Prácticas de meditación y respiración (Parte 2 de 2)

Técnicas de respiración

Respiración diafragmática

  • Túmbate en el suelo con los brazos estirados a ambos lados del cuerpo y con las palmas de las manos mirando hacia arriba.
  • Relájate completamente, en especial la zona del estómago y el abdomen.
  • Ahora respira lenta y profundamente, concentrándote en el diafragma y sintiendo cómo el estómago se eleva, cuando inspiras, y desciende, cuando espiras.
  • Relaja cada vez más los músculos del estómago y utiliza el diafragma; este músculo, y no los músculos del estómago.

Respiración regular o media

Esta técnica regula y armoniza la respiración y la mente.

  • Respira lentamente por la nariz contando hasta seis.
  • Retén la respiración seis tiempos mientras concentras tu atención en el entrecejo.
  • Espira lentamente por la nariz contando hasta el mismo número, el seis.
  • Dependiendo de tu capacidad, puedes ir más despacio, contando mentalmente 8,8,8 o poco a poco aumentando hasta 16,16,16.

Es esencial que el tiempo de inspiración, retención y espiración sea el mismo.

Tensar/ Relajar y Respiración Doble

La respiración doble es una inspiración corta seguida de una larga y se realiza por la nariz.

  • Inspira profundamente por la nariz con una respiración doble.
  • Cuando hayas inspirado, tensa todo el cuerpo hasta que vibre, reteniendo la respiración mientras tensas.
  • Después, y por la boca, elimina la tensión con una espiración corta y larga, vaciando bien los pulmones, y relájate completamente.

Haz esto de tres a seis veces cuando te sientes a meditar.

Respiración yóguica completa

  • Concéntrate en adoptar la postura de pie correcta: columna derecha, barbilla paralela al suelo, pies a la altura de los hombros, brazos relajados a ambos lados del cuerpo.
  • Cierra los ojos y siente que estás concentrado en tu columna. Despacio, extiende los brazos a lo largo del cuerpo tocando el cielo y levanta la mirada.
  • Muy relajado y sin forzar, dóblate hacia delante espirando lentamente y llevando las manos hacia los tobillos, o al suelo si esto te resulta cómodo. Cuando hayas bajado hasta donde te sientas cómodo, los pulmones tienen que estar vacíos.
  • Mantén esta posición agarrando la pierna, el tobillo o con las manos en el suelo durante un momento.
  • Empieza a inspirar y gradualmente, ve levantando la columna hasta que estés totalmente derecho, los brazos extendidos por encima de la cabeza y los pulmones llenos de aire. Ponte de puntillas un momento y después pon los pies en el suelo.
  • Ahora espira lentamente llevando los brazos abiertos a ambos lados del cuerpo hasta llegar a la posición inicial de pie.
  • Puedes repetir esta secuencia tres o cinco veces intentando respirar más profundamente cada vez.
  • Cuando termines, mantente de pie con los ojos cerrados uno o dos minutos, sintiendo tu cuerpo relajado y lleno de energía.

Al finalizar este recorrido por la atención plena, la conciencia y la meditación como herramienta para mejorar estas capacidades, tan solo quiero recalcar un mensaje: la atención lo cambia todo. Al mejorar tu habilidad para focalizar tu conciencia, aprendes a habitar plenamente lo que está ocurriendo, sin juicio, sin huida. Aprendes a mirar de frente, a escuchar con apertura, a tocar la experiencia con una mente clara y un corazón presente. En definitiva, a estar más despierto. Y en ese «estar» empieza la transformación. Porque lo que miras con atención consciente se vuelve más vivo, más real, más tuyo.

En cuanto a la meditación, esta no es un destino, es un camino sin fin. Lo importante no es cuánto tiempo pasas sentado en silencio, sino cuánta presencia llevas a tu vida cotidiana. Cada respiración consciente es una forma de volver a casa. Cada instante de atención es una semilla de transformación.

La atención es la práctica más poderosa: entrénala, habítala.

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