Toma las riendas de tu vida. (Parte 1 de 2)

«Es fácil esquivar las responsabilidades, pero no podemos esquivar las consecuencias de esquivar las responsabilidade».

E.C. McKinzie

«El futuro no es algo con lo que te encuentras, es lo que creas».

Dr. Mario Alonso Puig

«Si algo de mi vida ha de cambiar, tengo que empezar por mí mismo. Si yo no cambio, nada más cambiará. El responsable soy yo».

Brian Tracy

Si no decides por ti, otros lo harán

¿Te sientes satisfecho con la manera en que se va desarrollando tu vida? ¿Eres razonablemente feliz? Piensa en las condiciones en las que se desarrolla tu vida laboral: ¿trabajas en lo que te gusta y en una empresa en la que te sientes a gusto? ¿Consideras que hay un equilibrio entre lo que aportas y tu salario? ¿Tienes tiempo para practicar tus aficiones? ¿Preferirías gestionar tu propio negocio a trabajar para otros, pero por presiones de tu entorno no te decides a lanzarte? Ahora reflexiona acerca de tus relaciones personales: ¿tu relación de pareja es satisfactoria? ¿Te llevas bien con tu familia? ¿Qué tal con tus amigos?

Si no te ha gustado alguna de las respuestas que te has dado, ¿culpas a alguien o algo, o sientes que eres tú el responsable de ello?

Amado Nervo, el poeta modernista mexicano, decía en su poema En paz: «porque veo al final de mi rudo camino / que yo fui el arquitecto de mi propio destino». En efecto, eres el arquitecto de tu destino. Puede que te suene algo grandilocuente, incluso ilusorio, pero tú mismo has originado y mantenido en el tiempo las circunstancias, escenarios, situaciones que han hecho posibles tus logros y fracasos en cada ámbito de tu vida. Por supuesto que hay acontecimientos que escapan a tu poder, en los que no puedes influir porque quedan fuera de tu alcance. ¡No está en tus manos acabar con el hambre en el mundo! Aun así, gran parte de lo que te sucede es responsabilidad tuya. Volvamos a las preguntas con las que iniciábamos el capítulo. Si no estás satisfecho con las condiciones de tu trabajo, ¿quién te obliga a quedarte?, ¿por qué no buscas otro?, ¿de quién depende la decisión?… De ti.

Si en tu vida en pareja hace tiempo que el amor se fue por la ventana, ¿puedes tú tomar la decisión de no continuar y regalarte un futuro de ilusión y esperanza?… Puedes. Posiblemente sea doloroso y no resulte sencillo, el cambio a menudo no lo es, pero es decisión tuya continuar con la queja o iniciar una nueva vida.    

Todavía recuerdo el alto precio que pagué por no salir corriendo a tiempo de un trabajo en el que terminó yéndome a buscar el Samur (Servicio de Asistencia Municipal de Urgencia y Rescate) por una crisis de ansiedad que concluyó con un diagnóstico de agotamiento físico y psíquico del que tardé un tiempo en recuperarme. Las señales para abandonar eran claras, los síntomas constantes, mi malestar creciente. ¿Por qué no salté del barco antes de hundirme? En ese momento ni me planteé cambiar de trabajo, no era una opción. Para mí, abandonar era sinónimo de fracaso. Quizá me paralizó el miedo al cambio, a tomar la decisión. Esperaba que las cosas se solucionaran solas, que el paso del tiempo mejoraría mis condiciones… La inexperiencia no fue buena consejera. En el fondo, todos mis argumentos no eran más que excusas para no asumir la responsabilidad. La experiencia supuso una lección en mi proceso de aprendizaje: la determinación de no volver a trabajar en una empresa, sector o actividad que no me satisfaga. ¡Todo suma!

Si no estás contento, te toca a ti cambiarlo. Si no lo haces tú, alguien (padres, pareja, jefes, amigos) lo va a hacer por ti; para alcanzar sus propósitos, no los tuyos. Generalmente estamos demasiado centrados en solucionar nuestros problemas como para involucrarnos en los de otras personas, apenas nos queda tiempo más allá del que dedicamos a nuestras prioridades; o somos demasiado egoístas para hacerlo, como apunta Javier Luque, mi corrector de estilo del libro que escribí (De la queja a la acción. Transforma tu vida).

Dependiendo de la aprobación y el apoyo de los demás para sacar adelante tus proyectos vitales no llegarás muy lejos. En lenguaje cinematográfico, eres el guionista, productor y actor protagonista de la obra de tu vida; los demás apenas desempeñamos el papel de extras, al igual que tú en las nuestras.

Siembra las semillas de lo que deseas cosechar, si no, pueden crecer malas hierbas, situaciones y escenarios para ti indeseables y con consecuencias desfavorables. Empieza ya a cultivar tu jardín con aquello que quieres ver crecer; cosechas lo que siembras, no hay ningún atajo.

No te estoy diciendo que sea cosa de coser y cantar. Para que esa vida ideal que te has construido dentro de tu cabeza sea real necesitas decisión y determinación; esto no es como lo pintan las frases sacadas del mundo de Pin y Pon escritas en tonos pastel de las tazas de café de la oficina. La actitud positiva es, como dicen los matemáticos, condición necesaria pero no suficiente. Concibe en tu mente la vida que quieres y obra en consecuencia para conseguirla: determina tus objetivos y trabaja para alcanzarlos alineando tus pensamientos y acciones. En el momento en que asumes la responsabilidad sobre tu vida y admites que estás donde estás como consecuencia de tus decisiones das un gran paso para avanzar y crecer.

