Visualización creativa y afirmaciones (Parte 2 de 3)

En el post anterior comentábamos los beneficios de incorporar la visualización creativa como herramienta de apoyo para lograr tus objetivos. Esta segunda parte la vamos a dedicar a describir los pasos necesarios para hacerlo.    

Primer paso: ¿Qué quieres conseguir?

Como acabamos de ver, el primer paso para la visualización creativa es recurrir a tu imaginación, crear una idea, una imagen mental o una sensación de lo que quieres que se manifieste. Esta puede estar relacionada con algo físico, como encontrar un nuevo trabajo; algo emocional, como mejorar las relaciones con tu pareja o encontrar una nueva; algo mental, como potenciar tu memoria o tu capacidad de aprendizaje, o algo espiritual, como experimentar paz, calma, serenidad y amor.

El origen de cualquier cosa que creas es el pensamiento, el precedente de la manifestación en el mundo real de tus deseos e intenciones. «Voy a bajar al parque a correr» es el pensamiento previo a calzarte las zapatillas de deporte, el chándal y hacer unos kilómetros. «Voy a prepararme el desayuno» es el pensamiento que antecede a exprimir las naranjas, encender la cafetera, tostar el pan y cualquier otra cosa que tengas por costumbre desayunar. Un arquitecto tiene en su cabeza la idea del edificio que va a construir antes de trasladarla a un plano y finalmente verlo edificado. El pintor tiene una imagen mental de su cuadro antes de verlo en el lienzo.

Esa idea origina en tu mente una imagen ante la cual tu cerebro se mantendrá alerta ante circunstancias y opciones relacionadas con ella. Por este motivo, recuerda lo que leíste en un post anterior dedicado a la definición de objetivos: es fundamental poner el foco en lo que quieres, en vez de en lo que no quieres. Los pensamientos actúan como imanes que atraen lo que es compatible con ellos.

Una herramienta que puede resultarte útil es el «El tablero de visión» o «tablero de sueños». Consiste en una representación gráfica y tangible que te ayuda a motivarte para lo que quieres lograr. Suele ser un collage de fotos, textos, dibujos e iconos que al verlo desencadena emociones y sentimientos relacionados con tus deseos, tus sueños y metas. Yo utilizo un corcho rectangular enmarcado en el que con chinchetas he puesto fotos de Tokio, las pirámides de Egipto y un hotel de Finlandia ―con el techo es transparente para ver la aurora boreal―. Y, como ya supondrás, el sueño o visión es que esos sean los próximos destinos de mis viajes. Además, allí está la imagen de un coche eléctrico, que pretendo adquirirlo en un par de años; una foto mía y de los participantes en uno de mis talleres, como símbolo del taller que he puesto en marcha con el contenido del libro que escribí (De la queja a la acción. Transforma tu vida); un retrato de mi maestro Paramahansa Yogananda, como estímulo para mi crecimiento personal y espiritual, y una frase que habrás leído unas cuantas veces en este libro: «paciencia y perseverancia con confianza y alegría». Como es obvio, voy a medida que mis sueños se van realizando o renovando, renuevo las fotos. Otras personas prefieren ponerlas en una cartulina, en un cuaderno, en la nevera o en la pantalla de inicio de sus móviles u ordenadores para tenerlas presente continuamente. Lo importante es que esté en un lugar accesible para mantener esas imágenes vivas en tu mente como recordatorio. Periódicamente pregúntate qué has hecho últimamente para conseguir estas metas, cómo han progresado y qué vas a hacer esta semana para avanzar.

Segundo paso: crea una imagen precisa de lo que quieres

Una vez que has decidido cuál es tu objetivo, la situación a la que quieres llegar, crea una imagen mental de la misma lo más precisa posible, con tanto nivel de detalle como puedas. Imagina, como si ya existiera, cómo quieres que sea exactamente esa situación u objeto, visualízalo en el momento presente.

Por ejemplo, imagina que quieres un nuevo trabajo. Más tarde hablaremos de la técnica para hacerlo, pero de momento puedes empezar a preguntarte: ¿Qué tipo de trabajo deseo conseguir? ¿Qué nivel de responsabilidad y autonomía quiero asumir? ¿Qué funciones y tareas llevo a cabo? ¿Quiero tener personas a mi cargo? ¿Cómo es mi jefe ideal? ¿En qué tipo de empresa me gustaría estar: multinacional, familiar, PYME, ser autónomo? ¿Cuál es el ambiente laboral y la cultura de empresa con la que me siento más cómodo? ¿Qué sueldo quiero cobrar? ¿Quizá un fijo más variables? ¿Me proporcionan formación? ¿Qué horario quiero tener? ¿Quiero un trabajo en el que tenga que viajar? ¿Podré utilizar los idiomas que conozco? ¿Cómo voy vestido? ¿Cómo es mi lugar de trabajo: iluminado con luz natural, espacioso, con plantas, mobiliario cómodo? ¿Está cerca de casa? ¿Cómo es el edificio? ¿Cómo voy a trabajar: en transporte público o en mi coche? ¿Tengo plaza de parking? Completa esta imagen de tu trabajo ideal con cualquier otro detalle que te parezca significativo.

