El cambio (Parte 4 de 4)

Vence a la resistencia al cambio

Si no juegas, no ganas. Arriésgate

Las dificultades forman parte de la vida y jamás sabrás de antemano con seguridad qué estrategia funciona mejor. Acepta cierto nivel de riesgo en las decisiones que tomes. No te enredes buscando la solución perfecta, asume que elegir es exponerse a algo desconocido, por más que sea incómodo. Acepta que puedes sufrir alguna pérdida, incluso fracasar. Confía en ti mismo y tírate a la piscina. El ensayo y error forma parte de tu proceso de aprendizaje.

Cultiva una actitud proactiva y positiva

Atrévete a mover ficha ante una situación que requiere que hagas algún cambio en tu vida, que te exige una actitud proactiva para vencer la inercia con la que habitualmente piensas y actúas. Emplea en ello toda tu energía, rara vez se alcanza la excelencia andando a un ritmo sosegado.

Responderás mejor al cambio si lo provocas tú, siendo proactivo, con una visión de un futuro mejor y con confianza en tus recursos para alcanzarlo; es decir, actitud positiva.   

Avanzas en el cambio cuando tienes mentalidad de progreso, de superación, de crecimiento y pones tu atención en el proceso en vez de en los resultados. Esta actitud te permite asumir nuevos desafíos y responsabilidades aceptando sus riesgos.

Da un primer paso con el que te sientas seguro y obtengas resultados

Comienza con lo que en estrategia empresarial se llama «quick win». Son acciones a corto plazo que, en el marco de un proyecto a largo plazo, se implementan de forma sencilla, rápida, aplicando pocos recursos y que consiguen excelentes resultados.

Cuando alcanzas un objetivo en poco tiempo, tu actitud cambia al constatar que realmente estás mejorando algo en tu vida, lo que te impulsa a continuar. El factor tiempo es fundamental: si dejas pasar mucho tiempo entre la definición de tu objetivo y su ejecución posiblemente decaiga tu motivación. Al principio, lo más complicado de cualquier proceso de cambio es dar el primer paso, ponerte en marcha, por eso te resultará de gran ayuda acertar con la elección del «quick win».

Elige unas metas ilusionantes y asequibles

Para que desees cambiar y mantener en el tiempo esta decisión, el cambio debe ofrecerte la promesa de algo mejor, de algo que te ilusione y te emocione. La ilusión y la pasión son los motores que te impulsarán a conseguir tus objetivos. Cuando te preguntes por lo que realmente quieres, pasa la respuesta por el filtro de la ilusión y comprueba si las emociones que te suscitan te enganchan al cambio o no. Sin pasión no puedes hacer algo que merezca la pena, es la locomotora que tira del tren. La pasión te aporta la energía para revelar lo que llevas en tu interior que te impulsa a progresar y dar lo mejor de ti.

Visualiza los resultados que vas a conseguir y lo que vas a dejar atrás después del cambio. Te servirá de motivación el proyectarte hacia el futuro imaginando cómo será tu vida si lo logras. Sigue la secuencia ver-sentir-cambiar, propuesta por John Kotter y Dan Cohen, líderes en gestión del cambio y liderazgo. Estos autores sostienen que, cuando queremos emprender un cambio con éxito, erróneamente creemos que primero debemos analizar, después pensar y, como consecuencia, finalmente cambiamos. Pero observaron que el éxito proviene de seguir otra secuencia distinta: ver-sentir-cambiar.

Elige tus objetivos con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra, que sean motivadores y a la vez realistas, que puedas alcanzarlos. En este sentido, puedes encontrarte en una de estas dos situaciones: la primera es que pienses que alcanzar tu objetivo es más fácil de lo que parece y cuando te pones manos a la obra te das cuenta de la complejidad del asunto por lo que probablemente pierdas la motivación y abandones cuando surja algún obstáculo. La segunda es la opuesta, que creas que conseguir eso que quieres es extremadamente difícil. Entonces ni siquiera lo intentes, o busques algún atajo.

Pierde el miedo al fracaso

El fracaso no es algo por lo que ineludiblemente debas pasar para lograr el éxito, aunque es muy probable que en el camino tropieces alguna que otra vez mientras vas aprendiendo. Forma parte del tránsito por la curva de aprendizaje. Acepta que, en el camino hacia el triunfo, desde la planificación hasta la ejecución, los traspiés y equivocaciones forman parte de la rutina. El primer intento no suele ser el bueno, lo habitual es dar dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Recuerda tus comienzos montando en bicicleta: las raspaduras en codos y rodillas contra el asfalto fueron testigos del coste del adiestramiento.

Asegúrate de que el cambio es respetuoso con tus valores

Ten en cuenta si el cambio encaja con tu identidad, si está alineado con lo que eres. Plantéate preguntas como ¿quién quiero ser?, ¿para qué necesito este cambio?, ¿me acerca a mi propósito?, ¿en qué me va a convertir?, ¿dónde me lleva?, ¿me gustaría ser el tipo de persona que haría ese cambio? Dado que tu identidad es algo esencial a la hora de tomar una decisión, un cambio que suponga una discordancia o incompatibilidad con esta lo más probable es que fracase.

Por este motivo es fundamental que seas consciente de tus valores. Identifícalos.

¿Te ha pasado alguna vez que te resistes a implantar un cambio en tu vida porque en el fondo no te sientes identificado con él? Posiblemente es porque la propuesta no vino de tu interior, la originó la presión de tu entorno. Otras personas, con su mejor intención, trataron de hacerte ver, incluso imponerte, sus puntos de vista, sus creencias. Lo que puede funcionar para ellos no tiene por qué ser lo más adecuado para ti. Si tratas de cambiar para satisfacer sus expectativas, el cambio no será duradero.

El éxito en un proceso de cambio requiere coherencia entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces. Los pensamientos son el lenguaje del cerebro y los sentimientos el lenguaje del cuerpo. ¿Cuántas veces has intentado algo, creyendo en tu mente que lo lograrías, mientras tu corazón te decía lo contrario? No lo conseguiste porque estabas pensando una cosa y sintiendo otra totalmente distinta. No había coherencia.

Planifica

La ambigüedad y la incertidumbre que preceden a un cambio generan resistencia al mismo. Por eso, si defines una estrategia en la que concretas y escribes tus metas, las acciones que vas a emprender para conseguirlas, los recursos que vas a utilizar y un plazo de tiempo razonable; en tu mente se reduce la inseguridad, disminuye la ansiedad y por tanto afrontas con más confianza el reto.

Sustituye las creencias que te limitan por otras que te ayuden

Uno de los principales motivos por el que te resistes al cambio son las creencias limitantes, esas que te impiden lograr tus objetivos. Los famosos «no puedo», «no soy capaz», «yo soy así y no puedo cambiar».

En resumen, deja atrás tus miedos, cree en ti y abraza el cambio. Como se suele decir, nunca se escribió nada de los cobardes y, recuerda, el peor y único fracaso es no perseguir aquello que en verdad deseas.

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