«Puedo predecir el resultado a largo plazo de su éxito si me muestra sus hábitos diarios».
John Maxwell
«Primero hacemos nuestros hábitos, y luego nuestros hábitos nos hacen».
John Dryden
«Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito».
Will Durant
Me he propuesto como objetivo para los próximos post despertar tu interés en algo crucial en la vida: los hábitos. Tratado en profundidad, este asunto da para escribir libros y libros en cantidad suficiente para abarrotar las estanterías de una biblioteca, de ahí mi humildad a la hora de abordarlo: tan solo pretendo que tomes conciencia de su importancia para que seas tú quien profundice leyendo a los «maestros» y aplicando sus enseñanzas (si solo lees, sin ponerlo en práctica, tendrás mucha información, pero nula experiencia y conocimiento. Recuerda esa máxima que suelo repetir hasta la saciedad: deseos sin acción = fantasía). Te propongo algunos títulos de la bibliografía básica: Hábitos atómicos (2018), de James Clear; El poder de los hábitos. Por qué hacemos lo que hacemos en la vida y en el trabajo (2012), escrito por Charles Duhigg, y Hábitos mínimos (2019), de BJ Fogg. Tendrás para estar entretenido unos meses.
¿Por qué son tan importantes los hábitos en tu vida? He elegido tres citas, las que he compartido contigo al comienzo del post, para que reflexiones al respecto y saques tus propias conclusiones. Léelas de nuevo con la máxima atención ¿Te ha servido para tomar conciencia del profundo impacto que tienen en tu vida? Pues venga, empezamos.
¿Qué son los hábitos?
Cualquier actividad que hagas en tu día a día de forma repetida, sin que sea necesaria tu atención ni esfuerzo alguno, es un hábito. Son atajos mentales aprendidos que se han automatizado gracias a la práctica continuada.
Cierra los ojos un momento y repasa mentalmente tus actividades diarias. ¿En cuántas de ellas identificas un hábito? Cuando te levantas de la cama cada mañana, ¿qué es lo primero que haces?, ¿desayunas, te duchas, revisas tus nuevos emails? Al ir a trabajar o a lo que dediques tu día, ¿sigues siempre el mismo camino? Cuando llegas a casa, ¿haces deporte, te sientas a ver la tele, lees un libro? ¿Qué haces antes de acostarte? Posiblemente sean repeticiones en tus rutinas cotidianas. En algún momento estas decisiones fueron deliberadas, tomadas de manera consciente, pero al repetirlas sistemáticamente dejaste de pensar en ellas y se convirtieron en algo automático, se forjó un hábito. Ahora te parece que esas decisiones son fruto de tus reflexiones, pero no es así. A partir de que algo en tu vida se automatiza, crea un patrón repetitivo que se pone en marcha de forma automática ante una determinada situación y tu cerebro deja de participar plenamente en la toma de decisiones. Son tus hábitos los que te han llevado a ellas. El bucle se corta cuando algo se sale fuera de lo normal, de tu rutina, entonces tu conciencia toma de nuevo el control.

¿Por qué son tan importantes?
Esta automatización es realmente útil, porque la mente consciente es el cuello de botella del cerebro. Éste solamente puede focalizar su atención en un problema a la vez. Como resultado, trata de preservar la atención consciente y destinarla a la tarea que resulta más esencial en un momento determinado. ¿Cómo lo hace? La mente consciente transfiere a la mente inconsciente las tareas para que las ejecute de manera automática sin hacer uso de la conciencia. Precisamente esta es la misión de los hábitos: reducir la carga cognitiva y liberar capacidad mental, lo que permite dedicar tu atención consciente a otras tareas más prioritarias.
Como has leído anteriormente en la cita de John Dryden («Primero hacemos nuestros hábitos, y luego nuestros hábitos nos hacen»), tus hábitos te han convertido en la persona que eres… y también pueden transformarte en el tipo de persona que quieres llegar a ser. Constituyen el cauce a través del cual desarrollas y sacas a la luz las creencias más profundas acerca de ti mismo; por eso, literalmente, eres tus hábitos y a través de ellos consolidas tu identidad. Esto último es de gran importancia; como veremos más adelante, si quieres cambiar un hábito, la motivación fundamental debe provenir de los principios y valores que quieres defender, de la persona en la que quieres convertirte, en esencia, de esa nueva identidad a la que anhelas llegar a ser.
Te encuentras limitado por los resultados a los que te llevan tus hábitos. Por este motivo resulta tan importante ser consciente de tus decisiones y elecciones en esas situaciones cotidianas que pueden tener un gran impacto en tu vida puesto que determinan la trayectoria que vas tomando. No pasa nada porque un día pidas comida a domicilio poco saludable o si coges un taxi en vez de volver andando desde el trabajo o si te quedas en casa en vez de bajar a correr al parque o si ves un episodio de tu serie favorita en vez de terminar la tarea. El problema aparece cuando permites que estas decisiones se te vayan de las manos y se conviertan en hábitos.
