¿Qué es para ti el éxito?

Esta es una de las preguntas más subjetivas y complejas de responder. Cada uno de nosotros otorgamos un significado diferente y personal al concepto de éxito en función de nuestra historia, valores y objetivos.

Para unos consiste en satisfacer sus necesidades materiales básicas: alimento, vestido y cobijo; otros se consideran exitosos con unos ingresos económicos que les permitan sentirse seguros financieramente; algunos se sienten realizados perteneciendo a un grupo determinado y conectando con esas personas, dando y recibiendo amor y cariño: familia, congregación religiosa, empresa, círculo de amigos, asociación sin ánimo de lucro; ciertas personas desean obtener reconocimiento y status social por la profesión a la que se dedican, por el prestigio social de sus posesiones: un coche de alta gama, un móvil de última generación, una casa con piscina y numerosas habitaciones lujosamente amueblada, una abultada cuenta corriente en el banco, que se les distinga por una identidad exclusiva. Hay quien va más allá y asocia el éxito con el crecimiento y desarrollo personal, con el afán de superación, así como con un sentido de contribución, de dejar un legado, la satisfacción y orgullo del trabajo bien hecho, de sacar adelante un proyecto empresarial. Incluso para muchos, el éxito consiste en saber disfrutar de la vida, de las pequeñas satisfacciones y alegrías que nos concede el mero fluir por el camino.  

El psicólogo positivo Martin Seligman, en su teoría del bienestar PERMA, sugiere que la verdadera satisfacción proviene de cinco elementos clave: emociones positivas, compromiso, relaciones positivas, significado y logros. Esto nos lleva a pensar que el éxito no solo está en los resultados obtenidos, sino también en cómo vives mientras los alcanzas, que es un proceso más que un estado. A menudo, el éxito simplemente consiste en sentirte en paz con las decisiones que tomas.

¿Qué significa el éxito para ti? ¿Qué te hace feliz? ¿Cuáles son tus sueños?

A la hora de definirlo, ten en cuenta que no es lo mismo un deseo que una necesidad; no necesitas todo lo que deseas. Del deseo puedes prescindir, de la necesidad no. Muchas de las decisiones que tomas tienen su origen en satisfacer una supuesta obligación autoimpuesta (tengo que, debería) cuando en realidad proceden del deseo, no de una necesidad. Presta atención para no confundir lo que te mueve a realizar algo, una motivación, con la verdadera necesidad que subyace al estímulo a ejecutar dicha acción. Si te ayuda a conseguir tu objetivo y eres consciente de que es un medio, no un fin en sí mismo, puede tener un resultado positivo, pero no pierdas de vista cuál es el objetivo. 

Los deseos son la expresión social de las necesidades. Satisfacer un deseo no implica necesariamente satisfacer la necesidad que lo provoca. De satisfacer el deseo explícitamente solo conseguiremos una satisfacción temporal y, además, promueve el capricho. De aquí se deduce la primera clave: satisfacer la necesidad que provoca el deseo, no el deseo en sí mismo.

Abraham Maslow nos propone una alternativa. ¿Qué sucede si no dedicas atención a las necesidades de seguridad, pertenencia y reconocimiento? ¿Qué ocurre si tu atención se dirige hacia las «necesidades nobles»: crecimiento y contribución? Cuando tu energía vital se canaliza hacia ellas, las anteriores se equilibran, no hay demanda de necesidad. Cuando tu actividad cotidiana está orientada hacia un «para qué», tu brújula interior te permite determinar en el momento qué acciones son importantes y cuáles no.

Una vez leí esta definición de éxito de Nassim Taleb, ensayista, investigador, financiero libanés y miembro del Instituto de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York, que me gustaría compartir contigo como muestra de que el éxito no tiene por qué estar asociado al logro de alguna meta material: «te miras en el espejo todas las noches y te preguntas si decepcionas a la persona que eras a los dieciocho años, justo antes de la edad en la que la vida empieza a corromper a la gente. Deje que él o ella sea el único juez; no su reputación, no su riqueza, no su posición en la comunidad, no las decoraciones en su solapa. Si no te sientes avergonzado, tienes éxito. Todas las demás definiciones de éxito son construcciones modernas y frágiles».

Otro punto de vista para definir el éxito que me cautivó cuando lo leí en su libro Las siete Leyes espirituales del éxito, es el de Deepak Chopra, doctor especializado en endocrinología, profesor en diversas facultades de medicina y promotor de medicinas alternativas, que lo expresó como «el crecimiento continuo de la felicidad y la realización progresiva de unas metas dignas. El éxito es la capacidad de convertir en realidad los deseos fácilmente. Además, el éxito es una travesía, no un destino en sí».

