Después de algo más de año y medio, y de compartir con vosotros unos cuantos post, he decidido hacer una pausa en la publicación de los mismos. ¿Por qué? Porque creo que me estoy dispersando y ha llegado el momento de poner el foco y centrar mi actividad, tanto profesional como personal, en lo que considero prioritario en estos momentos, posponiendo aquello que me resta tiempo y energías. Así que a medio plazo me voy a dedicar a:
- Mi compromiso y colaboración como voluntario en el Teléfono de la Esperanza, una labor que me conecta con lo esencial de mi «para qué»: escuchar, acompañar y acoger desde la empatía: atendiendo a las llamadas de quien nos solicita consuelo y ayuda, como facilitador de procesos de coaching y diseñando e impartiendo talleres.
- Escribir un segundo libro, dedicado a la atención plena y el desarrollo de la conciencia. Os recuerdo que podéis adquirir el primero, De la queja a la acción. Transforma tu vida, en Amazon (https://goo.su/Daqzw).
- Atender a clientes en procesos de coaching personal y ejecutivo, acompañándolos en el camino hacia el logro de sus metas y la transformación en la persona en la que quieren convertirse. Si crees que puedo servirte de ayuda, puedes ponerte en contacto conmigo (nachoascorve@gmail.com).
- Disfrutar de la vida con mi familia y amigos.
- Mejorar mis habilidades tocando el bajo y ensayar con el grupo.
Espero haber satisfecho el propósito que me motivó a retomar la escritura en este blog: estimular en ti la reflexión y la toma de conciencia para un mejor autoconocimiento, e incitarte a la acción para avanzar por el sendero del crecimiento personal y lograr una vida más plena. Gracias por cada comentario, por cada mensaje compartido y sobre todo, gracias por tu confianza y tu atención.

También quiero agradecer su trabajo y buen hacer a Javier Luque, quien ha llevado a cabo la labor de corrección ortográfica y de estilo de cada post, como ya hizo con el libro que escribí.
Mientras tanto, hasta que volvamos a encontrarnos, te invito a seguir practicando lo que tantas veces hemos compartido aquí:
Goza y saborea la vida. Se puede terminar en cualquier momento, no des por hecho que vas a llegar a los ochenta y pico años y además rebosante de salud. Fuera excusas y échale coraje. No pospongas todo eso que te ilusiona, que te da energía, lo que te hace feliz. Pregúntate qué es lo que realmente quieres, a qué estás renunciando, cómo sería tu vida si lo consiguieras. Y la pregunta esencial: si nada cambia, si sigues viviendo como hasta ahora, ¿cómo será tu vida dentro de cinco, de diez años?
Toma las riendas de tu vida. Sé responsable de ella, asume y acepta que tú eres la causa de tus experiencias, que nadie tiene la culpa de lo que eres, haces, tienes o cómo te sientes. Lo quieras o no, lo sepas o no, lo pienses o no, tú ejerces el poder sobre tu vida. En definitiva, no es tu jefe ni tu pareja ni tus hijos ni tus padres ni tu entorno quienes toman las decisiones; decides tú. Vive la vida que quieres vivir, no la que los demás quieren que vivas. Di «no» cuando toca, de manera asertiva, sin sentirte culpable. No cedas ante manipulaciones y chantajes emocionales; no es egoísmo o es igual que lo sea: no será menor que el de aquello que quieren manejarte como a una marioneta. No significa que no hagas cosas que otras personas te solicitan o sugieren por el puro motivo de reafirmar tu independencia. Si eres tú quien elige hacerlo, no por imposición o presión, adelante con ello.
Encuentra tu «para qué». Todos estamos aquí para cumplir un propósito. De ti depende averiguar cuál es.Al determinar y especificar cuál es el propósito de tu vida, tus objetivos se revelan como algo evidente, tienes claro en lo que enfocar tu atención y acciones, reconoces cuáles son las opciones adecuadas, y administras tu tiempo y energía en la dirección correcta evitando que te disperses con lo que no es realmente importante para ti.
Cultiva una actitud proactiva y positiva. Desde una actitud positiva tiendes a entender lo que te ocurre de una manera optimista, aunque seas consciente de que tienes que afrontar dificultades. Esta manera de abordar la vida te incita a la acción y al logro de tus objetivos. Si quieres avanzar y crecer, es ineludible una actitud de apertura ante el cambio. El afrontar con éxito o fracaso las dificultades está determinado por tu actitud mental. El doctor Mario Alonso Puig lo expresa perfectamente cuando dice que «la actitud es siempre más importante que la aptitud. No son las cartas que nos tocan, sino la manera en la que las jugamos, lo que más impacto tiene en el juego». Según Stephen Covey, «el 10 % de la vida que tienes está relacionado con lo que te pasa y el 90 % de tu vida está relacionado con la forma en cómo reaccionas a lo que te pasa».
Si no juegas, no ganas. Arriésgate. En muchas ocasiones no podrás saber de antemano qué estrategia te va a funcionar mejor o si esta va a darte resultados. Acepta, pues, cierto nivel de riesgo en las decisiones que tomes. No te enredes buscando la solución perfecta, confía en ti mismo y tírate a la piscina.
