La importancia de la autoestima

En las próximas semanas vamos a sumergirnos en un aspecto fundamental en tu vida, uno de los principales pilares sobre los que construyes tus decisiones, relaciones y la manera en que te enfrentas a la vida: la autoestima. Comenzamos con unas cuantas preguntas para que reflexiones y tomes conciencia de su importancia en tu vida y de cuán consistente es en ti en estos momentos. Continuamos con una breve descripción de cómo se ha modelado en las diferentes etapas de tu vida, con las consecuencias de tener una autoestima baja y, para finalizar, algunas sugerencias que te permitan fortalecerla. Vamos a ello.

La autoestima es uno de los factores más relevantes en tu bienestar personal. Si no crees en ti, ¿te ves capaz de iniciar un cambio de envergadura en tu vida, de poner en marcha las acciones que lo sustentan, de sacar a la luz tu mejor versión, de lograr los objetivos que te propongas, de sentirte bien contigo mismo?

¿Cómo te enfrentarías a una hipotética entrevista de trabajo?, ¿responderías al entrevistador con confianza en tus posibilidades o de antemano pensarías que el puesto es para otro porque no das la talla, porque no vales?

Cuando te presentan a gente nueva en una fiesta o cualquier otro acto social, ¿te sientes seguro de ti mismo, te sientes cómodo conociendo a nuevas personas y disfrutas de las conversaciones o te escabulles rápidamente porque te sientes «pequeño» comparándote con ellos, abrumado pensando que tu conversación no es interesante, que vas a hacer el ridículo; no te muestras seguro por tu aspecto físico o cualquier otra cosa que te hace sentir inferior a los demás?

Cuando vuelves a casa después de la fiesta, o de la entrevista de trabajo, o de cualquier otra escena cotidiana en la que te relacionas con otras personas, ¿te ocurre con frecuencia que no puedes dormir porque entras en modo «aquelarre obsesivo» y no paras de darle vueltas a lo que dijiste o hiciste pensando que hiciste todo mal o podías haberlo hecho de otra manera?

Cuando necesitas tomar una decisión, ¿generalmente confías en tu criterio o dudas constantemente y pides su opinión a todos los que se cruzan en tu camino y le otorgas más valor a su criterio que al tuyo?, ¿haces cosas que no quieres hacer por no saber decir «no», por buscar la aprobación de los demás, por miedo a la soledad, por lo que lo que los demás puedan decir de ti?

En términos generales, ¿te cuesta aceptarte, en tu diálogo interior predomina la autocrítica?

Cuando tienes que afrontar un nuevo proyecto, ¿confías en tus posibilidades y te pones en marcha o desistes porque desconfías de tus capacidades y te ves superado por tus miedos y la incertidumbre?

La percepción que tienes de ti, lo que crees que eres y que no eres, afecta profundamente a todos los aspectos de tu vida, a tu trabajo, a tus relaciones personales y de pareja, a tu situación financiera. Decreta, para bien o para mal, tu progreso en la vida. De acuerdo con Carl Rogers, fundador de la psicología humanista, «la raíz de los problemas de muchas personas es que se desprecian y se consideran seres sin valor e indignos de ser amados».

¿Cómo puede ser tan determinante en tu devenir lo que piensas que eres, tu autoestima? Tu mundo interior y el exterior son una sola cosa, creas el mudo a través de tus modelos mentales. Como dijo Henry Ford, el fundador de la empresa de automóviles Ford, «tanto si crees que puedes como si no, tienes razón».

Si crees que eres capaz de vencer los retos y obstáculos que surgen en el curso de tu vida, de lograr los objetivos que te propongas recurriendo a tus habilidades en vez de poner tu atención en tus carencias y otros aspectos negativos, aumentan tus posibilidades de éxito, puesto que te sientes a gusto contigo mismo, competente y optimista respecto a la vida. Tus relaciones son más enriquecedoras, generas una gran vitalidad y energía interior que te impulsa al logro, te muestras abierto y receptivo a las oportunidades que se te ofrecen, no te autolimitas… todo ventajas.

