Orientación vocacional y laboral (Parte 1 de 2)

Como cada año por estas fechas, llega el examen de la EVAU (o EBAU u otras denominaciones al gusto del consumidor) y, con él, multitud de padres que solicitan asesoramiento para sus hijos desorientados, indecisos e incapaces de afrontar una elección que marcará su futuro laboral y, tal vez por ello, su vida. Mi respuesta ante estas llamadas de auxilio es que sintiéndolo mucho (y no son palabras vacías, realmente empatizo con su angustia) no puedo atender su petición. Las razones, que por supuesto expongo ante ellos, es que mi metodología de trabajo me impide realizar una buena labor en el corto periodo de tiempo que va desde el momento de su llamada hasta el plazo que tiene su hijo para matricularse en algún centro.

Mi experiencia en años anteriores es que gran parte de los jóvenes, con los que hablaba en esos días posteriores al examen de acceso a la universidad, no tenían ni idea de a qué querían dedicarse profesionalmente; no es que no tuvieran un camino más o menos claro y trataran de afinar su elección, es que se encontraban completamente perdidos ante la cantidad de opciones disponibles y un exiguo nivel de autoconocimiento: ni conocían sus intereses, ni sus aptitudes, ni sus motivaciones. Incluso, desconocían sus verdaderas aficiones. Ante la pregunta «¿a qué te gustaría dedicarte?», os sorprendería la cantidad de veces que escuché «quiero ser youtuber, influencer o creador de contenidos». 

Ante este panorama, hace un par de años decidí poner el foco exclusivamente en una perspectiva que denomino «preventiva». Para mí, lo ideal es trabajar con ellos, bien durante el primer curso de bachillerato, bien en el primer semestre del último, antes de que lleguen los agobios por el examen de la EBAU. ¿Por qué digo para mí? Porque cada maestrillo tiene su librillo y la metodología del mío se desarrolla en un proceso de coaching que aproximadamente dura entre dos y tres meses. Un tiempo necesario para madurar y aprehender lo que vemos en cada sesión, sin agobios, sin prisas.

Aunque luego profundizaré en ello, ya que habéis llegado leyendo hasta aquí, os merecéis un adelanto. Los pilares del sistema de trabajo son estas ideas:

  • La elección de una profesión no consiste solo en decantarte por una u otra opción laboral, estás escogiendo una forma de vida. Tu oficio termina siendo uno de los más importantes componentes con los que se forma tu identidad. Piensa en cómo respondemos a la pregunta «¿a qué te dedicas?». La respuesta más normal es «soy médico», «soy abogado», «soy…». El verbo «ser» es la constante.
  • Toma de conciencia. O lo que es lo mismo, «conócete a ti mismo», el aforismo griego que se dice estaba grabado en el pronaos del tempo de Apolo en Delfos. La respuesta a las preguntas «¿para qué sirvo?», «¿qué me hace feliz?», «¿qué puedo aportar a la sociedad?».

Quizá me equivoque, pero creo que, en la actualidad, no resulta fácil para alguien de dieciséis o diecisiete años discernir cuál puede ser su futuro profesional. Posiblemente el trabajo que va a desempeñar ni siquiera existe hoy. Nos hallamos inmersos en una transformación sistémica de la sociedad en la que los paradigmas económicos, científicos, religiosos y sociales que la sostenían han desaparecido o están abocados a ello. En su lugar, surgen nuevas reglas, escritas o no, que determinan nuestra moral, creencias, visión de la realidad y del mundo. En este nuevo contexto nos hemos habituado a que todo sucede a gran velocidad en comparación con las estructuras fijas del pasado. Todo cambia permanentemente y con fecha de caducidad muy próxima; todo es efímero. Lo que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman denomina «modernidad líquida».

Hasta unas pocas generaciones atrás, la vida cotidiana de una persona era muy similar a la que llevaban su padre y su abuelo, cuando el trabajo era «para toda la vida». Sin embargo, las diferencias entre los baby boomers (nacidos entre 1945 y 1964) y la generación Z (nacidos entre 2005 y la actualidad) son enormes, cuando apenas ha transcurrido aproximadamente medio siglo entre ambas. Para muchos de los que se han incorporado recientemente al mercado laboral resultaría complicado explicar a sus abuelos a qué se dedican y qué producen, y no solo a sus abuelos, posiblemente a muchos padres les cuesta entender cómo se gana la vida su hijo.     

Ante esta situación, no es sencillo eliminar la ansiedad y aportar algo de seguridad a las familias que acuden a mí en busca de ayuda; y el surgimiento de la inteligencia artificial, con su rápido desarrollo e innumerables aplicaciones en todos los sectores económicos, no parece contribuir a tranquilar las cosas. Al contrario, esta disrupción, presumible preámbulo de una revolución, ha añadido una capa más de incertidumbre. Preguntas como  «¿qué demandará el mercado laboral en un futuro próximo?» son cada vez más difíciles de contestar. Vivimos en evolución constante, moldeado por vertiginosos avances tecnológicos, cambios demográficos, sociales y económicos.

