«Más vale un gramo de acción que una tonelada de intención».
Roger Federer
«Hay dos requisitos esenciales para el éxito. El primero es: “Pon manos a la obra” y el segundo: “Sigue con las manos en la obra”».
Bryan Tracy
«La diferencia entre quien eres y quien quieres ser es lo que haces».
Anónimo
Deseos sin acción = Fantasía
Posiblemente a lo largo de tu vida alguna vez has tenido la intención de redecorarla, como dice el anuncio, y probablemente planificaste cómo llevar a cabo todos los cambios que estimabas necesarios para lograr lo que querías conseguir. Apostaría a que lo hiciste en las primeras fechas del año o tras las vacaciones de verano. El gremio de psicólogos señala estos dos periodos, por razones obvias, como los más habituales para plantearnos nuevos propósitos y aspiraciones.
Sin embargo, cayeron las hojas del calendario, muchas hojas de muchos calendarios, y esos proyectos siguen en tu cabeza, nunca vieron la luz. Sigues sin pisar el gimnasio, hablando inglés por señas, fumando, alimentándote mal, enredado en una relación de pareja insatisfactoria, atrapado en un trabajo del que te gustaría escapar…
¿Cómo te sientes al respecto? ¿Qué pasó para que no salieran las cosas como querías? Quizá hasta diste los primeros pasos para lograrlo. Empezaste con muchas ganas, pero en poco tiempo abandonaste tus buenos propósitos y apareció la frustración. No estás solo: a mediados de enero, el 25 % de las personas ha abandonado sus buenos propósitos de Año Nuevo y seis meses después tan solo el 5 % persevera. Continuar depende, en parte, de la motivación y la voluntad. En realidad, la clave está en los hábitos, a esos a los que dedicamos unos cuantos post anteriormente.

Si empezaste, aunque interrumpieras lo que emprendiste, ¡enhorabuena!, al menos diste ese primer paso. La próxima vez que lo intentes tendrás más probabilidades de lograr el éxito, la experiencia te proporciona información para hacerlo mejor. Depende de ti transformar esa información en conocimiento.
Aunque sepas lo que quieres, por qué lo quieres, qué recursos necesitas y cómo conseguirlos, y las fechas para que el plan salga adelante; en definitiva, todos esos elementos que se tienen en cuenta en la planificación, si no lo ejecutas, habrás perdido el tiempo. Las cosas no se solucionan solas, si no haces algo, no van a mejorar. Como decía Maimónides, médico, filósofo, astrónomo y rabino en al-Ándalus, Marruecos y Egipto en el siglo XII, «El riesgo de una decisión incorrecta es preferible al error de la indecisión». Si ahora tu vida es mejor en algún aspecto, es porque has hecho algo constructivo para ello. Si aceptas que es en tu presente donde estás poniendo los cimientos de tu futuro, serás consciente de la urgencia e importancia de actuar manteniendo tu mente centrada en aquello que has elegido y quieres hacer y apartada de lo que no debes ni quieres hacer.
Paramahansa Yogananda nos revela el camino desde el deseo al logro de la meta: un «deseo» es una aspiración sin energía. Para materializarlo, en primer lugar hay que imbuirlo de una intención, de un proyecto concreto, de satisfacer un determinado anhelo. A continuación tienes que ejercer tu fuerza de voluntad, poner en acción el poder de la energía vital. Querer significa decir: «trabajo y trabajaré siempre, hasta que consiga cumplir mi deseo». Un objetivo no se logra con solo desearlo de forma pasiva.
Vamos a dedicar unos párrafos a la importancia de dar ese primer paso, de poner en marcha la maquinaria, de romper la inercia de la pereza, de hacer. Hay dos frases que me encantan al respecto: «La palabra éxito tiene tres letras: HAZ», y «lo bueno del primer paso que das no es tanto donde te lleva, sino que te saca de donde estás».
Empieza a hacer
Mark Manson, en su libro El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda, comparte con nosotros un valioso consejo que le dio su profesor de matemáticas de bachillerato: «Si estás atascado en un problema, no te sientes a pesar en él; comienza a trabajar en él. Incluso si no sabes lo que estás haciendo, el simple acto de trabajar en él al final propiciará que las buenas ideas surjan de tu mente». El verdadero conocimiento requiere de una actividad intencionada. No esperes a saber algo antes de hacer algo, lo más probable es que no ocurra nada. Solo la acción da vida al aprendizaje. Sófocles señalaba que «el conocimiento procede de la acción; la única forma seria de comprobar algo es probarlo».