Las personas a las que les va bien en la vida provocan las circunstancias que buscan. Richard Bandler y John Grinder, padres de la PNL (Programación Neurolingüística), descubrieron que todas estas personas tenían unas características comunes: 

  • Saben lo que quieren.
  • Saben si están consiguiendo lo que quieren.
  • Tienen flexibilidad para el cambio.
  • Pasan a la acción.
  •  

Tú eres el responsable de tus experiencias

Lo que has vivido hasta ahora ha sido consecuencia de tus elecciones, decisiones y actuaciones, tanto por acción como por omisión. Aunque elijas no actuar, no dar respuesta a lo que te desagrada, eso es una forma de tomar partido. Eres tanto lo que eliges ser como aquello a lo que renuncias. Al elegir tu respuesta a las circunstancias que se te presentan influyes poderosamente en ellas. En tu interior, continuamente y sin pausa, estás interpretando el significado de cada momento y de cada situación que vives de acuerdo con tus valores y creencias; un mismo evento puedes percibirlo como bueno o malo dependiendo de los parámetros que elijas. Por eso solo tú eres el responsable de tu situación, puesto que siempre puedes elegir esos parámetros con los que evalúas tus vivencias, cómo reaccionas y cómo valoras las cosas. Resulta crítico enfocarte en lo que deseas en contraposición a lo que no deseas. Si continuamente pones el foco de tu atención en las cosas malas de la vida, lo que no quieres y los obstáculos y dificultades que podrían surgirte, te sitúas a ti mismo en un estado que provoca esa clase de situaciones y resultados.

Posiblemente habrás oído la frase «un gran poder conlleva una gran responsabilidad», lo cual es verdad. No obstante, la cita resulta más interesante si le das la vuelta: «una gran responsabilidad conlleva un gran poder». ¿Y esto qué significa? Que si elijes asumir la responsabilidad de tu vida tendrás más poder sobre ella.

El aceptar la plena responsabilidad de tu vida supone dar un gran paso que te transporta desde la infancia a la edad adulta. Parece mentira, pero muchas más personas de las que crees nunca dan ese paso. Damos por supuesto que somos y nos comportamos como adultos, pero no es así. En mi experiencia como coach, tanto personal como ejecutivo, he conocido a hombres y mujeres que superan los cuarenta años que continúan echando la culpa de sus problemas y experiencias no deseadas a otras personas y circunstancias, pasadas o presentes, que creen ajenas a ellos: si la gente a mi cargo fuera más responsable, si contara con gente más preparada, si mi marido me valorará más, si no fuera por mis hijos… Lo peor es su actitud de inmovilidad, pretenden que cambie el mundo en vez de asumir su responsabilidad y siguen instalados en el victimismo y la queja. En el momento «eureka» en el que caen en la cuenta de que siempre pueden hacer algo, intervenir de alguna manera para que las cosas mejoren, las soluciones aparecen. Y no solo eso, también aumenta su confianza y seguridad. Ya no dependen las cosas de factores externos, sino de ellos mismos. Un gran paso adelante.

Claro que no es un paso fácil de dar, seamos realistas. No te ayuda vivir en una sociedad con una cultura que te impulsa a obtener satisfacciones y gratificaciones inmediatas sin dedicación, compromiso y trabajo. Tampoco, hasta cierto punto, eres dueño de ti mismo, pues gran parte de tus pensamientos y acciones provienen de tu «modo automático», son resultado de tus hábitos. Todo lo que te ocurre, los sentimientos y emociones con los que vives, quedan grabados en tu cerebro. Como comentamos en post anteriores dedicados a los hábitos, las situaciones tienden a repetirse y al cerebro le encanta ahorrar energía, crea hábitos: ante un acontecimiento en concreto, este busca hechos parecidos en el pasado y, cuando encuentra uno similar, genera las mismas emociones y comportamientos que se produjeron en ese momento. El libre albedrío, la capacidad de elegir libremente, opera en función del nivel de consciencia con el que vives. Habitualmente no elegimos, sino que reproducimos automáticamente algo que ya hemos vivido anteriormente. Si haces las cosas sin darte cuenta, con respuestas automáticas de tu inconsciente, te resultará más complicado asumir esa responsabilidad. Posiblemente te estés preguntando si puedes cambiarlo y la respuesta es que por supuesto. Como la mente subconsciente solo sabe hacer lo que le has programado, debes desaprender tus antiguas pautas mentales y emocionales y crear unas nuevas mediante la reprogramación y reconstrucción de los circuitos neuronales, que hasta ahora generaban esos hábitos, con nuevas sinapsis que instauren los nuevos hábitos deseados.  

No entraremos ahora en detalles, ya tratamos este tema anteriormente. Te recuerdo que para ello vamos a utilizar los mismos ingredientes con los que ya empiezas a estar familiarizado en estos post: perseverancia y paciencia; en este caso para pensar, sentir y actuar de manera diferente a la que estabas acostumbrado hasta ahora y dar una nueva respuesta a tus experiencias. Un trabajo que requiere dedicación completa.

La semana que viene seguiremos reflexionando acerca de cómo puedes tomar las riendas de tu vida. Empezaremos con una pregunta clave: ¿qué significa ser responsable de tu vida?, continuaremos presentando el círculo de preocupación y el de influencia, y terminaremos compartiendo algunas sugerencias acerca de por dónde empezar.

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