Terminamos esta serie de post dedicados a que encuentres lo que proporciona sentido a tu vida, tu «para qué», lo que te capacita para lograr una existencia plena y satisfactoria, y lo hacemos con unas sugerencias que te ayudarán a enunciar y concretar los objetivos que te conduzcan a ello.
Los objetivos no consisten solo en un mero listado de deseos o tareas por completar; constituyen un mapa que te guía hacia la vida que realmente anhelas. Como hemos comentado en anteriores post, sin una dirección clara es fácil sentirse desorientado, desmotivado o quedarte atrapado en tus rutinas. Sin embargo, al definir tus objetivos con intención, cuando alineas tus acciones con tus valores y aspiraciones más profundas, tomas el control de tu vida.
Hoy vamos a exponer algunas estrategias y pautas para establecer metas que sean alcanzables, motivadoras y transformadoras. Vamos a ello.

- Comenzamos insistiendo en que enfoques tus objetivos orientándolos hacia un «para qué». Posiblemente me estés llamando pesado o cosas peores, pero esta es la clave fundamental. Si no lo haces, los cimientos sobre los que construyes no serán sólidos y la casa acabará derrumbándose. Si no sabes por qué haces algo, tus actuaciones carecerán de sentido y claridad, por lo que te faltará criterio para tomar decisiones y motivación para superar los obstáculos que te irás encontrando en el camino. Insisto de nuevo, que la meta sea tu «para qué», algo que quieres realmente, no lo que otros esperan de ti, es esencial. Vive tu vida, no hagas las cosas por cumplir con las expectativas de otros ni para demostrar algo ni para encajar socialmente. Si tus objetivos no han surgido de tu Ser, de tus anhelos y sueños, tarde o temprano acabarás por abandonar o algo peor: infeliz por haber malgastado tiempo y esfuerzo.
- Describe lo que quieres conseguir de forma afirmativa y positiva. Evita expresar lo que no quieres. Por ejemplo, en vez decirte «no quiero ser perezoso», declara «voy a encontrar soluciones para ser una persona enérgica». Decide de manera consciente lo que quieres, porque eso determina lo que conseguirás. Recuerda que, si creas una imagen clara y detallada en tu mente, todo tu ser, tanto la parte consciente como la inconsciente, se «programan» para lograr esa representación interna de la meta que te has marcado.
- Redacta el objetivo de manera concreta, como una declaración de acción: Verbo + sustantivo (Incrementar el número de clientes anuales, desarrollar proyectos educativos en colegios, obtener un ascenso, emprender mi propio negocio). En ocasiones no conseguimos la meta soñada porque no la describimos de forma específica; la falta de concreción es determinante. Según vayas pasando del plano estratégico al táctico y finalmente al operativo, el nivel de detalle debe ser mayor, traduciendo los objetivos operativos en acciones concretas. De hecho, estas acciones operativas y sus plazos de cumplimiento se convierten en objetivos en sí mismos. Cuanto más especifiques tu intención, mayor será tu capacidad creativa para explorar diferentes opciones de conseguir el éxito. Dar respuesta a las siguientes preguntas te ayudará a que la definición de tus objetivos sea específica: «qué, cuándo, cómo, dónde, con qué, quién».
- Asegúrate de que la consecución del objetivo dependa de tus actuaciones, de factores en los que tú puedas influir personalmente.
- Añade unas cucharadas de ambición e idealismo. Piensa a lo grande. Aunque la teoría aconseja que tus metas sean alcanzables, sin esa chispa de ilusión, anhelo y fantasía, tu lado racional podría obstaculizar el conseguir tus grandes sueños. Soy consciente de que esto queda muy bonito como frase inspiracional en una camiseta, una taza o en un poster, y que en la realidad el equilibrio entre emoción y razón no es sencillo de conseguir. Ten en cuenta la diferencia entre lo imposible y lo que «aunque sea difícil, puedes conseguir con los recursos y el tiempo necesario, con paciencia y perseverancia», no renuncies a los desafíos. De todos modos, aunque a largo plazo tu meta sea «de altos vuelos», comienza con objetivos a corto plazo, con tareas para lograrlo que estén a tu alcance y alta probabilidad de éxito. A medida que avanzas ve subiendo el listón. Lo importante es la velocidad de crucero, la constancia. Si inicialmente te has planteado objetivos operativos demasiado ambiciosos y no los cumples, tu motivación se puede venir abajo y desistir. Juega a tu favor y ve paso a paso, sin olvidar la grandeza de tu Sueño.
- Visualiza cómo será tu vida y la de las personas de tu entorno cuando hayas logrado tu objetivo y qué consecuencias conllevará. Cerciórate de que el objetivo es «ecológico», que beneficie y sea respetuoso tanto contigo como con tu entorno.
