¿Qué te motiva para salir de la cama cada mañana?

«No hay viento favorable para quien no sabe a dónde va».

Séneca

«Si se ha sentido sin esperanza. ¡Espere! Cambios maravillosos ocurrirán en su vida cuando comience a vivirla con propósito».

Rick Warren

«Los esfuerzos y el coraje no son suficientes sin un propósito y una dirección».

John F. Kennedy

¿Cómo has vivido tu vida hasta ahora, con un objetivo definido o como una hoja movida por el viento, sin rumbo alguno? ¿Has encontrado una dirección y un sentido a lo que haces o vives en modo «piloto automático», enredado con los estímulos y tentaciones del vertiginoso mundo en el que vivimos actualmente? ¿Te has preguntado alguna vez para qué vives, cuál es el sentido de tu vida? ¿Tienes claro qué quieres hacer con ella? ¿Sigues tu propio guion de vida o el que establecieron tus padres desde que eras pequeño? ¿Qué consideras que es para ti lograr el éxito? ¿Cómo sabes que lo has conseguido?, ¿cómo lo mides? ¿Has concretado los objetivos a corto y largo plazo que te conducen a una existencia plena, a lograr el éxito (de la manera en que tú lo hayas especificado) de acuerdo con un propósito de vida?

¿Alguna vez te has planteado estas preguntas? ¿No? Entonces este es el momento para hacerlo. Antes de continuar leyendo, coge papel y boli y escribe las respuestas a las preguntas anteriores.Te servirán para el trabajo que vamos a llevar a cabo a continuación.

Durante las próximas semanas voy a acompañarte en un viaje de introspección que te aliente y ayude a responder a estas cuestiones y a otras que irán surgiendo por el camino. En los siguientes post hablaremos de la importancia de tu «Misión y Visión personal», de lo que significa para ti el éxito y de cómo concretar tus objetivos a corto y largo plazo.

Muchos de nosotros llevamos una vida en la que tomamos decisiones sin tener en mente sus consecuencias a largo plazo, sin coherencia alguna con un objetivo concreto relacionado con el plan general de lo que queremos hacer con ella. A menudo, son el resultado de querer dar una respuesta rápida, y en ocasiones indolora, para resolver una situación con el menor daño posible, enfrentarnos a las circunstancias del momento o eludir la presión del entorno sin pensar si esa solución es la que nos beneficiará en el futuro o nos hará realmente felices. Nos hemos dejado llevar «por lo que toca» sin pararnos a reflexionar si eso es lo que realmente deseamos. ¿Elegiste tú lo que estudiaste para formarte profesionalmente o fueron tus padres los que escogieron por ti?, ¿te viste presionado a trabajar como médico, abogado o cualquier otra actividad porque tu abuelo y tu padre ejercieron como tal, porque esa profesión otorga prestigio social o se gana mucho dinero?, ¿aceptaste el primer trabajo en el que te seleccionaron sin pensar si era la mejor opción?, ¿te casaste porque era lo socialmente «correcto» en ese momento, porque gran parte de tus amigos lo hacían?, ¿tuviste hijos porque era lo que tocaba?   

Al determinar y especificar cuál es el propósito de tu vida, tus objetivos se revelan como algo evidente, tienes claro en lo que enfocar tu atención y acciones, reconoces cuáles son las opciones adecuadas, y administras tu tiempo y energía en la dirección correcta evitando que te disperses con lo que no es realmente importante para ti. De otro modo, sería como vivir dentro de un laberinto, dando tumbos, yendo de un lado para otro sin saber si realmente sigues el camino adecuado.

Sin un propósito de vida, dejas tu destino en manos de otros: pareja, hijos, amigos, jefes. Te conviertes en un peón, en un instrumento de sus estrategias para lograr sus propios fines en vez de liderar tu propia vida. No te dejes convencer por ellos de que tu vida debe encauzarse por lo que piensan que debe ser. Presta atención a sus opiniones, pero escucha a tu corazón: tu propósito es el tuyo, el que nace desde lo más profundo de tu «Ser», no el que los demás quieren que sea. Encuentra por ti mismo el rumbo que quieres seguir en tu vida. Si no lo haces, pagarás un precio muy alto por ello, no vivirás tu propia vida, sino la que otros quieren que vivas.

Víctor Frankl, neurólogo, psiquiatra y fundador de la logoterapia y del análisis existencial, famoso por su libro El hombre en busca del sentido, en el que describe su experiencia como prisionero en campos de concentración alemanes durante la segunda guerra mundial, escribió: «la máxima necesidad de los seres humanos es tener la sensación de sentido y propósito en la vida. Las metas nos dan esa sensación de sentido y propósito. Las metas nos dan un sentido de dirección. Conforme avanzamos hacia ellas nos sentimos más felices y fuertes. Nos sentimos más llenos de energía y eficacia. Nos sentimos más competentes y seguros de nosotros mismos y de nuestra capacidad. Solo nos sentimos verdaderamente felices cuando progresamos, paso a paso, hacia algo que nos importa».

