Algunas propuestas para acercarte a la vida que anhelas

Si no juegas no ganas

En muchas ocasiones no podrás saber de antemano qué estrategia te va a funcionar mejor o si esta va a darte resultados. Acepta, pues, cierto nivel de riesgo en las decisiones que tomes. No te enredes buscando la solución perfecta, confía en ti mismo y tírate a la piscina.

Ábrete al cambio, a nuevas experiencias y posibilidades. Arriesga y asume que con cada elección te expones a lo desconocido. Posiblemente no te haga sentir cómodo, aun así, acepta la posibilidad de sufrir alguna pérdida, incluso fracasar.

Curiosamente, si no arriesgas, la vida, es decir, otros, decidirán por ti y no evitarás ni sufrimientos ni preocupaciones y, además, será como vivir una existencia en blanco y negro en vez de en tecnicolor: no aprenderás ni crecerás al negarte a explorar las posibilidades que se te ofrecen, te perderás experiencias apasionantes, no amarás por miedo a sufrir por perder lo amado, reducirás tus posibilidades de prosperar al aferrarte a lo que creíste seguro (aunque al final tampoco lo será tanto como crees), no serás capaz de descubrir tu potencial y saber hasta dónde puedes llegar. Cómo mínimo, te perderás el placer, la felicidad y la satisfacción de haberlo intentado.

Cultiva una actitud proactiva y positiva

Un estado mental positivo te infunde valor, perseverancia y seguridad, lo que mejora tu capacidad de respuesta al afrontar un cambio y asumir la transformación que conlleva.

El objetivo consiste en generar oportunidades y anticiparte a las posibles consecuencias negativas escogiendo la opción más adecuada, tanto para ti como para tu entorno. En definitiva, hacerte responsable del proceso de cambio siendo agente activo y no pasivo.

Elige unas metas ilusionantes y asequibles

Para que desees cambiar y mantener en el tiempo esta decisión, el cambio debe ofrecerte la promesa de algo mejor, de algo que te ilusione y te emocione. Esa ilusión junto a la pasión son los motores que te impulsarán a conseguir tus objetivos. Cuando te preguntes por lo que realmente quieres, pasa la respuesta por el filtro de la ilusión y comprueba si las emociones que te suscita te enganchan al cambio o no. En la construcción de tu visión, los argumentos racionales no son suficientes para vencer la resistencia al cambio, su motivación no es perdurable a largo plazo. Sin pasión no puedes hacer algo que merezca la pena, es la locomotora que tira del tren. La pasión te aporta la energía para revelar lo que llevas en tu interior que te impulsa a progresar y dar lo mejor de ti.

Visualiza los resultados que vas a conseguir y lo que vas a dejar atrás después del cambio. Te servirá de motivación el proyectarte hacia el futuro imaginando cómo será tu vida si lo logras. Sigue la secuencia ver-sentir-cambiar, propuesta por John Kotter y Dan Cohen, líderes en gestión del cambio y liderazgo. Estos autores sostienen que erróneamente creemos que, cuando queremos emprender un cambio con éxito, primero debemos analizar, después pensar y que, como consecuencia, finalmente cambiamos. Pero observaron que el éxito proviene de seguir otra secuencia distinta: ver-sentir-cambiar.

Elige tus objetivos con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra, que sean motivadores y a la vez realistas, que puedas alcanzarlos. En este sentido, puedes encontrarte en una de estas dos situaciones: la primera, que piensas que alcanzar tu objetivo es más fácil de lo que parece y cuando te pones manos a la obra te das cuenta de la complejidad del asunto por lo que probablemente pierdas la motivación y abandones cuando surja algún obstáculo; la segunda, la opuesta, que creas que conseguir eso que quieres es extremadamente difícil; entonces, ni siquiera lo intentas o buscas algún atajo.

Da un primer paso con el que te sientas seguro y obtengas resultados

Comienza con lo que en estrategia empresarial se llama «quick win». Son acciones a corto plazo que, en el marco de un proyecto a largo plazo, se implementan de forma sencilla, rápida, aplicando pocos recursos y se consiguen excelentes resultados.

Cuando alcanzas un objetivo en poco tiempo, tu actitud cambia al constatar que realmente estás mejorando algo en tu vida, lo que te impulsa a continuar. El factor tiempo es fundamental: si dejas pasar mucho tiempo entre la definición de tu objetivo y su ejecución posiblemente decaiga tu motivación.

Pierde el miedo al fracaso

El fracaso no es algo por lo que ineludiblemente debas pasar para lograr el éxito, aunque es muy probable que en el camino tropieces alguna que otra vez mientras vas aprendiendo. Acepta que, en el camino hacia el triunfo, los traspiés y equivocaciones forman parte de la rutina. El primer intento no suele ser el bueno, lo habitual es dar dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Recuerda tus comienzos montando en bicicleta, las raspaduras en codos y rodillas contra el asfalto fueron testigos del coste del adiestramiento.  

Asegúrate de que el cambio es respetuoso con tus valores

Ten en cuenta si el cambio encaja con tu identidad, si está alineado con lo que eres. Para ello, plantéate preguntas como ¿quién quiero ser?, ¿para qué necesito este cambio?, ¿me acerca a mi propósito?, ¿en qué me va a convertir?, ¿dónde me lleva?, ¿me gustaría ser el tipo de persona que haría ese cambio? Dado que tu identidad es algo esencial a la hora de tomar una decisión, un cambio que suponga una discordancia o incompatibilidad con esta lo más probable es que fracase. Por este motivo es fundamental que seas consciente de tus valores. Identifícalos.

¿Te ha pasado alguna vez que te resistes a implantar un cambio en tu vida porque en el fondo no te sientes identificado con él? Posiblemente es porque la propuesta no vino de tu interior, la originó la presión de tu entorno. Otras personas con su mejor intención trataron de hacerte ver, incluso imponerte, sus puntos de vista, sus creencias. Lo que puede funcionar para ellos no tiene por qué ser lo más adecuado para ti. Si tratas de cambiar para satisfacer sus expectativas, el cambio no será duradero.

El éxito en un proceso de cambio requiere coherencia entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces.

Planifica

La ambigüedad y la incertidumbre que preceden a un cambio generan resistencia al mismo. Por eso, si defines una estrategia en la que concretas y escribes tus metas, las acciones que vas a emprender para conseguirlas, los recursos que vas a utilizar y un plazo de tiempo razonable; en tu mente se reduce la inseguridad, disminuye la ansiedad y, por tanto, afrontas con más confianza el reto.

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