Hablando del tema con amigos que trabajan en Recursos Humanos; leyendo informes de consultoras como Hays, Gartner, Forbes, Randstad, y el Foro Económico Mundial, y analizando aciertos y errores en las previsiones que se hicieron hace unos años, anoté algunas conclusiones respecto a los escenarios y tendencias más probables que nos podemos encontrar en el mercado laboral a corto plazo y que comparto con vosotros:

  • La enérgica y poderosa ola de transformación digital trae consigo un intenso impacto. Por un lado, desaparecerán muchos trabajos que serán automatizados, y no solo aquellos que consideramos repetitivos y mecánicos. Ya casi cualquier trabajo es susceptible de ser realizado por máquinas y robots. De acuerdo con estimaciones del Foro Económico Mundial, las nuevas tecnologías podrían realizar hasta el 48 % de todas las tareas en 2025. No me extenderé al respecto, busca en internet vídeos y te sorprenderá lo que ya se está haciendo.
  • Gran parte de los puestos de trabajo que se mantengan lo harán a costa de la digitalización de sus procesos y requerirán de nuevas capacidades y maneras de trabajar. En este sentido, resulta fundamental la formación continua y la permanente adaptación ante los constantes cambios.
  • Por último, también surgirán nuevos puestos de trabajo relacionados con la inteligencia artificial y sus aplicaciones en cada uno de los sectores económicos.

También es cierto que de todo lo anterior se puede decir aquello de nada nuevo bajo el sol; esto es algo que ya ocurrió tras la primera y la segunda Revolución Industrial; incluso antes y varias veces en la humanidad. 

Por otro lado:

  • Cada vez son más reconocidas en los procesos de selección las llamadas «habilidades blandas»: el liderazgo, la comunicación, la creatividad, el trabajo en equipo, la flexibilidad y la gestión del tiempo; por citar algunas de ellas.
  • El trabajo estable, tal como lo entendemos ahora, con contratos indefinidos y largas permanencias en una misma empresa, será mucho menos frecuente. Las empresas tienden a la externalización de servicios y la temporalidad, acudiendo a trabajadores autónomos con un alto grado de especialización para resolver necesidades puntuales y proyectos específicos.

Un ejemplo de esto último es elcrowdsourcing: ante una necesidad puntual, la empresa publica las características del proyecto y los perfiles necesarios para afrontarla, los candidatos envían sus requerimientos y, finalmente, la empresa selecciona a las personas consideradas como más aptas para lograr los objetivos planteados.

Hace unos cuantos años, cuando empecé a trabajar en una consultora pequeña, me sorprendió esta forma de llevar a cabo un proyecto por su novedad (al menos para mí, acostumbrado a estar en la nómina de alguna multinacional). Apenas había consultores contratados. Cuando se ganaba la licitación de un proyecto, la consultora enviaba las condiciones a su base de datos de consultores freelance, la mayoría jubilados (y expertos) que a menudo echaban de menos trabajar (y liberarse de su nuevo papel de abuelos 24/7) y se enganchaban a un proyecto atractivo, profesionalmente hablando, y con una duración de unos pocos meses, lo que les permitía regresar a los campos de golf y las tumbonas en la playa en un plazo de tiempo razonable. La fórmula funcionaba a la perfección: la empresa convertía en variables los costes fijos de sus recursos humanos y los consultores tenían la oportunidad de trabajar de una manera flexible y a la carta, además de afianzar su autoestima al sentirse útiles y reconocidos por su excelente trabajo. Un aliciente adicional consistía en la posibilidad de teletrabajar, algo que en la época que os cuento era algo impensable.

Otro ejemplo son los minijobs, muy populares últimamente en Alemania. Son empleos con un número reducido de horas de trabajos semanales, que por lo general no requieren cualificaciones y se retribuyen con una baja remuneración. Por lo general son demandados por personas que quieren trabajar de manera intensiva los fines de semana: estudiantes y quienes desean complementar sus ingresos con otros adicionales de manera esporádica.

  • Los títulos universitarios comienzan a perder importancia en detrimento de las capacidades, la experiencia y titulaciones alternativas. Lo importante es que demuestres que sabes hacer bien aquello para lo que vas a ser contratado.
  • ¿Los trabajos más demandados en un futuro próximo? Desarrollador de software, especialista en ciberseguridad, ingeniero de datos, experto en inteligencia artificial, bioquímico, personal médico y enfermería, asesor financiero, gerente de operaciones logísticas, especialista en marketing digital, profesional de la hostelería; por citar alguno de los más representativos.

Pero ¿en realidad lo expuesto justifica la indecisión y la ansiedad de la que he hablado al principio? ¿No debió de producir más ansiedad o incertidumbre luchar por progresar, o simplemente vivir, a quienes salían de la miseria o la guerra y no contaban más que con su capacidad de esfuerzo y sacrificio? ¿Qué característica ha mantenido en pie a aquellos que atravesaron los cambios producidos entre la década de los ochenta del pasado siglo y la actualidad mientras ellos pasaban de la veintena a la sesentena? ¿Qué les permitió afrontar en plena vida laboral el paso de la carta manuscrita a los teléfonos móviles, las pantallas y lo omnipresentes ordenadores?, ¿cómo se adaptaron a transitar entre la llamada de teléfono analógica y las redes sociales; al paso del canal único de televisión a los cientos de sistemas digitales: el streaming, la televisión por cable, Youtube, etc.?

La respuesta a esto o, al menos, la explicación de cómo afronto mi labor de apoyo ante la incertidumbre del devenir en la vida será la segunda parte del post, esa en la que te cuento cómo abordo el coaching aplicado a la orientación vocacional o profesional. Y qué lo caracteriza cuando lo hago colaborando con centros educativos, y qué lo hace en los procesos individualizados.

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