarte en el mundo. ¿Cómo reaccionamos generalmente los mayores ante esto? Los padres acaban irritándose con los «no» a todo. Como el niño recibe como respuesta a su primera intentona de independencia una colección de regañinas, impaciencias y reproches…. «eres malo», «eres desobediente», «no sabes», «no eres capaz», se siente rechazado y en su mente se graba profundamente que independencia «es igual a peligro». Los adultos pierden la oportunidad de crear un sustrato de seguridad que facilitaría las futuras decisiones y pasos hacia la independencia que irremediablemente tendrá que tomar el futuro adulto.

A continuación, en la adolescencia, todo ocurre al revés. Si el niño se creía todo, el adolescente se opone a todo. Era el momento de aventurarte solo por el mundo, lo que suponía una gran amenaza. Dependiendo de cómo te hubieran resultado las primeras tentativas de independencia, la entrada en el mundo de los adultos la sentirías como amenazadora y peligrosa, o, al menos, como un reto. Necesitabas encontrar tu lugar dentro del grupo y tenías, además, que enfrentarte con la sexualidad, buscar pareja y competir con los demás… uff, muchos frentes de batalla, así que la emprendiste con lo que tenías más cercano a ti mismo: las normas que habías integrado dentro de ti. Dado que salieron de la boca de tus padres, estos fueron los objetos de oposición, de enfrentamiento; luchando con ellos te parecía que podías enfrentarte a tus propios condicionamientos de la niñez, a tu dependencia y a tus miedos. De nuevo nos encontramos con un momento incómodo para los mayores. Sienten la incomodidad de un enfrentamiento que no es suyo, que no corresponde a su momento de vida. Así que es muy común que, en este momento tan crucial, el adolescente sea malentendido, y se busquen vías de castigo y de imposición para mantener el orden que dificultan todavía más su papeleta. Se nota más que nunca la distancia que hay entre las generaciones. Además, el adolescente es un catalizador poderoso para traer a la superficie veladas carencias y escondidas dificultades de los padres, ya que ven reflejados en él sus propios miedos e inseguridades, así como perdidas esperanzas y dolidas frustraciones. En muchas ocasiones, es su propia problemática emocional la que provoca actitudes radicales y autoritarias en los mayores, haciéndoles insensibles a lo que está viviendo el adolescente. Es muy importante que el adolescente gane esta batalla, que logre superar su miedo y consiga integrarse en el mundo de «fuera». Solo así podrá finalmente aprender a decidir por sí mismo. Si no lo logra, podría seguir toda su vida remando a contracorriente. El adulto que se queda preso en esta etapa suele ser autodestructivo, pues hace un sobreesfuerzo cuyo fruto suele pagar muy caro, ya que terminará siendo una persona seca y desgastada.

Si se vive mal esta etapa o es evitada o es reprimida, la persona se quedará en la etapa anterior, infantil,  con un criterio titubeante, y se dejará influenciar notablemente por los demás, inseguro y dependiente, sin peso específico como ser humano. Por el contrario, si coge gusto a la lucha de poder, a la fricción, a la pelea, puede desarrollar una adicción a la fase de rebelión, provocando continuos roces, incapaz de sentirse vivo si no está en permanente tensión, luchando y reafirmándose. Puede llegar a ser incapaz de disfrutar de la paz y el bienestar que le proporcione la vida. Puede entrar en un círculo autodestructivo de lucha.

Para llegar a la tercera etapa, a la madurez, no es posible dejar de pasar por las dos anteriores. Al creer primero en algo y luego contrastarlo, llegas a tener un criterio propio, asentado en la experiencia. Cada vez que te sientas inseguro y dudoso respecto a algo, sabrás cómo elaborar la cuestión hasta llegar a una conclusión que será un suelo seguro sobre el que seguirás construyendo tu personalidad. Este proceso te hará sentir seguridad y confianza en ti mismo, y te ayudará a actuar de forma madura y responsable. En el adulto, las estrategias defensivas hacen que rara vez se den nuevas grabaciones. Siempre que la mente analítica y protectora se desbarata y el escudo protector cae dejando expuesta la película virgen de la mente, podrá grabarse información nueva. ¡Gracias a esto, también puede modificarse lo que está grabado! Aunque lo más común es que se revivan las grabaciones anteriores en una repetición interminable en las que cambian el escenario y los actores, pero el guion sigue inalterado. Ya no se trata de mamá ni de papá ni de los hermanos ni de los primos ni de los amigos del colegio ni de los profesores, tíos y abuelos; sino de otros adultos que ocupan el papel de los personajes de la infancia.

Si pudieras darte cuenta de la fuerza que ejercen sobre tus acciones estas grabaciones, podrías comprender un sinfín de comportamientos irracionales.

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