No esperes a sentirte inspirado por las musas, a que te llegue por arte de magia la idea del millón de euros o a estar motivado para empezar a hacer. Si lo haces, serás el esqueleto tumbado en el sillón del próximo meme que circule por las redes. La acción también es causa de la motivación, no solo es su efecto. Resulta muy estimulante comprobar cómo vas obteniendo resultados y tu sueño toma forma. En vez de seguir el ciclo «Inspiración → Motivación → Acción», prueba a darle la vuelta: «Acción→ Inspiración → Motivación». Como decía el profesor de Mark, empieza a hacer, haz lo que sea y aprovecha eso que haces como una manera de poner en marcha tu motivación. No dejes de hacerlo por miedo a equivocarte o no ser el mejor. En este momento el indicador del éxito es simplemente actuar; lo que hagas, por sencillo que sea, ya es un progreso. Se trata de hacerlo lo mejor posible, sin compararte, sin presionarte por la autocrítica y el ego, sin seguir el modelo ganar/perder. No analices en este momento la calidad de lo que has empezado a hacer, el anhelo de la perfección puede llevarte a la parálisis, a persistir en darle vueltas a tu idea buscando continuas mejoras. Infinidad de veces, cuando trabajaba en el sector de la consultoría estratégica, se me echaba el tiempo encima a la hora de entregar un informe al cliente por buscar montañas de terabytes de información que me sirvieran de soporte para lograr la excelencia en el análisis de la situación y la redacción de conclusiones y recomendaciones. Gran parte de la información que recopilaba finalmente resultaba irrelevante, pero había invertido un tiempo en ello que más tarde echaba de menos. Posiblemente lo que buscaba no era información, sino seguridad y dar respuesta a mis miedos de «no estar a la altura», de que mi jefe no valorara mi trabajo. Por otra parte, los innumerables cambios y detalles que agregaba, las más de las veces, solían ser matices que el cliente no llegaba a valorar, pero que me habían robado tiempo para otros proyectos. Fue una escuela perfecta para aprender que lo excelente a menudo es enemigo de lo bueno y que es inútil aspirar a un nivel de perfección que lo que hace es paralizarte.
Las pequeñas acciones que llevas a cabo cotidianamente, a las que normalmente no les das mucha importancia, son la clave para triunfar en tus grandes conquistas. Dicho en lenguaje matemático por el japonés Sotuto Shimunito, 1365 = 1; 1,01365 = 37,08. ¡Lo importante que es un 0,01 de acción al año!Busquemos un poco de toma de conciencia. Recuerda algún cambio significativo en tu vida, alguno que tuviera efectos positivos. Ahora pregúntate cuáles de las pequeñas acciones que has realizado de forma habitual y frecuente son las causantes de ese cambio. Qué hay, por pequeño que sea, que se pueda convertir en una actividad regular que impulse los planes que tienes en tu mente.
El resultado final de una idea, su materialización, pasa por dos fases: en la primera surge la idea y planificas qué y cómo hacer para transformarla en algo tangible. En la segunda actúas hasta que la idea es algo real. Partimos de algo genérico y más bien abstracto, por ejemplo, la idea de una casa, y dotamos a esa idea de energía, de intención, en este caso, de los planos para construirla y finalmente la construimos. En la práctica, el 99 % de las ideas se quedan ahí, en el mundo abstracto de las ideas. ¿Dónde crees, entonces, que reside el verdadero valor de las cosas, en la idea o en su ejecución? Todos tenemos millones de ideas, pero ¿cuántas acaban transformándose en algo? Las mejores ideas del mundo no tienen ningún valor si no se ejecutan, el anhelo solo es efectivo si cristaliza en resolución. Haz algo con tus ideas, ahí está tu valía.
Concéntrate en el siguiente paso
Cuando repasas tu lista de tareas pendientes, ¿te sientes desbordado, incluso paralizado?A menudo tenemos tanto que hacer que nos sentimos perdidos, no sabemos por dónde empezar. Y a las tareas sin iniciar, se suman las que iniciamos pero no acabamos de rematar. Si además sientes en la nuca el aliento de que se agotan los plazos de finalización, aumenta la tensión y el estrés producido por la sensación de no llegar a tiempo. La situación te consume una gran cantidad de energía física, mental y emocional, energía que no tienes disponible para otros usos y cuya falta aumenta tu cansancio y preocupación, lo que más veces de las que quisieras te impide conciliar el sueño.
Cualquier cosa dentro de tu ámbito de influencia que consideres que no debe continuar en su estado actual demanda algún tipo de acción por tu parte, por lo que debes decidir qué es lo que vas a hacer para resolver esas situaciones. En concreto, tienes que definir cuál va a ser la primera acción que vas a llevar a cabo. Nadie va a trabajar por ti si tú no lo haces; estos asuntos permanecerán estancados hasta que decidas qué es lo que quieres conseguir y cuál será la próxima acción para lograrlo. Frecuentemente evitamos hacerlo hasta que la presión nos obliga a ello. Ya sabes el precio que pagas cuando no lo haces, ¿verdad?
Una diferencia crítica entre lograr el éxito en un proyecto o que este se quede como simple idea consiste en que determines los siguientes pasos tangibles y ejecutes el primero de ellos, independientemente de lo lejos que se encuentre la meta final. Como vimos antes, las acciones que realizas a corto plazo en relación con los objetivos a largo plazo son un factor crucial de motivación y despiertan la inspiración para determinar cuáles serán los siguientes pasos a seguir.
La clave para arrancar es centrarte en el primer paso e ignorar el resto del camino. Según vayas avanzando, la carretera se irá desplegando delante de ti. Como dijo el poeta, «se hace camino al andar». A menudo el peligro proviene del miedo que nos produce pensar en todo el camino que nos queda por recorrer en vez de concentrarnos exclusivamente en lo que toca ahora: el siguiente paso.
Tampoco te obsesiones con llevar a rajatabla tu plan de acción, probablemente esté muy bien diseñado, pero cuando empiezas a ponerlo en práctica en poco tiempo la realidad te muestra que se ha quedado obsoleto. No te quedes paralizado por ello, presta atención a las nuevas oportunidades que se te ofrecen, a aquello que ha surgido ahora y no habías tenido en cuenta inicialmente y replanifica. Tus prioridades, y por lo tanto tu próximo paso, van surgiendo como resultado de esa realidad cambiante, raramente coincidirán con tu planificación inicial.