Un segundo matiz que configura tu autoestima es el respeto por ti mismo, traducido en una acción coherente con tus valores, tu Ser, y la aceptación de lo que eres (y lo que no eres). Muchos de los problemas que surgen en la adolescencia relacionados con desórdenes alimenticios (bulimia, anorexia) provienen de que los adolescentes no aceptan sus cuerpos y tratan de alcanzar el ideal físico que dictan los parámetros sociales que establecen lo que es bello y lo que no.

Si en lugar de creer en ti, si tu autoestima es baja, todo se te hace cuesta arriba y sueles tirar la toalla antes de haberlo intentado. Tus miedos e inseguridades toman el mando y dificultan e incluso paralizan tus intentos de cambio y de lograr tus metas e intoxican tus relaciones con los demás. Al final se cumple lo de la profecía autocumplida. Como ni siquiera diste el primer paso para conseguirlo, te consideras fracasado y te confirmas a ti mismo que no podías lograrlo descendiendo un peldaño más en el pozo de tu autoestima.

La autoestima es algo que nace de ti, nadie te la puede proporcionar. No la busques fuera porque no la vas a encontrar. ¿De qué te vale que los demás te quieran y te respeten si tú no lo haces? ¿Tiene sentido proyectar una imagen de seguridad y aplomo, ponerte esa máscara ante los demás, si por dentro estás temblando de miedo y te sientes inseguro? Es tu propio juicio acerca de ti y no el de los demás el que te proporciona la confianza en ser apto y ser capaz de tomar las decisiones adecuadas. Puedes aprender de los demás, pero el verdadero conocimiento proviene de ti, no puedes pensar a través de la mente de otros.

¿Cómo es tu autoestima?

¿Confías en tus capacidades para resolver las situaciones que se presentan, salvar obstáculos y conseguir lo que te propones? ¿Te sientes seguro de ti mismo? ¿Factores externos como lo que opinen los demás o circunstancias desfavorables en tu entorno influyen poco en la percepción que tienes de ti? ¿Gestionas tus emociones de manera constructiva? ¿No necesitas defender tu imagen, ya que tus actos hablan por ti? ¿Expones tus puntos de vista con asertividad, de forma calmada y sin necesidad de ponerte a la defensiva? Si has respondido afirmativamente, tu autoestima es alta y estable. 

Una autoestima alta e inestable significa que, aun teniéndola alta, no eres capaz de mantenerla de manera constante. ¿En qué circunstancias flaquea? Ante un contexto competitivo, en un ambiente estresante, cuando te derrumbas ante la amenaza de lo que consideras un fracaso, cuando te muestras a la defensiva o agresivo para exponer tu punto de vista porque sientes que en ese momento tu autoestima es vulnerable, cuando no aceptas las críticas porque te hacen sentir inseguro.

Un tipo «perverso» de alta autoestima es el engreimiento y la vanidad. Se identifica con comportamientos como no ser capaz de reconocer un error, culpar a otras personas por lo que no sale bien, ser incapaz de escuchar a los demás, no hacer autocrítica, tener la percepción de uno mismo ampulosa e hinchada por lo que te crees mejor que el resto, exacerbada necesidad de reconocimiento, querer tener siempre la razón considerando la opinión de los demás como errónea. Es una autoestima asociada a la prepotencia que trata de enmascarar inseguridades, de disfrazar lo que en realidad es una baja autoestima.

Si tiendes a infravalorarte, no confías ni y crees en ti, te cuesta tomar decisiones por miedo a equivocarte, piensas que no estás a la altura, no eres capaz de defender tus argumentos en una conversación porque te crees inferior a los demás y tienes miedo a ser rechazado, piensas que no vas a lograr lo que te has propuesto, tus pensamientos suelen ser negativos y pesimistas, crees que lo que has conseguido ha sido por suerte o el azar en vez de ser consecuencia de tus actos, independientemente de si lo que te sucede es favorable o desfavorable; tu autoestima es baja y estable. Habitualmente se manifiesta en trastornos como la ansiedad, la depresión y un alto nivel de estrés.

La autoestima baja e inestable se caracteriza por una alta dependencia de lo que te sucede y de lo que crees que piensan los demás. Si logras el éxito, tu autoestima sube, aunque de forma efímera. Cuando se te pasa la euforia por haberlo conseguido, de nuevo baja su nivel. Es una autoestima muy volátil y poco sólida. Y no lo olvides, una autoestima bien manejada y asumida es uno de los principales factores de tu felicidad.

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