- Establece tus objetivos haciéndote preguntas. Si están bien formuladas, activan los ajustes internos necesarios para darles sentido y contestarlas. Tu inconsciente se ocupará de esta tarea. Además, las preguntas promueven una nueva comprensión de la situación, te ayudarán a focalizarte y te impulsarán a la acción. Si te preguntas «¿por qué no puedo solucionar esta situación?», es posible que la repuesta de tu mente sea algo así como: «porque no te aclaras, porque no puedes, porque eres así y no vas a cambiar ahora, porque tu pareja/hijos/jefe no estarían de acuerdo, porque eres tonto, y otras similares». Qué tal si le das la vuelta a la pregunta y te dices «¿Cuál es la mejor manera de llegar a una solución que dé respuesta a esta situación?» Muy probablemente te llegarán alternativas, nuevos puntos de vista que te permitan resolverla. No solo eso, esas respuestas te pueden conducir a nuevas preguntas, hasta que consideres que has llegado a la definitiva, la que te proporciona la clave para lo que pretendes resolver. Un ejercicio revelador consiste en escribir tus reflexiones respecto a estas cuestiones:
- ¿Qué quiero y tengo?, ¿Qué quiero y no tengo?, ¿Qué no quiero y tengo?, ¿Qué no quiero y no tengo?
- ¿Qué resultado en concreto pretendo obtener?
- ¿A qué me acerca y de qué me aleja? ¿Qué quiero vivir y qué no?
- ¿Cómo cambiaría mi vida y la de las personas que me rodean si consigo mi objetivo? ¿Qué representa para mí conseguirlo? ¿Qué aportaría a mi vida? ¿Qué pasaría si no lo logro?
- ¿Estaría realmente comprometido para alcanzarlo? ¿Dedicaría el tiempo, el esfuerzo, el dinero y otros recursos necesarios?
- ¿Qué me impediría lograr el objetivo? Ten en cuenta tanto resistencias internas como externas
- Cada uno de tus objetivos debe estar en armonía con los otros. Tanto los estratégicos entre sí, los tácticos entre sí y los operativos entre sí como las tres categorías de objetivos entre sí dentro de un mismo área estratégica. Si uno de tus objetivos consiste en ascender en tu empresa, es más que probable que entre en conflicto con uno hipotético del área ocio que consista en mejorar el hándicap de tu golf practicando cuatro horas al día.
- Asocia cada objetivo a un proceso de verificación de resultado, bien a alguna magnitud medible, bien a un sentimiento que puedas identificar y que te muestre la evidencia de que lo has conseguido. ¿Cómo te darías cuenta de que has conseguido tu objetivo? Ten en cuenta información cuantitativa y cualitativa, ambas bien especificadas supondrán una excelente fuente de información.
- Márcate un plazo de tiempo realista para conseguirlo. Evita que se cumpla la Ley de Parkinson, que dice: «Toda tarea se dilata indefinidamente hasta ocupar todo el tiempo posible para su completa realización». Si no te pones un límite temporal corres el riesgo de ir postergando las tareas que te llevan al éxito, dejar que se diluya la motivación para alcanzarlo o que el éxito que buscas quede sepultado entre tus quehaceres del día a día. Pregúntate, con los recursos que tengo y los que puedo conseguir, ¿cuándo puedo alcanzar mi meta? ¿Qué voy a hacer cada día/semana/mes para lograrlo? Procura no engañarte en esto, las cosas llevan su tiempo hacerlas y un poco más si lo haces bien. No caigas en el tópico de «esto se hace en cinco minutos».
Resumiendo:
- Definir tus objetivos personales no es solo una práctica de planificación, es toda una declaración de compromiso contigo mismo y con el futuro que deseas construir.
- Cada objetivo que determines actúa como una semilla que siembras hoy para cosechar mañana.
- El trabajo que dediques a definir tus metas con claridad te acercará a tus sueños, te permitirá crecer, aprender y descubrir todo lo que eres capaz de lograr.
- Si alguna vez pierdes el rumbo o la motivación, vuelve a conectar con tu «para qué», reajusta tus planes y sigue adelante. El proceso de establecer y perseguir metas no suele ser lineal. Aprovecha este desafío como oportunidad para reafirmar tu compromiso de crecimiento y fortalecer tu carácter.
- Hoy es el mejor momento para empezar. Comienza preguntándote: ¿qué quiero lograr realmente? ¿Qué pasos puedo dar ahora mismo hacia esa dirección?
- Una vez que ya tienes clara la dirección hacia la que ir y los objetivos que te guían hacia esa meta, manos a la obra. Recuerda que un deseo sin acción es mera fantasía. ¡Haz!