El cambio (Parte 1 de 4)

“Las cosas no cambian; cambiamos nosotros.”

Henry David Thoreau

“Todo el mundo piensa en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.”

León Tolstói

“Si eres tú quien provoca el cambio, ya no te asustará.”

Spencer Johnson

¿Cómo vives el cambio?

¿Qué representa para ti el cambio? Cuando escuchas esa palabra, ¿qué emociones te despierta? ¿Sueles provocarlo o te ves arrastrado por él? ¿Es un marrón o algo ilusionante? ¿Cómo vives el cambio en tu interior? La respuesta a esta última pregunta contiene la clave: más importante que el cambio en sí, es cómo lo vives.

El cambio es movimiento: ir desde un equilibrio actual hacia otro futuro pasando por una situación de inestabilidad. Para Alex Rovira, «el cambio no es más que percepciones y actitudes positivas trabajando en una misma dirección, movidas por el deseo y con el apoyo de todo el poder de tu inconsciente».

¿Por qué vives el cambio con una percepción positiva o negativa?

Si interpretas que el futuro va a ser más o menos estable y que cuentas con las habilidades necesarias para hacerle frente, tu actitud ante él será positiva. Por el contrario, tu actitud no será muy positiva en cualquiera de los siguientes escenarios: si prevés un futuro lleno de incertidumbre, creas o no que cuentas con los recursos para afrontarlo, o si te ves incapaz de dar respuesta a los retos que se puedan presentar con los recursos de que dispones y los que podrías adquirir, aunque percibas un futuro cierto.

También tu manera de vivir el cambio depende de cómo gestionas la relación de estas dos variables: si ha sido elegido por ti o no (deseado o no) y la percepción que tienes de sus posibles consecuencias. Tu actitud será más positiva si crees que el cambio va a ser para bien y además tienes capacidad de elección. Este es el mejor escenario. También lo vivirás como algo positivo, si a pesar de no tener capacidad de elección, las consecuencias del cambio te resultarán de provecho.  Si tienes una percepción negativa acerca de lo que te va a traer el cambio y además no tienes capacidad de elección, no parece que lo vayas a experimentar como algo positivo, es el peor contexto. Una mala percepción del cambio con capacidad de elección puedes vivirla de una manera u otra en función de tu actitud positiva o negativa. En muchas ocasiones, la diferencia entre verte capaz de resolver una situación o no es el haber podido escoger tú y sentirte responsable de ella en vez de creer que está fuera de control porque te cayó encima sin que tuvieras elección. 

Unas cuantas preguntas para que reflexiones respecto a tu actitud frente al cambio

Ante una situación que requiere por tu parte un cambio:

  • ¿Dónde pones el foco, en lo que puedes ganar o en lo que puedes perder?
  • ¿La afrontas y buscas alternativas, aunque sientas un cierto temor ante lo que es nuevo, o te paralizas padeciendo la situación con dolor y temor?
  • ¿Tu objetivo es alcanzar una situación mejor o sobrevivir al cambio?
  • ¿De dónde proviene la energía que te impulsa a cambiar: de la motivación de superar un desafío, de aspirar a algo mejor o del miedo a perder algo?
  • ¿Canalizas las emociones que te suscita de una manera activa, con algún tipo de acción por tu parte, o tu respuesta es pasiva, sin ningún tipo de intervención?

La primera opción de cada pregunta revela un comportamiento orientado a responder al cambio desde una actitud positiva, de entenderlo como un reto, como una invitación a responder a un desafío. La segunda alternativa corresponde a respuestas conectadas con una experiencia del cambio como algo amenazante, algo a evitar.

¿Qué te dicen tus respuestas? ¿Te ha gustado lo que has oído dentro de ti? Puede que te hayas dado cuenta de que tu actitud ante el cambio es un área de mejora; de que, ya que el cambio es algo inevitable, mejor aceptarlo y en la medida de lo posible provocarlo adelantándote a los acontecimientos.

Ponemos fin aquí a esta primera parte del post dedicado al cambio, puesto que vamos a compartir mucha información, es mejor digerirla en unas cuantas entregas.  En la segunda nos centraremos en los aspectos que te impulsan a cambiar y veremos por qué te cuesta tanto cambiar. En la tercera parte hablaremos del precio a pagar para conseguir el cambio deseado y en la cuarta y última expondremos algunas estrategias para vencer la resistencia al cambio.

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