No te dejes engañar por lo que la sociedad, las redes sociales y los medios de comunicación te venden como éxito. ¿Qué imagen asocias con este producto que pretenden que seamos? Posiblemente la de alguien con poder y capacidad de influencia, que ha llegado a lo más alto, con un físico esculpido en el gimnasio, millones de «like» en sus redes sociales, ostentación de su dinero, grandes lujos, una vida de ensueño constante que ha conseguido sin apenas trabajo; en resumen, un «triunfador». De hecho, es muy común hoy en día aplicar el término despectivo «looser» (perdedor) a aquel que no ha conseguido lo anterior y de quien hay que huir como de la peste. Cuidado con este espejismo, muchas veces disfrazado con filtros, es un éxito de «plástico». Te hacen sentir culpable, frustrado e incluso deprimido si no has conseguido todo eso. Mediante la manipulación introducen en tu mente la idea de necesidad. A partir de ese momento, como una necesidad es algo vital, harás todo lo posible para satisfacerla, será algo prioritario para ti conseguir esa «moto» que te han vendido, ya sea comprar, consumir, o ser esclavo de las redes sociales.

Un error que solemos cometer consiste en utilizar la riqueza material como indicador exclusivo de la medida de nuestro éxito, cuando tan solo es uno de sus componentes. Obviamente, el dinero es necesario para pagar tus facturas; la hipoteca de tu casa o el alquiler, los gastos de alimentación y vestido, la educación de tus hijos y todo lo demás no te lo van a pagar los duendes del bosque; y en la medida de lo posible a todos nos gusta vivir bien. Aun así, la verdadera riqueza proviene de la libertad de poder elegir cada día lo que realmente quieres, de gozar de buena salud física, mental y emocional, de sentir entusiasmo por la vida, de la realización en las relaciones con los demás, de la sensación de bienestar y paz.

Indudablemente, el dinero te proporciona los recursos que te permiten esa libertad y seguridad para poder elegir el estilo de vida con el que eres feliz, pero, si lo conviertes en tu dios, estás anteponiendo el «tener» al «ser». Como dice Sergio Fernández, Presidente del instituto de Pensamiento Positivo, «abundancia es no hacer nada por dinero y no dejar de hacer nada por dinero».

Lograr el éxito no se limita a conseguir una meta determinada en un solo ámbito de tu vida. Muchas veces, equivocadamente, creemos que tenemos que sacrificar y renunciar a otros aspectos importantes en los diferentes roles que jugamos como precio a pagar por alcanzar la meta cuando en realidad no son excluyentes. Por ejemplo, creemos que para llegar a la cima de nuestra carrera profesional debemos dedicarle todo el tiempo posible al trabajo, escatimando ese tiempo a disfrutar con nuestra familia y amigos. En este ejemplo, el éxito consiste en encontrar cómo compatibilizar una brillante carrera profesional con dedicar tiempo a tu familia y amigos. No es necesario renunciar a tu familia para que te vaya bien en tu trabajo, ambas prioridades son compatibles si te organizas bien.

La escasez, en su acepción más amplia, es la antítesis del éxito ¿Por qué, a menudo, nos saboteamos a nosotros mismos en el camino y, en vez de abundancia, cosechamos fracasos? 

De acuerdo con la PNL (programación neurolingüística), llevas a cabo un determinado comportamiento o acción porque de alguna manera te proporciona un beneficio. Por más irracional que te parezca, eso que hiciste en el pasado te aportó una ventaja, aunque desconozcas cuál es, posiblemente este beneficio se midió a nivel inconsciente. Al repetirse ese comportamiento adaptativo, vivir en la escasez se ha convertido en algo natural para ti. Piensa en la creencia «la riqueza financiera solo puede venir si explotas a los demás o lo adquieres de manera ilícita». Como esta creencia está muy arraigada en tu inconsciente y no quieres ser ni un explotador ni un corrupto, las decisiones que tomes obstaculizarán que obtengas éxito material para no sentirte así, la ventaja consiste en conservar el estatus de «persona honrada». En otras ocasiones, el beneficio que obtienes es atraer la atención de los demás, que estén pendientes de ti, tratando de inspirar lástima por tu situación de escasez. De esta manera se convierte para ti en una estrategia para conseguir ayuda y «amor».

El primer paso, si adviertes en ti esta actitud, consiste en darte cuenta de las ventajas que obtienes viviendo en la escasez y reconocer otras alternativas con los que puedas lograr abundancia.

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