Los hábitos son los cimientos de la maestría. Cuando has interiorizado los movimientos básicos de alguna actividad de manera que puedes llevarlos a cabo sin pensar, entonces puedes prestar atención a aspectos más avanzados. Así, progresivamente, vas profundizando en el dominio de una materia. De esta manera los hábitos se convierten en la base de la excelencia. Sin embargo, en el camino tienes que prestar atención para no caer en el modo «piloto automático». Al comienzo, con cada repetición ganas fluidez, adquieres velocidad y mejora tu destreza. Pero conforme se arraiga el hábito y la acción se vuelve automática, paulatinamente vas siendo menos sensible a la retroalimentación y caes en la repetición inconsciente. De esta manera aumenta la probabilidad de cometer un error. También asumes que estás adquiriendo nuevas habilidades y consolidando las capacidades que estás desarrollando porque estás practicándolas con asiduidad, pero si lo haces de manera automática solamente estás reforzando tus hábitos actuales, no mejorándolos.
Es por eso que los hábitos son la mejor manera para consolidar cambios. El método más seguro para alcanzar tus metas consiste en crear buenos hábitos. Estos se sustentan en la ejecución regular de rutinas, que una vez afianzadas se ejecutan de manera inconsciente por lo que evitas tener que poner a prueba tu fuerza de voluntad y eludes el desgaste de energía que produce la lucha de la mente por vencer las tentaciones. Ya no tienes que recordar llevar a cabo la conducta elegida y eliminas el riesgo de rehuirla. El éxito es el resultado de tus hábitos cotidianos, no de transformaciones drásticas que se llevas a cabo una vez en la vida. Tu salud es un reflejo de tus hábitos en la alimentación y ejercicio físico; tu riqueza es un indicador de tus hábitos financieros; consigues lo que repites constantemente. Esas pequeñas batallas que ganas o pierdes cada día son las que determinan tu futuro. No te desanimes si al principio te cuesta. Una vez vencidas las dificultades iniciales, luego se convierte en parte de la rutina, ya no tienes que pensar en ello para hacerlo. No solo eso, una vez que la nueva conducta haya enraizado en tu día a día, desearás ejecutarla. Como afirma Joe Dispenza, tu cuerpo quiere hacer lo que hizo ayer. Si ayer saliste al parque a correr hoy querrás hacerlo de nuevo; si no lo hiciste, hoy tampoco te apetecerá. Moraleja: cumple con tus rutinas diariamente, no te permitas días de vacaciones o los resultados se resentirán.
¿Cómo surgen los hábitos?
Como vimos antes, los hábitos aparecen porque el cerebro trata de ahorrar energía y esfuerzo, por lo que intenta convertir las rutinas en hábitos. Así le permiten descansar más a menudo al no tener que estar pensando constantemente en tus conductas básicas, como por ejemplo andar, y dedicar esa energía a tareas más complejas, como las actividades que llevas a cabo en tu puesto de trabajo.
El proceso de la formación de un hábito se produce con una secuencia de ensayo y error. Ante una situación nueva, tu cerebro tiene que decidir cómo responder. En ese momento analiza y organiza la información que recibe y tomas una decisión de manera consciente. Esta acción (u omisión) produce un resultado que interpretas como premio o castigo. Entonces tu cerebro examina y cataloga los eventos que precedieron la recompensa o la sanción, aprende cuál es el mejor curso de acción y elabora estrategias para la siguiente ocasión. Así se crea un circuito de retroalimentación: prueba, error, aprendizaje; nueva prueba con ciertos cambios y repetición del ciclo. Con la experiencia, los movimientos inútiles desaparecen y las acciones útiles se refuerzan. Cada vez que te enfrentas a una situación de manera recurrente tu cerebro automatiza el proceso para resolverla, tus hábitos son un conjunto de soluciones automáticas. Ya no hay necesidad de analizar cada ángulo de una situación determinada. Tu cerebro ya ha superado el proceso de prueba y error y crea una regla mental: «Si se produce esto, el resultado es aquello».
Al repetir constantemente una actividad, tu estructura cerebral irá modificándose para ganar eficiencia en su ejecución. Con cada repetición, el envío de señales de una célula a otra mejora y las conexiones neuronales se fortalecen. Este fenómeno se conoce como la Ley de Hebb: «Las neuronas que se encienden juntas, se mantienen conectadas». Cada vez que repites una acción, estás activando un circuito neuronal específico que está asociado con ese hábito.
Puesto que cuando eres pequeño imitas los comportamientos y aceptas lo que te dicen aquellos que ves a tu alrededor, no eliges tus primeros hábitos. Asumes un guion introyectado por tus familiares, tus profesores del colegio, y demás personas de tu entorno. Estas normas sociales son leyes invisibles que guían tu comportamiento sin apenas darte cuenta de ello. Sigues los hábitos de tu cultura sin pensar, sin cuestionar nada y, muchas veces, sin que lo recuerdes.
Lo dejamos por hoy, que ya tienes mucha información para procesar. En las próximas semanas veremos cómo se manifiestan los hábitos, cómo identificar los hábitos que te limitan y aquellos que te potencian, cómo puedes modificar un mal hábito para convertirlo en uno que te ayude a lograr tus objetivos, por qué te resulta difícil conseguirlo… y algunas otras cosas que seguro despertarán tu interés.