¿Estás satisfecho de cómo se desarrolla tu vida, del rumbo que lleva?, ¿te gustaría estar en algún otro lugar llevando a cabo otras actividades diferentes a las que heces ahora? Si la respuesta no es un «sí» rotundo (no vale conformarse con «bueno, no me puedo quejar», «podría ser peor» o similares), quizá ha llegado el momento de replantearte algún cambio, asumir algunos riesgos y pagar el precio por una vida más satisfactoria. Como dijo Ray Dalio, filántropo estadounidense y fundador de Bridgewate, el mayor fondo de cobertura del mundo: «Es una ley fundamental de la naturaleza que para evolucionar uno tiene que empujar sus límites para ganar fuerza, lo cual es doloroso. Ya sea levantando pesas, enfrentando los problemas de frente o en cualquier otra cosa».

La pregunta clave, la que debes tener en mente cada vez que emprendas algo, cada vez que tomes una decisión importante, es: ¿esto que voy a hacer me acerca o me aleja de mi propósito?

Cuáles son los beneficios de vivir de acuerdo con un propósito de vida:

  • Simplifica el proceso de toma de decisiones y las acciones que llevas a cabo, pues estas se clasifican en dos categorías: las orientadas a ser coherente con tu propósito y las que te desvían de él. La elección adecuada te evita dar pasos en una dirección incorrecta hacia un destino incierto, camino que posiblemente con el tiempo tengas que desandar al darte cuenta de que «por ahí no es».
  • Puesto que eres lo que piensas la mayor parte del tiempo, tener en mente un propósito definido te proporciona un punto de enfoque que activa tu parte inconsciente en esa dirección. Lo que definas con claridad y detalle conscientemente pondrá a trabajar a tu inconsciente para hacerlo real.
  • Tu quehacer diario se vuelve más eficiente, dado que ya no malgastas tiempo y energías en aquello que no tiene sentido. Priorizas lo que alimenta tu propósito eliminando de tu agenda tareas innecesarias. De esta forma, tu propósito constituye tu mayor fuente de motivación.
  • Proceder de una manera coherente, alineando las acciones que llevas a cabo en tu actividad profesional y relaciones personales con tus valores y tu propósito te proporciona satisfacción con la vida, un sentimiento de contribución gratificante por el valor que aportas a los demás, tranquilidad y paz interior. En definitiva, felicidad. Además, es el mejor antídoto ante la incoherencia, la principal fuente de conflicto interior.
  • Vivir de acuerdo a tu propósito te aporta fuerza, energía y vitalidad para emprender todo lo que haces. Como vimos en el post dedicado a la actitud, la motivación que proviene de «acercarte a» es mucho más potente que la que procede de «alejarte de». Conectarte a tu propósito transmite entusiasmo a todo lo que emprendes, tus acciones cobran un sentido trascendente, lo que nutre un círculo virtuoso: tus logros te aportan fuerza y compromiso para perseverar, lo que a su vez provoca más éxitos que retroalimentan el proceso de automotivación.
  • Fortalece tu carácter, la confianza en ti mismo y tu autoestima. El compromiso de actuar de acuerdo a tus principios para ser fiel a tu propósito te facilita vencer a las dificultades y realizar sacrificios personales, aunque estos supongan hacer cosas que no te gustan y abandonarías o aplazarías por su incomodidad. Priorizas el beneficio y la recompensa a largo plazo ante la satisfacción inmediata. Esto es especialmente importante en los momentos difíciles. La vida no suele ser un camino de rosas; dificultades y obstáculos surgen a diario y en ocasiones, aunque ofrezcas tu mejor versión, no consigues resolver esas situaciones. En esos momentos, contar con un propósito te proporciona una guía y te sirve de apoyo para no desfallecer y continuar remando.
  • Constituye el primer paso hacia el éxito. Con el descubrimiento de lo que quieres ser y dónde quieres llegar dibujas el mapa que te sirve de referencia en tu vida, con el que posteriormente defines los objetivos y la planificación para conseguirlo. Sin esta información, tus acciones carecerán del rumbo que te lleve a puerto alguno. Sin un propósito claro en mente, resulta complicado establecer los objetivos y planes. Lee la biografía de aquellas personas que te inspiran por sus logros y examina qué puedes incorporar a tu vida para aprender de ellos y ayudarte a especificar cuál es el tuyo y cómo perseguirlo.
  • Vivir con un propósito en mente también afecta positivamente a tu salud. Resultados de numerosas investigaciones y estudios muestran que esta actitud se relaciona con una menor prevalencia de enfermedades crónicas: Alzheimer, dolor crónico, depresiones y una mejor calidad del sueño. El cardiólogo Randy Cohen, tras analizar diez estudios en los que se revisaba la relación entre salud cardiaca y tener un propósito en la vida en 136 000 personas, señaló: «las personas con un bajo sentido de propósito tenían más probabilidades de sufrir un derrame cerebral, un ataque cardíaco o una enfermedad de las arterias coronarias. Por el contrario, aquellos que vivían con un fuerte sentimiento de propósito mostraban una reducción del 19 % en eventos cardiovasculares». Celeste Leigh Pearce, profesora adjunta en el Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, y sus colaboradores llevaron a cabo un estudio en 2006, publicado en la revista JAMA Network Open, en el que se entregó a 6 985 personas mayores de cincuenta años un cuestionario con preguntas relacionadas con su propósito en la vida. Definieron el concepto de propósito como «un objetivo en la vida de autoorganización que estimula metas, promueve comportamientos sanos y da sentido a la vida». Los científicos hicieron un seguimiento de las causas de fallecimiento en los participantes entre 2006 y 2010 y dicha observación reveló que el riesgo de fallecer era menor para aquellos que tenían un propósito en la vida.

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