Tercer paso: el ejercicio de la visualización

La programación neurolingüística propone realizar una inmersión sensorial en la situación que quieres vivir, método corroborado por Elizabeth Loftus, psicóloga cognitiva de la Universidad de Washington, quien llevó a cabo una investigación en la que demostró que las posibilidades de que una historia sea considerada real por el cerebro aumentan considerablemente cuando la enriqueces con la descripción de las percepciones de los sentidos.

Vamos a utilizar como ejemplo de visualización creativa el nuevo puesto de trabajo que quieres conseguir. Supongamos que quieres trabajar como responsable de una oficina de proyectos en una consultora. Lo importante es la técnica, no el puesto en sí. Adáptala a tu objetivo en concreto, ya sea algo físico, mental, emocional o espiritual.

Ponte ropa que no te apriete y adopta una postura cómoda, sentado o tumbado, como te sientas mejor. Cierra los ojos y respira profundamente unas cuantas veces llenando tus pulmones de aire y vaciándolos por completo. Ve relajando cada parte de tu cuerpo. Comienza por los pies, continúa por las pantorrillas, muslos, glúteos; sigue ascendiendo por el abdomen, pecho, espalda; desciende desde los hombros hasta los dedos de las manos; vuelve al cuello, y finaliza con la cara y el cuero cabelludo. Ahora relaja tu mente, no te aferres a los pensamientos que surgen; déjalos pasar como si fueran nubes. Esto es algo primordial, acuérdate de que cuando estás profundamente relajado tus ondas cerebrales pasan de un estado Beta, de consciencia activa, al estado Alpha, en el que estás activamente calmado, y finalmente llegan al estado Theta, el ideal para los procesos en los que interviene la imaginación. 

Empieza echando un vistazo a tu armario. ¿Qué ropa te vas a poner? ¿Qué quieres que diga de ti tu atuendo? ¿Con qué te sientes más cómodo? ¿Qué prendas has escogido? ¿Qué colores has elegido? Mírate en el espejo. ¿Te sientes atractivo? Sales de casa para desplazarte a la oficina. ¿Cómo vas, en coche o en transporte público?… ¡En coche!, pues vale. Desde el asiento del conductor, hueles el agradable aroma a cuero nuevo de la tapicería, te das cuenta de lo elegante que es el diseño del cuadro de mandos, te fijas en los detalles del interior del vehículo. Bajas la ventanilla y oyes los sonidos habituales del vecindario, aceleras y recorres el camino a tu destino siendo consciente de lo que ves a tu alrededor. Recreas en tu mente cómo es el trayecto hasta el parking de tu oficina. A continuación, entras en el ascensor, donde te encuentras con un par de compañeros y personas de tu equipo. ¿Cómo van vestidos? ¿Cómo son físicamente? ¿Cómo se mueven? Os saludáis y entabláis una amigable conversación. ¿De qué habláis? ¿Cómo es vuestro tono de voz? Revive el momento con detalle, observa con qué velocidad sube el ascensor, a qué huele, cómo está iluminado, cómo son los botones para acceder a ceda piso, si hay un espejo, de qué color es el suelo… Vas andando por el pasillo hasta tu despacho prestando atención al color de las paredes, los cuadros y fotografías colgados, las macetas con plantas, los amplios ventanales, el olor del ambientador, la temperatura y demás detalles sensoriales. Entras a tu despacho, cierras la puerta y te sientas en un cómodo asiento. Desde esa posición, puedes ver cada uno de los elementos del mobiliario que acaban de instalar de acuerdo a tus indicaciones. Te apoyas en el respaldo del sillón y das un repaso a lo que ves a tu alrededor: una amplia mesa de moderno diseño con un portátil, fotos de tu familia, útiles de papelería y la bandeja de documentos de entrada y salida, las paredes de color blanco con cronogramas de diferentes proyectos, reproducciones de tus obras de arte favoritas, grandes ventanas que dejan pasar la luz natural, un ficus enorme que ocupa la esquina derecha, suelo de madera, lámparas led… La temperatura es muy agradable, hueles a tu colonia y al aroma a café que acabas de servirte de la máquina. ¿Qué otros detalles eres capaz de percibir con tus sentidos? Recréate en ellos ¿Cómo te sientes en ese despacho? Alguien llama a la puerta y le invitas a entrar. Son el equipo de un proyecto que acude a la reunión semanal de seguimiento. ¿Cómo te gustaría que fueran: eficientes, amables, colaboradores? ¿Cómo va la reunión? Visualízala. ¿Son el tipo de persona con los que quieres trabajar? Si alguno no te gusta, elimínalo de tu imagen mental y sustitúyelo por otro que cumpla con tus requerimientos. A continuación, vas a informar a tu superior del resultado de la reunión. Tienes enfrente a la clase de jefe con la que te encanta trabajar. ¿Cómo es? Finaliza la reunión, echas un vistazo al reloj y te das cuenta de que ya es la hora de comer. Bajas a la cafetería de la empresa donde has quedado con varios compañeros. ¿Cómo es el comedor? ¿A qué huele? ¿Es ruidoso? ¿Qué temperatura hace? ¿De qué habláis? ¿Qué coméis? ¿Está bien cocinada la comida? Revive lo que percibes con cada sentido. Tras la pausa de la comida regresas a tu despacho y recibes una llamada de tu pareja para preguntarte por cuál de las casas en la playa que habéis visto en internet te has decidido. Gracias al salario que negociaste puedes permitirte adquirir una segunda vivienda para disfrutar de vuestras vacaciones, un buen colegio para tus hijos, además de algún que otro capricho que con el sueldo de tu anterior trabajo no estaba a tu alcance. ¿Cómo te sientes ante esa sensación de seguridad económica que te proporciona tu nuevo contrato? Terminas tu jornada laboral redactando un informe. De vuelta a casa, te muestras satisfecho por tu labor, contento por haberte librado del constante estrés que padecías en tu anterior trabajo. ¿Qué emociones y sentimientos han surgido a lo largo del día? Recréate con cada detalle todo el tiempo que estimes necesario y disfruta del momento como si estuvieras recibiendo tus regalos de cumpleaños.

