¿Qué significa ser responsable de tu vida?
Básicamente, ser responsable de tu vida significa que aceptas que eres la causa de tus experiencias, que no culpas a nadie por lo que eres, haces, tienes o cómo te sientes, y que ejerces el poder sobre tu vida. En definitiva, no son tu jefe, tu pareja, tus hijos, tus padres, tu entorno quienes toman las decisiones. Decides tú. Vives la vida que quieres vivir, no la que los demás quieren que vivas. No significa que por reafirmar tu independencia no hagas cosas que otras personas te solicitan o sugieren. Si eres tú quien elige hacerlo, no por imposición o presión, adelante con ello. Se generoso y ten en cuenta el impacto que producen tus actos en los demás, no te pongas siempre el primero en la lista, piensa en cómo puedes ayudar y hacer felices a otras personas. De hecho, cuanto más lo haces, cuanto más solidario eres, mayor es tu felicidad. Eso asegura el 4º Informe «La felicidad y la percepción de la salud» realizado por la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense y el Instituto Coca Cola de la Felicidad.
Cuando tomes conciencia de que has sido tú mismo quien ha provocado gran parte de tu infelicidad, tendrás la tentación de castigarte a ti mismo y afligirte. Procura no caer en un sentimiento de culpa autodestructivo, ten en cuenta que en cada circunstancia que se te presenta lo haces lo mejor que puedes, lo mejor que sabes con la información y los recursos de que dispones en ese momento. Ahora que estás aprendiendo a conocerte mejor, percibes y evalúas las cosas de una manera diferente. No tiene sentido juzgar tus comportamientos del pasado y sentirte decepcionado por ellos: formaron parte de tu proceso de aprendizaje. En ese momento era tu mejor respuesta posible.

Ser responsable no significa ser culpable. No es lo mismo hacerte responsable de tus problemas que tener la culpa de los mismos. A menudo ambos conceptos suelen aparecer juntos, socialmente se ha aceptado así, aunque no son lo mismo. La culpa supone una toma de conciencia respecto a una situación que la percibes como una deshonra, una desgracia o algo condenable: crees que no has cumplido con lo que se espera de ti. Es un sentimiento compuesto por varias emociones: comienza con la vergüenza que sientes al no «haber dado la talla», al que se une el enfado por la transgresión sufrida en tu «yo», un poco de asco por el hecho de sentirte indigno, miedo por las posibles represalias que puedan tomar contra ti y, por último, tristeza por la pérdida de tu ideal de identidad. Bajo el prisma de la inteligencia emocional, la culpa es la diferencia entre tu «yo real» y tu «yo ideal», la proyección de lo que nos gustaría ser. En el capítulo dedicado a las emociones ampliaremos este concepto. En ese momento trabajaremos de manera práctica cómo gestionar los sentimientos negativos producidos por la culpa y cómo transformarlos en la sensación de poder que proporciona el asumir la responsabilidad.
Al ejercer tu responsabilidad vives en el momento presente, pues esta proviene de las elecciones que haces en este instante, en cada momento del día. En contraposición, al sentirte culpable por algo, estás reviviendo en el presente tu pasado.
Observa las situaciones que te producen insatisfacción o infelicidad y considera si puedes asumir algún tipo de responsabilidad para cambiarlas. Permanece atento a señales como: enfado continuo, ira, impaciencia, falta de alegría, echar a los demás la culpa de lo que te pasa, querer controlarlos, cansancio frecuente o permanente, rencor, carencia de metas en la vida, sensación de fracaso… añade a la lista esos que tú ya sabes. Incluso obsérvate cuando estés enfermo. A veces queremos estar así. ¡Qué tontería!, estarás pensando. ¿Por qué dices eso?
Reflexiona sobre ello. En la sociedad actual hemos convertido la enfermedad en una manera de legitimar la evasión de responsabilidades o asumir situaciones desagradables, por lo que, si no eres capaz de decir «no», quizá de manera inconsciente te estés provocando un malestar, una enfermedad que lo diga por ti.
En el momento en que eres consciente de lo que estás haciendo u omitiendo es cuando puedes rectificarlo. Por ejemplo, si estás enfadado con tu pareja, pregúntate ¿qué es lo que yoestoy haciendo o no, culpo a él o ella de ello? Al corregirlo, sorprendentemente desaparece tu irritación con esa persona, ya no le culpas de lo que ocurre. Al asumir tu responsabilidad ya no pones el foco de lo que ocurre en el exterior, ejerces tu poder para mejorar la relación, por lo que emocionalmente te sientes más equilibrado, puesto que las consecuencias de lo que sucede emanan de tu comportamiento, ya no son culpa de otros. Bronnie Ware, una cuidadora de ancianos terminales, escribió Los cinco principales arrepentimientos de los moribundos. Cuando les preguntaba a estas personas acerca de lo que se arrepentían de haber hecho a lo largo de sus vidas, qué hubieran hecho de manera diferente, casi siempre surgían las mismas respuestas:
- Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que otros esperaban que hiciera.
- Ojalá no hubiera trabajado tanto.
- No haber expresado mis sentimientos.
- No haber dedicado tiempo a los amigos.
- No haber sido más feliz.
Círculo de preocupación / círculo de influencia
Stephen R. Covey, en su famoso libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, introduce el concepto círculo de preocupación/círculo de influencia como herramienta para medir nuestro grado de proactividad. Además de la utilidad de dicha herramienta para evaluar si tu actitud es predominantemente reactiva o proactiva, también nos resulta útil en este contexto. Tomar las riendas de tu vida supone centrarte en actuar sobre las cosas sobre las que tienes control, sobre las que puedes hacer algo, las que pertenecen a tu círculo de influencia, y olvidarte del resto, lo que se encuentra dentro del círculo de preocupación.