Elige unas metas ilusionantes y asequibles. Para que desees cambiar y mantener en el tiempo esta decisión, el cambio debe ofrecerte la promesa de algo mejor, de algo que te ilusione y te emocione.En la construcción de tu visión, los argumentos racionales no son suficientes para vencer la resistencia al cambio, su motivación no es perdurable a largo plazo. Sin pasión no puedes hacer algo que merezca la pena, es la locomotora que tira del tren. Elige tus objetivos con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra, que sean motivadores y a la vez realistas, que puedas alcanzarlos. En este sentido, puedes encontrarte en una de estas dos situaciones: la primera, que piensas que alcanzar tu objetivo es más fácil de lo que parece y cuando te pones manos a la obra te das cuenta de la complejidad del asunto, por lo que probablemente pierdas la motivación y abandones cuando surja algún obstáculo; la segunda, la opuesta, que creas que conseguir eso que quieres es extremadamente difícil; entonces, ni siquiera lo intentas o buscas algún atajo.
Pierde el miedo al fracaso. Acepta que, en el camino hacia el triunfo, los traspiés y equivocaciones forman parte de la rutina, es muy probable que en el camino tropieces alguna que otra vez mientras vas aprendiendo. El primer intento no suele ser el bueno, lo habitual es dar dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Quítate la presión por conseguir siempre el éxito, la vida está formada por triunfos y fracasos. No puedes estar constantemente huyendo para evitar reveses, frustraciones y decepciones. Para liberarte del miedo a hacer algo, Susan Jeffers nos aconseja hacerlo aunque sientas miedo.
Satisface el precio a pagar. Bunker Hunt no lo podría haber expresado mejor: «El éxito es cosa sencilla. En primer lugar, uno decide expresamente lo que quiere; en segundo lugar, decide si está dispuesto a pagar el precio necesario para conseguirlo. Y luego hay que pagar ese precio».
Haz. Deseos sin acción = Fantasía. La diferencia entre quienes sueñan y quienes transforman su vida no está en la suerte o las circunstancias, sino en la acción. No esperes el «momento perfecto», porque no existe. El momento perfecto se construye con el trabajo diario, con pequeños actos y la voluntad de no rendirte. La diferencia entre quien eres y quien quieres ser es lo que haces. No necesitas tener todo resuelto para comenzar, no dejes de hacerlo por miedo a equivocarte o no ser el mejor. Al comienzo el indicador del éxito es simplemente actuar; lo que hagas, por sencillo que sea, ya es un progreso. Se trata de hacerlo lo mejor posible, sin compararte, sin presionarte por la autocrítica y el ego, sin seguir el modelo ganar/perder. No analices en este momento la calidad de lo que has empezado a hacer, el anhelo de la perfección puede llevarte a la parálisis, a persistir en darle vueltas a tu idea buscando continuas mejoras. Para evitar que un proyecto se quede en una mera idea, tan solo concéntrate en el siguiente paso y ejecuta la primera acción a llevar a cabo. Según vayas avanzando, la carretera se irá desplegando delante de ti.
Incorpora hábitos saludables. Las citas con las que comenzaba la serie de post dedicados a los hábitos resumen de manera concisa su importancia en tu vida:
«Puedo predecir el resultado a largo plazo de su éxito si me muestra sus hábitos diarios», John Maxwell.
«Primero hacemos nuestros hábitos, y luego nuestros hábitos nos hacen», John Dryden.
«Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito»,Will Durant.
«Los resultados solo pueden cambiar cuando cambiamos nuestras acciones consistentes y las convertimos en hábitos», Billy Cox.
«Motivación es lo que te da comienzo. El hábito es lo que te mantiene en marcha», Jim Ryun.
¿Para qué extenderme más? Dale un par de vueltas a estas citas y toma conciencia de que eres lo que son tus hábitos.
Planifica. La ambigüedad y la incertidumbre que preceden a un cambio generan resistencia al mismo. Por eso, si defines una estrategia en la que concretas y escribes tus metas, las acciones que vas a emprender para conseguirlas, los recursos que vas a utilizar y un plazo de tiempo razonable, en tu mente se reduce la inseguridad, disminuye la ansiedad y, por tanto, afrontas con más confianza el reto. Un plan bien estructurado te ayuda a mantener el rumbo, a priorizar lo importante sobre lo urgente, a distribuir el tiempo y la energía de manera eficiente, a convertir aspiraciones abstractas en metas concretas y alcanzables y a avanzar de manera constante hacia tus objetivos personales o profesionales. No obstante, sé flexible. La vida te regala continuamente cambios en las circunstancias, nuevas oportunidades, cosas que no salen como esperas, intereses que evolucionan o descubrimientos internos que alteran tus prioridades. Por eso, no te aferres a tu plan inicial; hacerlo puede ser contraproducente, pues te impide adaptarse a la realidad cambiante. Revisa periódicamente tus objetivos, tus estrategias y los progresos que vas alcanzando.
Gestiona tus prioridades. Tiempo para hacer cosas, tienes. Si no las haces, es porque en ese momento no son algo prioritario para ti. En realidad, no gestionas el tiempo, lo que gestionas son tus prioridades para optimizar el tiempo del que dispones. Muévete por prioridades, ese es el secreto del dominio del tiempo.
Y sobre todo, paciencia y perseverancia.
Como comenté al principio, esta no es una despedida, solo un paréntesis necesario para volver con nuevas ideas, con más experiencias y, ojalá, con una mirada más amplia para compartir contigo.
Ah, y no me voy lejos, ya te lo he dicho. Y si necesitas o deseas tenerme de vuelta solo tienes, como en aquella vieja película, silbar para que responda a tu llamada. Y para ello puedes utilizar cualquiera de los medios que te he dejado en este post y que siembran varios apartados de mi página web.
Y mientras tanto, no lo olvides: se feliz.