En cada momento del ejercicio experimenta la sensación de que lo que estás visualizando no solo es posible, sino que ya es real, como algo que ya estás viviendo en el momento presente. Desecha cualquier tipo de duda y obsérvate a ti mismo en el momento de conseguirlo ¿Qué emociones y sentimientos surgen?

Para reforzar el efecto de la visualización, acompáñala con afirmaciones positivas alineadas con lo que pretendes lograr. En el siguiente post trataremos con detalle el concepto de afirmación.

Shakti Gawain, en su libro Visualización creativa, apunta que el grado de eficacia de la visualización creativa está determinado por tres elementos:

  • El deseo. Para crear lo que estás visualizando debes sentir de corazón que se realice, con fuerza, un deseo ardiente, no un interés pasajero. ¿Sientes una respuesta emocional intensamente positiva al imaginar que has conseguido el objeto de tu visualización? Si no es así, cambia el objetivo.
  • La confianza. Debes realmente dar crédito a que vas a conseguir aquello que visualizas. Fuera dudas, vacilaciones y escepticismo.
  • Aceptación. Tienes que estar dispuesto a aceptar lo que pretendes y las consecuencias de conseguirlo.
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Cuarto paso: repite el ejercicio tantas veces como te sea posible

     Si de manera regular continúas centrándote en esa idea, imagen o sensación, al proporcionarle tu energía creadora se convierte en una realidad objetiva. Tu mente inconsciente, al ser estimulada con unos objetivos y resultados específicos y claros, a la vez que deseados y visualizados emocionalmente de forma intensa, te provee de ideas y energía para conseguirlos.

Este hecho podría ofrecer una explicación a lo que entendemos como serendipia, un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual, o cuando se está buscando una cosa distinta. A medida que avanzas en el proceso de creación, en tu vida surgen experiencias y acontecimientos inesperados que te ayudan a lograr tus objetivos. Ejemplos clásicos son el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming, el de la estructura de la molécula de benceno por Friedrich Kekulé, y las notas post-it en los laboratorios de la empresa 3M.

Los momentos más adecuados para practicar la visualización son poco antes de dormir y nada más despertarte, cuando el cuerpo está relajado y la mente más receptiva.

No te desanimes si los resultados no son inmediatos y no alcanzan tus expectativas. Tus redes neuronales, tu estructura cerebral, llevan funcionando de una determinada manera durante muchos años, con creencias y hábitos inconscientes, que puede que no te beneficien, profundamente arraigados. Por ejemplo, muchos de nosotros tenemos miedo al éxito, nos autoboicoteamos, creemos que no merecemos el éxito… Como ya habrás leído numerosas veces en post anteriores, paciencia y perseverancia.

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