¿Cómo puedes saber en qué círculo estás?
En el círculo de influencia:
- Si eres proactivo.
- Si estás más orientado al «ser» que al «tener», puedes ser más paciente con tus colaboradores, con tus hijos, puedes ser más cariñoso con tu pareja.
En el círculo de preocupación:
- Si predominantemente pones tu foco en criticar y juzgar a otras personas, en los problemas que surgen y en las circunstancias sobre las que no tienes ningún control desatendiendo aquello sobre lo que sí tienes control.
- Si vives de una manera reactiva, sometido y gobernado por los guiones de tu vida que han escrito por ti tu familia, tu jefe, las agendas de otras personas, la presión de tu entorno y las circunstancias.
- Si vives en los «tener»: seré feliz cuando tenga un coche de gama alta, si no tuviera un jefe tan estúpido, si tuviera un hijo más estudioso, si tuviera una casa más grande.
- Si crees que el cambio debe darse en lo que está fuera de ti antes que cambiar tú, porque el «problema» está fuera, no dentro de ti.
- Si sueles sentirte culpable, impotente y acusas a los demás por tu estado, ya que otorgas a agentes externos el poder de controlarte.
- Si habitualmente empleas un lenguaje reactivo. Escúchate y observa si utilizas las siguientes estructuras: «si…», «no puedo…», «debo…», «tengo que…».
Hablando de problemas, ¿cuáles están en cada círculo? Dependiendo del control que puedes ejercer sobre las situaciones a las que te enfrentas, puede que el problema sea:
- Directo. Involucra a tu conducta. Se resuelve trabajando sobre tus hábitos.
- Indirecto. Involucra a la conducta de otras personas. Se resuelve cambiando tus métodos de influencia.
- Sin control. No puedes hacer nada con él. Lo único que puedes hacer es cambiar tu actitud, aceptarlo y vivir con él aunque no te guste. Una sonrisa tampoco está de más.
Reflexiona acerca de las situaciones que estás viviendo como problemas. ¿En cuál de estas tres categorías se encuentran? Ahora entra en tu círculo de influencia; desde ahí, ¿qué puedes hacer para resolverlos?, ¿cuál es el siguiente paso? Pues venga, hazlo, no te quedes parado.
¿Por dónde empiezo?
De nuevo un ejercicio de reflexión para la toma de conciencia. Siéntate cómodo, cierra los ojos, relaja tu cuerpo, inspira e inspira profundamente tres veces, y tómate el tiempo necesario para responderte a estas preguntas. Recuerda coger papel y bolígrafo para anotar las respuestas:
- ¿Cuál es el problema al que me enfrento ahora que más me preocupa? ¿En qué medida soy responsable de esa situación? ¿Estoy culpando a otras personas por ello? ¿Y a circunstancias externas, ya sean presentes o pasadas? Si me situó en el círculo de influencia ¿qué puedo hacer desde ahí?
- Si examino momentos clave de mi vida, ¿qué decisiones tomé? ¿En qué ocasiones me dejé llevar y permití que otros decidieran por mí? ¿Qué otras opciones tenía? ¿En qué ocasiones decidí por mí mismo? ¿Cuáles fueron las consecuencias de un tipo u otro de elección?
- ¿Qué acciones puedo llevar a cabo para asumir la responsabilidad en cada ámbito de mi vida en vez de culpar a los demás? Selecciona una en concreto, la que creas que tiene un impacto no deseado más intenso y pon fecha al primer paso para conseguirlo.
- ¿Qué excusas me pongo para no avanzar? ¿Tienen alguna base real? ¿Cómo voy a sustituirlas por argumentos y acciones efectivas que me permitan progresar?
- Si estuviera al mando de mi vida, ¿qué cambiaría respecto a lo que estoy haciendo hasta ahora para lograr lo que quiero? ¿Cuántos de los compromisos y objetos que me acompañan son prescindibles y/o suponen un freno para ser el dueño de mi vida?
- Identifica una situación que tengas que afrontar dentro de poco, que de acuerdo con tus experiencias en el pasado en momentos similares te comportaras de manera reactiva. Ahora sitúate dentro del círculo de influencia y piensa en qué vas a hacer para responder ante esa nueva situación de manera proactiva.
Me despido por hoy con unas últimas reflexiones:
Si has llegado al final de este post ya has dado un primer paso en el camino. La diferencia entre quienes sueñan y quienes transforman su vida no está en la suerte o las circunstancias, sino en la acción. No esperes el «momento perfecto», porque no existe. El momento perfecto se construye con el trabajo diario, con pequeños actos de valentía y la voluntad de no rendirte.
Recuerda: no necesitas tener todo resuelto para comenzar, pero sí necesitas comenzar para resolverlo todo.
Respira hondo y pregúntate: ¿Qué puedo hacer hoy, aunque sea pequeño, que me acerque a esa vida que merezco?
Hazlo, y mañana vuelve a hacerlo. Sí, posiblemente el proceso sea algo doloroso. Sí, habrá días en que quieras volver atrás. Ten en cuenta que lo incómodo no es señal de fracaso, es señal de crecimiento. Lo que hoy te asusta, mañana será parte de tu historia superada.
Deja de pedir permiso. No necesitas validación externa para vivir con propósito. La única aprobación que necesitas es la tuya.
A por ello, se tú el dueño de tu vida. Toma las riendas.